La playa de los salseros

Miles de personas vibraron con las canciones del panameño Rubén Blades, que protagonizó una sabrosona apertura en la Zurriola. El show del padre de 'Pedro Navaja' aunó diversión, poesía y reivindicación, con una de las primeras filas más animadas que se recuerdan en el Escenario Verde

Miles de aficionados siguieron ayer el concierto de Blades en medio de un ambiente festivo. / USOZ
JUAN G. ANDRÉS

«¡Muy buenas, San Sebastián!», saludó Rubén Blades pasadas las 21.00 horas. En su tercera visita a Donostia, el panameño saltó a la arena de la Zurriola acompañado de la big band de Roberto Delgado, con la que lideró un Jazz Band Ball del Jazzaldia tan sabrosón como atípico: tradicionalmente, el cabeza de cartel de la inauguración gratuita ha sido anglosajón -Patti Smith, B.B. King, Jamie Cullum, Ray Davies, Gloria Gaynor, The Pretenders…- pero esta vez el protagonista hablaba el idioma de Cervantes.

Blades, leyenda de la salsa e icono de la música latinoamericana, interpretó muchos de los clásicos que han brotado de su pluma durante casi medio siglo de poesía, compromiso y diversión. Lo hizo ante miles de personas -quizá algunos cientos menos de lo habitual- que vibraron y bailaron sin descanso desde 'Las calles'. Con su sempiterno uniforme de trabajo -traje y sombrero negros, maracas de bandera panameña-,enlazó 'Arayué', nueva adaptación del tema escrito para quien fue su mentor Ray Barretto, y 'Watch What Happens', estándar inmortalizado por Tony Bennet en la que mostró su faceta de crooner.

No se recuerdan en el Escenario Verde unas primeras filas tan animadas, multicuturales ni cantarinas. Pertrechada con cencerros, banderas de Panamá e infinidad de pancartas -«Venezuela te ama», «Rubén, mi amor, aquí está tu Ligia Elena»-, la hinchada latina coreó cada verso de Blades, que continuó con 'Decisiones' y 'Ojos de perro azul', aquel tema del disco basado en cuentos de García Márquez que «sólo nos gustó a Gabo y a mí».

Delgado dirigía el sarao desde su triple atril cuando la docena larga de músicos siguió con una canción sobre los efectos del divorcio, 'Cuentas del alma', en la que el sintetizador se impuso a los vientos. Con 70 veranos recién cumplidos hace una semana, Blades volvía a Donostia 14 años más viejo pero también más sabio y con la voz intacta. Por eso fue una pena verle 'malgastar' balas con el instrumental 'Do I Hear For', que, no obstante, sirvió para demostrar la calidad de la banda en su vertiente jazzística.

Acompañó 'Todos vuelven' con proyecciones de imágenes de amigos fallecidos -Lou Reed, Tito Puente, Prince, Celia Cruz…- y enamoró con 'Ligia Elena', acerada tonada contra el clasismo y el racismo. Volvió al jazz con 'The Way You Look Tonight', inmortalizada por su «héroe» Frank Sinatra, la persona que le enseñó a respirar, y en 'El cantante', obra maestra que regaló a Héctor Lavoe, resumió la vida del trovador en una estrofa: «Y canto a la vida de risas y penas, de momentos malos y de cosas buenas».

Tras resucitar a 'Juan Pachanga' y hacerse un selfi masivo con el respetable, Rubén Blades aulló cual sirena para dar el 'ongietorri' al legendario matón de esquina 'Pedro Navaja', que llegó, por supuesto, «con el tumbao que tienen los guapos al caminar»: la audiencia lo dio todo, especialmente en el coro de «La vida te da sorpresas». Y en clave absolutamente reivindicativa, el hombre que seguramente volverá a optar a la presidencia de Panamá se despidió versionando a Los Van Van con 'Muévete', en la que llamó a rebelearse «contra el racismo, la maldad y la corrupción». Faltaron infinidad de himnos -'Plástico', 'Amor y control', 'Pablo Pueblo'- pero hacía tiempo que la Zurriola se había convertido ya en la gran playa de los salseros, en un lugar al que sólo le faltaron unas palmeras y algún grado más -el mercurio marcaba 22ºC- para parecer un arenal caribeño entregado al frenesí y a la diversión.

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