José María Pou: «En cada función de 'Moby Dick' me pongo al borde del precipicio»

Pou interpreta al capitán Ahab, el gran personaje de 'Moby Dick', la novela de Melville./DAVID RUANO
Pou interpreta al capitán Ahab, el gran personaje de 'Moby Dick', la novela de Melville. / DAVID RUANO

Hoy y mañana interpreta en el Victoria Eugenia al capitán Ahab, el obsesivo y vengativo marino que persigue a la gran ballena blanca

ROBERTO HERREROSAN SEBASTIÁN.

Acompañado en escena por Jacob Torres y Óscar Kapoya, con versión de Juan Cavestany y dirigido por Andrés Lima, José María Pou encarna a otro de esos enormes personajes con los que pocos actores podrían. Tras ser el Rey Lear, Orson Welles o Sócrates, entre otros papeles, el actor catalán se sumerge en la personalidad atormentada del capitán Ahab, el marino creado por Melville a mediados del XIX, el personaje al que la ballena arrebató una pierna, el vengativo capitán que emprende una frenética persecución de su demonio blanco.

- ¿Es el personaje más desmesurado de toda su carrera?

- Sí, más incluso que el Rey Lear, que fue el punto más álgido en cuanto a complejidad, agotamiento físico, intensidad, todo. Está claro que Lear es un personaje más rico y de más matices, pero tenía algunos momentos en que podía descansar y recuperarme. Con Ahab es imposible. Desde el principio al final estoy en escena, no me callo casi nunca. Él es desmesurado, está en tensión continua, cargado de rabia, de sed de venganza, de obsesión.

- ¿A qué le ha empujado este personaje tan rotundo?

- Cuando interpreté al Rey Lear, ¡es curioso cómo hay que comparar ambos personajes que tienen tanto en común!, dije que había descubierto mi libertad como actor. De eso hace trece años. Me dio mucha confianza, aprendí a no preocuparme en escena de lo que vendría después, a dejarme llevar por el personaje y la acción. A sentirme absolutamente libre y capaz de modificar lo ensayado si es necesario. A dejar que el personaje me mandara.

- ¿Con Ahab es lo mismo?

- Empezar cada función de 'Moby Dick' es como estar al borde de un precipicio y, bueno, ¡hay que tirarse! Y ya veré a dónde llego. Con la confianza de que lo vas a hacer, pero nunca sabes cómo será la caída. Soy absolutamente libre en escena. Ahab me ha llevado a dejar que sea él quien mande. Tiene algo de psicopatía, quizás, pero siento que estoy luchando con un personaje que se me impone cada noche. No sé si los que no son actores pueden entenderlo.

- Se ha escrito tanto sobre la obsesión de Ahab. ¿Pudo acercarse a él con cierta inocencia?

- Lo he intentado. Yo soy casi tan obseso como Ahab. Busco con mucha antelación todo tipo de información del personaje y eso va dejando poso. Voy creando una especie de atmósfera alrededor de él que puede durar un año antes de empezar a ensayar. Pero cuando llega ese momento de memorizar el texto, que me gusta mucho, cuando cada día caen tres o cuatro páginas, lo que vas aprendiendo lo olvidas, se queda en el estómago, impregnado en la piel. Vas desentrañando el texto y descubres matices, colores. Es empezar de cero, da igual que hayas metido antes miles de horas.

«Tiene algo de psicopatía, pero siento que lucho con un personaje que se me impone cada noche»

«¡Me aterroriza el mar más que cualquier otra cosa! Nunca he hecho un viaje en barco»

- ¿El mayor peligro con este papel es la sobreactuación?

- Por supuesto. Soy muy consciente cada día y aprovecho los momentos más íntimos para compensar el exceso. El ruido del mar ruge en el escenario. Hay música a todo volumen. En muchas ocasiones hay que imponerse a las voces grabadas de 40 hombres. El público siente que está en alta mar. Pero quiero comentar algo más de sobreactuar.

- Diga.

- No existe si lo que te sale, te sale de verdad de las tripas y el estómago. Sucede cuando finges un estado de ánimo o una emoción, pero no si es auténtico, por desmesurado que pueda resultar.

