LA QUINTA DE KENNY BARRON

CARLOS RODRÍGUEZ VIDONDOCRÍTICA

Iba a comenzar el partido y, tras salir los cinco titulares al campo, el capitán ofrece al graderío la alineación de hoy. En portería, Johnathan Blake y sus baquetas; el cuadro defensivo estaría bien custodiado por la línea de cuatro cuerdas del japonés Kiyoshi Kitagawa; en la delantera, doble punta, con Dayna Stephens por el flanco del saxo y Jeremy Pelt con su trompeta como jugador más adelantado. El centro del campo, como siempre, perfectamente equilibrado por el dorsal número 10, el veterano Kenny Barron. Tras las presentaciones, un breve calentamiento y se oye el pitido inicial.

Suenan los primeros compases de Be Bop y, con ellos, comenzamos a divisar la estrategia de juego. El contrabajo arranca con un inalterable walking bass que coincide a la perfección con el juego de pies y manos del baterista bajo los tres palos. Arriba, en la delantera, Pelt y Stephens trazan los primeros desmarques entre la defensa rival, aunque aún algo comedidos. Tradición del jazz (y un recuerdo para Dizzy) por todos los costados y las texturas van cambiando a medida que se da paso a la rueda de solos. Es ahí donde el equipo comienza a atreverse a encarar la portería, y la técnica individual de cada miembro se hace patente en el intercambio de ocho compases de improvisación. El público disfruta con el juego del equipo, y tanto el tema que da nombre al nuevo álbum, 'Concentric Circles' (Blue Note, 2018), como los que prosiguen, muestran una base muy junta, que resuelve a la perfección cada desplazamiento rítmico y cada resolución que se provocan entre el mediocampo, la defensa y la portería. Este colchón armónico bien asentado permite que la delantera prepare sus primeras incursiones en el área rival, con ataques de trompeta y saxo que hacen añicos la defensa contraria. Para deleite del respetable.

La segunda parte arranca con maravillosas triangulaciones del 'jogo bonito' carioca. Primero con el mítico Footprints de Wayne Shorter, que animaba a Stephens a pedir balones en largo. Barron preparaba con tiempo cada jugada para, con un toque sutil, permitirle a sus compañeros romper sus instrumentos con frases modales características de la cultura hardbop de su autor. Monk 'apareció' en escena para desestabilizar la táctica natural con 'Well You Needn't,' permitiéndonos además el lujo de disfrutar de un momento a dúo entre saxo y batería que se agradeció con un sonoro aplauso a lo ancho y largo de la cancha. Seguía corriendo el crono y el partido parecía llegar a su fin. La insistente velocidad de los temas a uptempo swing había hecho mella y la formación bajó la guardia para controlar los últimos balones ante un resultado tan favorable. Aún quedaba tiempo para marcar algún gol más y Caetano Veloso, que había ganado su partido días antes en el mismo escenario, salió desde el banquillo con su 'Aquele Frevo Axé' para instaurar la tranquilidad de la bossa nova en el terreno de juego. La canción fue una verdadera lección musical del estilo para cualquiera que esté dando sus primeros pasos en un equipo de iniciación. Los solos improvisados, cortos pero precisos. No faltaba ni sobraba nada. Y la armonización de esta melodía tras la dulce introducción de piano terminó de agotar a un rival vencido desde mucho antes del inicio.

«Bien jugado», parecía felicitarse el quinteto que, con el público en pie, tuvo que salir de nuevo del vestuario para reconocer y agradecer el apoyo de la hinchada. Baile fue el último vals de la noche. Ritmo de latin-swing que recordó al Kenny Barron que un buen día de 1962 disfrutaba con la orquesta de Dizzy Gillespie. El tumbado de piano, el sonido out de Stephens y los giros bluesy de Pelt terminaron por quitar las telarañas de las redes de la portería del Kursaal. Aplausos para todos durante la vuelta de despedida al estadio y la sensación del trabajo bien hecho. La 'Quinta del Buitre', si me disculpan la osadía, anoche jugaba a jazz.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos