Salvador Sobral: «Lo bonito del arte es que nunca estás satisfecho y sigues buscando»

Salvador Sobral, ayern en San Sebastián. /USOZ
Salvador Sobral, ayern en San Sebastián. / USOZ

Se trata de un joven valor del jazz, aunque su imagen haya quedado algo difuminada por su participación en Eurovisión

JUAN G- ANDRÉS

Dueño de una voz sobrenatural, Salvador Sobral (Lisboa, 1989) canta este sábado en la plaza de la Trinidad al frente de una banda completada por Júlio Resende (piano), André Rosinha (contrabajo) y Bruno Pedroso (batería). Medio año después de su exitoso trasplante de corazón, responde a las preguntas en un español perfecto.

Se trata de un joven valor del jazz, aunque su imagen haya quedado algo difuminada por su participación en Eurovisión. Salvador Sobral ha adquirido una fama extra con su participación en esa estridente cita anual, pero se empeña en demostrar que tenía una carrera antes de 'Amar pelos dois'. Y que lo suyo es hacer música en su sentido más amplio y profundo y no canciones competitivas. Volvió a las noticias hace unos meses, cuando tras una dolencia cardíaca pasó por un trasplante de corazón. Su sensiblidad y emoción al cantar está clara, y esta noche en la Trinidad mostrará su personalidad al completo, en forma de cuarteto comandado por su fiel pianista Júlio Rosende.

- Hubo gente sorprendida al verle como uno de los cabezas de cartel de este año, pero el director del festival se apresuró a subrayar que eres uno de los mejores cantantes de jazz europeos…

- Vaya, algo me habían dicho, sí, pero debo reconocer que el primer sorprendido por la llamada del festival fui yo. Pensé que se habían confundido… (Risas) Pero bueno, si el director dijo eso de mí, sólo puedo aceptarlo con humildad.

- ¿Eurovisión le ha perjudicado o le ha beneficiado?

-Yo creo que me benefició mucho más de lo que me perjudicó. Me perjudicó en las cuestiones relativas a la fama repentina, a los problemas derivados de las entrevistas, a que la gente inventa cosas que no dije, a la falta de privacidad en la calle… Pero lo que me trajo de positivo pesa mucho más en la balanza: puedo hacer la música que me encanta, viajamos por todo el mundo, comemos lo que nos gusta y encima nos pagan. Eso es una locura.

- Cuando usted ganó, algunos parecieron reconciliarse con el concurso, que por una vez elegía una propuesta elegante, sobria y bella en lugar de decantarse por un 'freak' o una canción grotesca como la que ha ganado este año, que usted calificó de «horrible»...

- Este año todo sigue igual, nada cambió. En mi edición la diferencia fue que había algo con calidad que resultaba diferente a todo lo demás. La ganadora de este año es diferente porque hace ruidos raros y ella es rara, igual que cuando ganó la mujer con barba…

- Hablemos de jazz… ¿De dónde le viene la afición?

- El jazz lo descubrí a los 21 años en Mallorca, a donde fui como Erasmus para estudiar Psicología. Allí empecé a cantar en los bares con un guitarrista amigo que me introdujo en el mundo de Chet Baker y los standars del jazz. Montamos un repertorio y empezamos a actuar en restaurantes, bares y hoteles…

- Menuda escuela...

- Sí, adquieres horas de vuelo. Es muy importante porque como la mayor parte de las veces nadie me estaba escuchando, eso estuvo buenísimo para aprender repertorio, arriesgarse, improvisar y descubrir mi voz. Esas experiencias son positivas también para saber cómo se hacen las cosas más básicas, desde enrollar el cable del micro a cargar los amplificadores. Aquellos años me enseñaron muchas cosas esenciales para la vida de un músico.

- Luego marchó a estudiar en el Taller de Músics de Barcelona, lo que le permitió conocer bien el país durante cuatro años…

- Estudié más armonía, teoría e improvisación que canto propiamente dicho. La verdad es que no soy muy partidario de las clases de canto porque pensaba que acabaría imitando a la profesora y uno tiene que encontrar su propia voz. Aprendí muchos standards de jazz con una profesora buenísima, pero la técnica no la trabajamos demasiado.

- A su regreso a Lisboa estudió un año de piano en la escuela de jazz y comenzó su carrera…

- Sí, empecé a cantar en las jam sessions, al pianista Júlio Resende le gustaba y firmé con la agencia donde estaba él. Todo fue creciendo, él empezó a llamar a los músicos, trabajamos las canciones y, de repente, hice un disco: 'Excuse Me' (2016).

- Su música se basa en el jazz y la bossa nova con influencias del fado y la música latinoamericana, lo cual se aprecia más cuando canta en español temas como 'Ay amor' o el nuevo single, 'Cerca del mar'… El color latinoamericano se impone a la saudade del fado.

- Totalmente, lo de la bossa nova y el fado no lo veo claro porque mis dos grandes influencias son el jazz y la música de América Latina. Leonardo Aldrey, que participa como compositor en mis discos, es venezolano, y entre mis artistas favoritos están Bola de Nieve, Benny Moré, Jorge Drexler, Natalia Lafourcade…

- Entre sus influencias cita a Chet Baker, Caetano Veloso y Luísa Sobral, su hermana, autora de 'Amar pelos dois', la canción con la que ganó Eurovisión...

- También me gustan cantantes como Billie Holiday o Sílvia Pérez Cruz e instrumentistas como Ahmad Jamal, Jimmy Smith…

- ¿Qué referencias tiene al margen del jazz?

- Patrick Watson, Bon Iver, Tom Misch… Todo lo que es bueno me gusta escucharlo…

- En Barcelona montó un grupo, Noko Woi, junto a Aldrey, culpable de ese acento tan curioso que usted tiene, a caballo entre el portugués y el español venezolano…

- Exacto. Es una especie de indie rock con armonías jazz y algo de electrónica. Acabamos de grabar un disco: fui a Barcelona a tocar y aprovechamos para entrar en el estudio, pero no sé cuándo saldrá porque no tenemos discográfica ni nada. Estamos en la independencia total.

- Dice usted: «La música no son fuegos artificiales, sino sentimiento». Pero de vez en cuando se agradecen los fuegos artificiales, ¿no?

- Claro, pero entonces ya no hablamos de música, sino de entretenimiento, que también es lícito.

- En una entrevista decía que el de Donostia es el concierto que más le apetece de los 15 que va a dar este año en España…

- Y es absolutamente cierto. Es un festival de renombre y en él actúan ídolos como Brad Mehldau, Benny Green o Caetano Veloso.

- Por unos días no coincide con Caetano, que le considera a usted «una de las referenciaas de la música mundial»…

- Eso son palabras mayores…

- ¿Qué tal está tras el transplante? ¿Diría que su voz cambió?

- Estoy muy bien, gracias. Mi voz cambió, pero no por la operación, sino porque uno siempre va cambiando en busca de cosas nuevas. Es lo bonito del arte, que uno jamás está satisfecho y va buscando.

 

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