Juan José Millás: «No somos conscientes de la rareza que implica tener en casa un cuarto de baño»

Juan José Millás presenta 'La vida a ratos', «un diario disfrazado de novela y una novela disfrazada de diario»./EMILIO NARANJO / EFE
Juan José Millás presenta 'La vida a ratos', «un diario disfrazado de novela y una novela disfrazada de diario». / EMILIO NARANJO / EFE

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Una mujer va por la calle con un conejo blanco de dimensiones respetables. Llegada a un punto, aguarda. Llega un señor en silla de ruedas y sin mediar palabra, la mujer le entrega el conejo y se marcha. Juan José Millás presenció esta escena en San Sebastián y la ha incluido en su último libro, 'La vida a ratos' (Ed. Alfaguara), en la que recoge lo que «me ocurrió y se me ocurrió» durante 194 semanas. Mañana estará en Donostia para hablar de la irrupción de lo irreal en la realidad y de la incapacidad de reconocer lo mágico en lo cotidiano.

- El esquema clásico de planteamiento, nudo, desenlace, ¿ya no sirve para contarnos a nosotros mismos y nuestra época?

- Se puede seguir utilizando, pero hay otras fórmulas en las que todo eso va por debajo. El esquema tradicional de la novela clásica sigue muy vigente, pero a modo de cliché y esto no siempre agrada al lector. A mí me pasa con la novela policíaca: cuando veo un cliché me voy porque es una repetición que me agobia. Una novela debe tener peripecia y reflexión para que te marque, pero la segunda puede ir escondida. Pienso que debe ocupar el mismo lugar que el motor en un coche: cuando vas en uno bueno no escuchas el ruido del motor, aunque esté en marcha. O cuando comes en un restaurante bueno no te llegan los olores de la cocina.

- Esto, en literatura, porque en las series sí que somos muy conservadores y nos gusta el esquema tradicional.

- Lleva toda la razón, pero es que las series han tomado eso de la novela. La relación entre cine y literatura son muy antiguas, pero cuando el primero deja de ser una cosa de feria -cuando la gente alucinaba viendo salir a unos obreros de la fábrica- necesita contar una historia y toma las estructuras narrativas de la novela. Luego, las transforma hasta influir en la novela, por eso se califica algunas de «muy cinematográficas» y de películas «muy literarias». Ha habido un intercambio pero el origen es la novela, en concreto, la del siglo XIX. Las series de televisión acentúan muchísimo este esquema y las muy buenas, las llevan a tal extremo que las convierten en otra cosa.

Aula DV

Título
A vueltas con la realidad.
Fecha y hora
Mañana, martes, a las 19.30.
Lugar
Aquarium de Donostia (entrada libre, hasta completar aforo).

- ¿Por ejemplo?

- Ocurre como con la pintura hiperrealista, como los cuadros de Antonio López. ¿Por qué necesitamos llamar hiperrealistas a los cuadros de algunos pintores? ¿Por qué no nos basta con realista? Porque estos pintores han llevado las técnicas del realismo a un extremo tal que lo han abandonado . No hay nada menos realista que un cuadro de Antonio López. Las series buenas, buenas, llevan a tal extremo las técnicas novelísticas que las convierten en otra cosa. No nos atreveríamos a decir que en 'Mad Men', por ejemplo, el esquema de planteamiento, nudo y desenlace tiene una presencia muy explícita. Está, pero por debajo. En series más convencionales dirigidas a un público masivo menos experimentado sí aparece ese esquema.

- Esta fragmentación en los relatos, ¿es la mejor forma de abordar ese malestar indefinible que define la época?

- La fórmula tradicional del diario es anotar la fecha y poner lo que te ha pasado. Yo he optado por agrupar los textos por semanas numeradas hasta cubrir tres años de mi vida y me funcionaba muy bien. Lo interesante es que cada semana constituye una unidad narrativa, es casi un cuento, y luego, todas ellas sumadas, daban lugar a unidad de signo de mayor que constituye esta novela disfrazada de diario. La unidad se la dan los personajes con los que me relaciono y los lugares por los que me muevo: el taller de escritura, la psicoanalista... No es una unidad clásica, pero todos los materiales están sometidos a varios hilos conductores que recorren todo el libro.

- Oiga, ¿por qué va a la psicoanalista, si ya tiene el taller de escritura?

- (Risas) Lo que pasa es que en el taller de escritura los que se psicoanalizan son los alumnos.

- El libro recoge muchas situaciones sacadas de la calle o de la cafetería, pero usted es alguien conocido que igual con su mera presencia ya 'contamina' el escenario...

