Con la música a otra parte

El jazz donostiarra tiene su propia cantera/Sara Santos
El jazz donostiarra tiene su propia cantera / Sara Santos

El sol y el calor presiden el cierre de las terrazas del Kursaal y Alderdi Eder, con conciertos como los de Ana Bejerano, Furia Txistulari y Oso Fan

JUAN G. ANDRÉS

Bajo un sol de justicia. Así se desarrolló ayer la última jornada de conciertos del Jazzaldia en las terrazas del Kursaal y Alderdi Eder, que a partir de hoy recuperarán su fisonomía habitual por estas fechas. En total, han sido cinco días de actuaciones gratuitas en las que se ha podido escuchar jazz y todo tipo de músicas.

El Escenario Frigo del Jazzaldialucía un paradójico aspecto de soleado 'night club' gracias a las nocturnas canciones de Ana Bejerano, ataviada con vestido negro y chal verde. Señores y señoras armadas con abanicos, gorras y refrigerios combatían el bochorno mientras la vocalista getxotarra presentaba sus «'standars' clásicos con arreglos actuales». Acompañada por un experimentado trío -Miguel Salvador (guitarra), Marcelo Escrich (contrabajo) y Gorka Iraundegi (batería)-, la exintegrante de Mocedades se transmutó en Billie Holiday, Ella Fitzgerald y otras divas inmortales del jazz para repasar canciones como 'Stars fell in Alabama', 'Moonlight in Vermont', 'April in Paris', 'When Sunny Gets Blue' e incluso alguna tonada brasileira.

Hace unos meses, cuando Bejerano entró en la selección de grupos locales del Jazzaldia, recordó que a principios de los años 70 ganó el primer premio amateur del festival donostiarra con Alen, grupo de su municipio natal. Luego continuó su camino en el pop, la bossa nova y el rock. «Pero lo que realmente siento y llevo en mi corazón es el jazz», confirmó la artista, que ayer vio cumplido su sueño y cantó con un gusto exquisito en un recital pleno de clasicismo y baladas preciosas.

Resulta imposible llegar a todo en las terrazas del Kursaal, donde la contraprogramación es norma asumida. Lo habitual es que se sucedan tres conciertos a la vez, lo cual complica la tarea a los más completistas: no queda más remedio que picotear aquí y allá. Si no se está convenientemente informado de la oferta, una voz potente o un solo de trompeta escuchados en lontananza puede ejercer de anzuelo para moverse hacia un escenario y descartar otro.

A veces son los hijos quienes te llevan en una dirección ignota -«ama, vamos a otro concierto que en este me aburro»- aunque también hay nombres de bandas tan quedones que ejercen de inevitable imán. En el Escenario Coca Cola, por ejemplo, actuaba Furia Txistulari, que con semejante gancho seguro que logró atraer a alguien que esperaba ver a un quinteto de txisularis cabreados.

Al menos en el ratito que disfrutamos de su refrescante jazz no vimos asomar ni un txistu ni un tamboril, aunque sí hubo dos instrumentos de viento: el saxo de Miguel Arribas y la trompeta de Joan Conga. Procedentes de la fértil cantera de Musikene, sin la que hoy sería imposible entender el Jazzaldia, ambos intérpretes guiaron la función escoltados por Andrés Navascuez al piano, Ignacio Fombuena al contrabajo y Pier Bruera a la batería.

Llega Glad Is The Day

«Hemos venido a tocar un poco de pop», anunció en la Terraza Heineken un acalorado Giorgio Bassmatti al frente de Oso Fan, su proyecto en euskera. Al inicio cantó en clave melancólica sus contagiosas melodías acompañado por Quico Puges, pero pronto se les sumó el polivalente batería zarauztarra Ander Zulaika. Para hacer notar que no estaban en un festival cualquiera y que son músicos versátiles, se enfrascaron en una improvisación jazzística de lo más resultona.

Interpretaron temas como 'Izar txikia', 'Udaren itzela', 'Laino artean' y 'Olinpiada', así como una pieza especial dedicada a su fallecido amigo Ramon Martiarena, habitual del Jazzaldia. «Cuánta gente, gracias por venir y gracias por quedaros», saludó Bassmatti, que hace algunos años actuó en el Nauticool y ayer repitió en un escenario más grande en el que acaparó el mayor número de espectadores, familias y carricoches infantiles desperdigados por el verdín artificial.

Por la noche seguirían las actuaciones en Alderdi Eder y las Terrazas del Kursaal con Zigjazzunit, Nerabe, Noname Band y Sara Mansilla, con quienes la música se marchó a otra parte, concretamente a Cristina Enea. El Jazzaldia se despidió hasta la 54ª edición pero la ciudad continuará sonando el próximo fin de semana con citas como Glad Is The Day, que llenará de rock y cumbia el parque de Egia, también con carácter gratuito.

 

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