- ¿Nos perdemos mucho si creemos que Ahab es solo un loco?

- No es un loco inconsciente, no está enfermo. Es producto de algo que ha ido alimentando. Proyecta todos los males de la humanidad en la ballena, ese animal que le ha humillado y que le ha dejado tullido. De alguna manera la convierte en un leviatán. Lo cual quiere decir que por efecto espejo él se proclama el salvador de la Humanidad. Muestra un carácter mesiánico que por desgracia conocemos a lo largo de la Historia. Cuántos líderes, incluso ahora mismo, con su carácter de salvadores del pueblo nos están arrastrando a guerras, etc, etc.

- ¿Cómo es trabajar con una pierna ortopédica?

- Estrené con una pierna postiza maravillosa, casi de marfil toda ella, hecha por esos chicos que ganaron un Oscar con 'El laberinto del Fauno'. Era una obra de arte, pero tuve que dejarla a los dos meses porque me producía tales dolores de rodilla y cadera que hubo que escoger otra prótesis más liviana.

- Dice Ahab del mar: «El mismo para Noé que para mí». Melville nos habla de ese espacio que reta al tiempo.

- En otro momento Ahab escribe: «Me abruma de terror la idea de que habiendo existido antes de todos los tiempos, la ballena pudiera existir también después que pasen todas las eras humanas». Nos habla del mar como cuna de la Humanidad.

- Es ciudadano de Barcelona. ¿Cómo es su relación con el mar?

- ¡Me aterroriza el mar más que cualquier otra cosa! Nunca he hecho un viaje en barco, más allá de coger un ferry en un trayecto de media hora. La inmensidad del mar, salir de un puerto e ir a una cosa que solo es una línea en el fondo... Me asusta. Soy capaz de nadar en la playa, pero de los que no se meten demasiado. Aunque si el mar está tranquilo puedo pasarme horas frente a él, mirando.

- ¿Si 'Moby Dick' se hubiera escrito ahora, Melville sería acusado de provocador por los movimientos animalistas?

- ¡Bueno! Pintarían la fachada del teatro y habría manifestaciones, pancartas y boicot. Sería condenadísimo. Estamos viviendo en una época en que todos tenemos la piel muy fina, más allá de que estén justificados muchos de esos movimientos, en concreto de los animalistas. Pero sí, llevarían a juicio a Melville y si no lo hacen es porque es un clásico tan grande de la literatura que saben que es imposible ir contra él. Al fin y al cabo es ficción, aunque tampoco tanto.

- Sí, porque Melville se enroló en un barco ballenero.

- Sí, sí. Cruzó el Atlántico varias veces. Juan Cavestany se ha permitido en esta versión pequeñas licencias metaliterarias que me divierten mucho. Hay algunas frases que no son de la novela, sino del propio Melville. Como en el momento que empieza la tormenta, Ahab bendice y maldice su arpón y añade mirando al público: «He escrito un libro perverso y me siento como el cordero sin mancha». En realidad fue una nota que puso en el paquete en que envió la novela a su amigo y admirado Nathaniel Hawthorne, el autor de 'La letra escarlata'.

- Hace seis años me dijo que el mejor actor es el más viejo. ¿La experiencia a sus 74 años sigue ganando la batalla al tiempo?

- (Risas) Ahora me parece una pedantería sobre todo porque soy más viejo. Pero es verdad. El actor trabaja con la experiencia del oficio y, segundo y lo fundamental, con su experiencia vital. Tengo 74 años aunque voy por el mundo como si tuviera 20. Y podría ser, que no lo soy, un abuelete con nietos ya mayores. Cuando se llega a la vejez uno ve la vida de otra manera y eso también le añade calidades y matices a tu calidad de actor.

- Lleva cincuenta años en escena.

- ¡Sin parar, con la máxima intensidad! No digo que sea ya suficiente, pero el final está más cercano. Lo que me quede quiero disfrutarlo yo, ya he entregado 50 años al oficio. A lo mejor con hacer una función o dos a la semana ya tengo bastante. No necesito hacer siete. Estoy en esa tesitura ahora.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos