Erentxun pelea contra viento y marea; Amateur pone banda sonora al eclipse invisible

El pop delicado de Amateur abrió la noche del pop donostiarra en el Escenario Verde, que a medianoche recibía a Mikel Erentxun

Mikel Aguirre, al frente de Amateur en La Zurriola. /ARIZMENDI
Mikel Aguirre, al frente de Amateur en La Zurriola. / ARIZMENDI
JUAN G. ANDRÉS

Quiso el destino que la primera cita íntegramente donostiarra que acoge el Escenario Verde del Jazzaldia coincidiera con el eclipse más largo del siglo XXI. A medianoche llegaba la actuación de Mikel Erentxun, pero tres horas antes inauguró la velada Amateur, el grupo nacido de las cenizas de La Buena Vida. Justo cuando el planeta Tierra se situaba entre su satélite y el Sol para teñir la luna de rojo, Mikel Aguirre, Cheli Lanzagorta e Iñaki de Lucas saludaban al público de la Zurriola, menos numeroso que en los días anteriores.

Cierto es que la abundante nubosidad impidió disfrutar de la denominada luna de sangre pero el acontecimiento astronómico otorgó a la cita un carácter mágico. Además, como decía el zorro de 'El Principito', «sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos».

Abrieron con 'En aquel entonces', Mikel señaló al mar que aparece en la letra y después utilizó armónica para ilustrar 'Un cabreo pasajero', en la que canta a esas «ideas traicioneras» que no se dejan cortejar por los artistas. «Es un verdadero placer, un lujazo y una responsabilidad muy grande estar en un escenario de tal categoría donde han actuado Bob Dylan, Mikel Laboa y tantos otros», dijo antes de introducir 'Atardecer #74'. Y como ocurrió la víspera con Izaro, buena parte del repertorio pareció la inmejorable banda sonora de la ciudad y el entorno.

La onírica 'Sólo era un sueño' albergó los cameos de Elvis, Lennon, Marilyn, Sinatra y otros mitos, mientras que 'Mil razones para no volver' sonó con la contundencia del mejor folk rock gracias al buen hacer de los acompañantes del trío, que en este tema brillaron especialmente: Paul San Martín (órgano Hammond), Joseba Irazoki (guitarra eléctrica) y Fernando Neira (bajo y contrabajo). Fue de los mejores momentos de la noche.

Habría sido una verdadera sorpresa que Irantzu Valencia cantara, como en el disco 'Debut!' (2018) de Amateur, 'Lo que nunca tuvo que pasar', pero fue Mikel Aguirre quien guio en solitario este medio tiempo que habla de afrontar con optimismo el final del amor. Porque el pop brillante y repleto de matices del grupo se mueve entre la melancolía y la esperanza, entre la delicadeza y la fuerza que cobran algunas canciones con nuevos colaboradores como Irazoki, que en 'El amor desierto' protagonizó un solo de infarto.

«Qué, ¿se ve el eclipse o qué?», preguntaron retóricamente. De momento, la lluvia no había hecho acto de presencia aunque las nubes lucían un color dramático sobre el espigón cuando llegó 'Da Vinci!', un tema en la onda de Leonard Cohen o de, si nos ponemos localistas, el mejor Rafael Berrio. «Parece mentira que estemos aquí», insistió Mikel con ironía al abordar 'Será verdad', otra de las composiciones que sonó ciertamente imponente con su aroma a los Beatles tanto en la música como en los coros.

Bajaron de revoluciones para homenajear a Pedro San Martín, exmiembro de La Buena Vida fallecido hace ya seis años y a quien dedicaron explícitamente 'San Martín Blues', una versión libre de 'Fort Worth Blues', la canción que Steve Earle escribió cuando murió su amigo Townes Van Zandt. Y de nuevo recordaron a su colega en 'El golpe', quizá su tema más redondo, en el que Aguirre volvió a levantar el dedo en dirección al cielo cuando cantó «Pretendo dar un golpe / El golpe de Pedro / Pretendo dar un golpe de nuevo», frase que habla al mismo tiempo del pasado y del futuro.

Con la vista puesta en el firmamento, ya oscurecido, hicieron amago de despedirse con 'El rastro de una estrella', cuya hermosa letra trata de la «luz inconfundible» que dejan los satélites del pop y del rock. Habían repasado prácticamente sus obras completas -'Debut!' y sus dos EP-, pero regresaron con una potente versión del 'Just Like Heaven', de The Cure, que el cantante escuchaba hace 30 años en la Zurriola porque era la sintonía de un programa musical francés.

Lo hicieron en Madrid pero no en los conciertos que ofrecieron en Donostia, ni en el primero del hipódromo durante el Kutxa Kultur Festibala del hipódromo ni en el de diciembre en el Victoria Eugenia. Sin embargo, para el tercer asalto en su ciudad quisieron rescatar tres temas de La Buena Vida: 'Duelos y quebrantos', 'Verano' y 'Vapor de carga', convenientemente actualizados al sonido más crudo de la formación actual. «Tú eres la estrella permanente que mantiene aún latente la esperanza de algún día ser feliz», reza la última canción que sonó, una vez más con la mira puesta en el cielo, el lugar donde avanzaba el eclipse invisible.

Mikel Erentxun, contra viento, marea y aguacero

Mikel Erentxun luchó contra viento, marea y aguacero en su actuación de anoche en la Zurriola, donde la primera parte del monográfico dedicado al pop donostiarra pudo realizarse sin contratiempos. Amateur realizó su concierto de principio a fin sin que cayera ni una sola gota pero una vez llegó la medianoche, las cosas se torcieron y el excomponente de Duncan Dhu, y especialmente su público, tuvieron que lidiar con la climatología.

Tras una primera tanda en la que sonaron 'Cicatrices', 'Penumbra', 'Llamas de hielo', 'Mañana', 'A tientas' y 'Ojos de miel', Erentxun y su banda acometieron 'Cartas de amor' a ritmo de salvaje rocakbilly y casi pareció que semejante intensidad hubiera abierto la espita del chaparrón, porque a partir de entonces el sirimiri perdió su condición y se convirtió en molesto chubasco.

La playa, que hasta entonces había registrado numeroso público, se vacío de gente que huyó despavorida por la rampa como si el concierto hubiera terminado. Sólo los «valientes», como Erentxun les llamó en múltiples ocasiones, disfrutaron con o sin chubasquero –algunos incluso descalzos y sin camiseta– de temas como 'El mejor de mis días', 'El amor te muerde', 'Corazones', 'A un minuto de ti', 'Veneno' y 'El hombre que hay en mí', entre otros. A modo de sorpresa repartieron por el repertorio tres temas de Duncan Dhu, 'Esos ojos negros', 'Cien gaviotas' y 'En algún lugar', traca final en la que Joseba Irazoki entró como invitado para tocar la guitarra como sólo él sabe.

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