En Gipuzkoa se habló la lengua gascona al menos hasta 1928

Topónimos como Urgull, Ulia, Ayete o Morlans, y apellidos como Trecet señalan la presencia de la lengua occitana

M. G.

Durante las dos primeras décadas del siglo XX un grupo de personas del entorno de la capital guipuzcoana se reunían en un café de Donostia para compartir la lengua de sus mayores y de su infancia. Aunque sabían hablar en castellano y en euskera, no se resignaban a perder el legado lingüístico de su familia, la lengua gascona. Hay constancia de que esa tertulia se mantuvo al menos hasta 1928. A medida en que fueron falleciendo los contertulios la presencia del gascón en Gipuzkoa fue languideciendo hasta desaparecer. Hoy no hay constancia de que perdure.

Pero el legado lingüístico de esta variante dialectal del occitano es notable especialmente en la franja entre Hondarribia y Donostia. Así lo estima José Ramón Zubiaur, experto en lingüística románica y vasca, y profesor hoy ya jubilado de la Universidad de Deusto. «Los gascones son los vecinos directos de los euskaldunes del norte, que vivían en el territorio situado entre Baiona y el río Garoña. En Baiona de hecho la lengua gascona tuvo un peso importante como lo demuestra que los fueros de esta ciudad están escritos en gascón», asegura Zubiaur. La presencia de esta lengua en Gipuzkoa se inicia en el siglo XII con la llegada de un contingente de personas, en su mayoría mercaderes, procedentes de las zonas próximas a Baiona y Biarritz. Se desenvolvían entre Hondarribia y San Sebastián, aunque también se movieron por algunas zonas del interior de Gipuzkoa. De su presencia se conserva aún un buen número de palabras que se derivan del dialecto occitano. Por ejemplo, según recuerda el profesor Zubiaur, del gascón proceden los topónimos Urgull, Ulia, Morlans, Puyo y Ayete. También Getaria, que significa atalaya de vigilancia, Villabona y Villagrana, que es un barrio de Zumaia. Y también apellidos como Trecet, frecuente en la zona de Pasaia.

 

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