José Yoldi: «La noche del crimen la casa de los marqueses de Urquijo fue una romería»

José Yoldi: «La noche del crimen la casa de los marqueses de Urquijo fue una romería»

El autor donostiarra sitúa en su tercera novela a la periodista Paz Guerra en un caso que guarda similitudes con el célebre caso de los años ochenta

ALBERTO MOYANO

Tras varios lustros en la información de tribunales, el ya jubilado periodista donostiarra José Yoldi publica 'Más allá del punto de no retorno', tercera entrega de la serie protagonizada por la reportera Paz Guerra. En esta ocasión, la periodista de 'La Crónica' se ve envuelta en la investigación del asesinato de los duques de Landaluce, un caso que guarda paralelismos con el famoso crimen de los marqueses de Urquijo en 1980.

- Cuando publicó 'El enigma Kungsholm', comentó que escribiría tres novelas con la periodista Paz Guerra de protagonista y ésta es la tercera. ¿Lo dejará aquí?

- No lo sé, pero probablemente escriba otras dos, con ella ya un poco más mayor y en la época de los teléfonos móviles. Ahora mismo estoy escribiendo relatos cortos, con el mundo de la pareja como tema.

- ¿Me equivoco se le digo que el caso Urquijo tiene un punto de obsesión para usted?

- Es que fue un caso paradigmático en la sociedad española. La marquesa era 'borderline', es decir, deficiente y estaba todo el día rezando con las dos abuelas y el cura Galera, el capellán que se pasaba todo el tiempo con ella. Financiaba al Opus Dei. Y el marido había sido un cazafortunas. Era bastante tacaño. Presidía el Banco Urquijo cuando se dilucidaba su fusión con el Banco Unión. El marqués se oponía, pero en cuanto desapareció, se llevó a cabo la fusión.

- Usted cubrió como periodista aquel suceso.

- Estaba en Europa Press. Era sábado y estábamos dos de guardia, pero me tocó a mí por aquello de que yo tenía coche.

- ¿Se mezclan en esta historia las miserias familiares y los grandes entramados financieros?

- Eran grandes de España, la aristocracia. Los hijos eran familias pijas de rancio abolengo en Madrid. Vivían en Somosaguas, un sitio excelente, y claro, en aquel momento, el asesinato de los marqueses fue un bombazo.

- Y en medio de toda esa familia disfuncional, aparece Escolar, o sea, Rafi Escobedo. ¿Quién era en realidad este hombre?

- Era un muchacho que necesitaba de la aprobación de todo el mundo. Lo que se llamaba «el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro». Quería ser querido por todos. Estuvo bien en la cárcel hasta que Jesús Quintero le hizo una entrevista y a partir de ahí dejó de tener interés para todo el mundo. Intentó llamar la atención con un intento de suicidio y se le fue la mano.

- ¿Le ha permitido la narración ofrecer una visión panorámica de la España de 1992, año en el que sitúa la trama?

- Lo suelo intentar, pero sin que me distraiga demasiado de la trama. Pero sí, procuro soltar pinceladas de aquella España de los Juegos Olímpicos y de la Expo de Sevilla, sin olvidar que lo que yo estoy contando es otra cosa.

- En cualquier caso, es una novela muy coral. Uno la lee con aquél «en compañía de otros» en la mente.

- Yo, que suelo triunfar en las cenas de amigos contando cómo fue aquello de verdad, siempre digo que no fue un asesinato, fue una romería. Hubo tanta gente en la casa de los marqueses aquella noche, cuando a los vigilantes jurados les habían ordenado que no controlaran la parte de atrás de la casa. Y de repente llegaron siete personas en tres coches.

- ¿Por qué no se aclaró el crimen?

- Porque a nadie del poder le interesaba que se aclarara. En aquella época, gobernaba UCD y no estaba interesada. El Opus, tampoco. De hecho, en la novela cuento que llega al lugar del crimen un fiscal de sala del Tribunal Supremo, amigo de la familia, y dice: «El caso es mío». Un fiscal de sala del Supremo es dios, un 'general' de la carrera fiscal. También nombraron un juez especial, cosa que hoy no se podría hacer.

- Conoce bien los entresijos legales, pero ¿no teme que esta novela le devuelva a los juzgados y no precisamente como periodista?

- A ver, yo tengo ya espolones. Soy muy viejo, llevo muchos años en este asunto y he hecho todo lo posible para que no me salpique. En la novela no hay ningún nombre que los implicados puedan reconocer. La historia está efectivamente inspirada en el caso de los marqueses de Urquijo y hay muchas cosas que se cuentan tal y como ocurrieron en aquel momento, pero aquí la que figura que aparece en el centro de la trama lo hace con el nombre de mi vecina de arriba: Lourdes Tourné-White. Lo único que me exigió para permitirme que le tomara prestado el nombre fue que en la novela estuviera buena-buenísima y fuera mala-malísima.

- Como lector de la novela negra española, ¿en qué momento cree que se encuentra?

- Me da pena decir esto, pero en general me gustan más las primeras novelas de las sagas que las de después.

- ¿Por ejemplo?

- La pareja de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, de Lorenzo Silva. He sido un seguidor fiel, pero las primeras entregas tenían una forma mucho más fresca de resolver los casos. En cambio, 'Donde los escorpiones' y 'Tantos lobos' las he leído con interés y, sin querer decir que son más flojas, lo son. También sigo a otros.

- Un estilo diferente al suyo.

- Mire, las de Dolores Redondo, por ejemplo, me parecen tramposas. Me explico: yo sigo una serie de normas del siglo XIX donde decía que no había que hacer trampas a los lectores. Eso de inventarte un personaje que sea el culpable de todo cuando faltan cincuenta páginas para acabar una novela de trescientas no es lo que hay que hacer. Tienes que ser honrado con el lector y darle las pistas necesarias. Me pasa también con Jo Nesbo: tenía historias fascinantes al principio, pero las últimas... bufff. Ha desperdiciado algunas formas de matar que a mí me parecían fascinantes.

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