- No, no soy tan conocido afortunadamente, no tengo esta fama incómoda de un personaje de televisión. Por otra parte, muchas de esas escenas están recreadas, aunque esta novela disfrazada de diario y este diario disfrazado de novela se caracteriza porque hablo de lo que me ocurre, pero también de lo que se me ocurre, y rompo las fronteras entre lo uno y lo otro.

«No hay nada menos realista que un cuadro hiperrealista, como los de Antonio López»

«Nos han amputado la capacidad de ver lo que de misterioso hay en la vida cotidiana»

«Me molesta mucho el escritor quejica del trabajo de promoción; es una indecencia»

- Le inspiró 'La tentación del fracaso', de Julio Ramón Ribeyro...

- Sí, mantengo que es uno de los libros más importantes escritos en castellano en el siglo XX. Es un libro sobre la vida cotidiana, pero vista a través de un misterio. La vida cotidiana está repleta de misterios, pero no los vemos. Es como si nos hubiéramos amputado el órgano con el que percibiríamos el misterio para que solamente viéramos una cosa opaca, que carece de significado y de sentido, a la que llamamos 'vida cotidiana'.

- Más que ciegos, quizás estamos perplejos antes la realidad.

- Ojalá, porque la perplejidad es un modo de extrañeza y ésta sí nos ayuda a ver el misterio. Si te extrañas de la realidad cotidiana inmediatamente la percibes como misteriosa. No, no: nos produce indiferencia. Pasamos por las habitaciones de nuestra casa y entramos en el cuarto de baño, que es la cosa más marciana, luego salimos a la calle, en donde suceden cosas increíbles cada segundo, pero... nos han amputado la capacidad de ver lo que de misterioso hay en la vida cotidiana. Frente a eso, yo intento provocar al lector y que se desfamiliarice de lo que le resulta familiar. Es que un cuarto de baño es alucinante y no somos conscientes de la rareza tan grande que implica tener en tu casa una habitación en la que se hacen las cosas que se hacen y a la que llamamos 'cuarto de baño'.

- Bueno, abrimos un grifo y sale agua caliente, cosa con la que hace dos siglos ni un rey podía soñar.

- Ya sólo que salga agua fría es un prodigio. Y tiras de la cadena y se lleva los restos. Es increíble que no seamos conscientes del gran misterio del que estamos rodeados minuto a minuto.

- ¿Qué criterios ha seguido mientras escribía el libro para decidir qué tema era una entrada del diario y cuál se convertiría en una columna de prensa o en un relato?

- Bueno, porque esto era un diario de lo que me ocurría y de lo que se me ocurría. Y he intentado hacer algo que no practico en otros géneros y es que el lector tuviera la sensación de estar viendo a ese personaje que cuenta su vida y que se llama Juan José Millás a través del ojo de una cerradura. Estoy excitando las capacidades de voyerismo que tiene todo el mundo. Al mismo tiempo, al mirar a ese personaje quizás no sea consciente de que está mirándose a sí mismo porque finalmente todos los seres humanos somos muy parecidos. Cuando leemos una novela o vemos una serie de televisión estamos viéndonos a nosotros mismos, aunque no seamos conscientes.

- Se titula 'La vida a ratos', aunque la muerte irrumpe en bastantes ocasiones.

- Porque, sobre todo a mi edad, de vez en cuando toca ir al tanatorio.

- También está presente esa hipocondria habitual en sus escritos...

- De joven no eres consciente de que tienes cuerpo. Es lo del coche: te subes en uno bueno y no eres consciente de que tiene motor. Lo cual es muy peligroso para los viandantes, me comentaba hace poco un taxista. Cruzamos una calle fiándonos del oído, pero un motor eléctrico no produce ruido. Al parecer, están pensando en añadir un ruido artificial para avisar a los viandantes de que viene un coche.

- ¿Qué tal lleva todo esto de la promoción a base de giras, entrevistas y presentaciones?

- Yo lo llevo muy bien porque cuando escribes estás aislado, cuando terminas un libro tienes la oportunidad de viajar. La editorial te lo hace cómodo y tienes la suerte de ir a San Sebastián para estar con gente ilustrada. Y encima, hablando de ti mismo, que es de lo que más le gusta hablar a la gente. Quejarse de eso es una indecencia, una inmoralidad. ¿Que a veces te cansas? Sí, pero me molesta mucho la imagen del escritor quejica, que te lo encuentras y está fastidiado porque al día siguiente se tiene que ir a Nueva York. Dan ganas de contestarle: «¿Pero tú sabes lo que es ir a la oficina?».

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