Morgan desata un diluvio rock de órdago

La banda madrileña congregó a numerosos aficionados en la arena de La Zurriola. / JOSE MARI LÓPEZ
La banda madrileña congregó a numerosos aficionados en la arena de La Zurriola. / JOSE MARI LÓPEZ

Guiada por la impresionante voz de Carolina de Juan, la banda madrileña protagonizó un concierto arrollador en La Zurriola | Miles de personas vibraron en la playa con una actuación en la que hubo rock, soul, folk y otros géneros de genuina raíz norteamericana

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉS San Sebastián

El bochorno que durante la tarde reinó en Gros había remitido ya cuando por megafonía sonó 'Unknow Legend', de Neil Young, una elección nada casual. Morgan, una de las últimas bandas revelación de la escena española, salía entonces al mismo Escenario Verde pisado en la víspera por Mikel Erentxun, quien tuvo que capear el temporal como pudo. Anoche también hubo diluvio en la Zurriola, pero las precipitaciones adquirieron la forma del mejor rock de raíz norteamericana.

Con tan solo dos discos en su haber, los madrileños han conseguido ganarse el respeto de la audiencia y de la crítica merced a una propuesta que en ningún caso es novedosa, sino más bien todo lo contrario: el quinteto ha encontrado el éxito gracias a su habilidad para mezclar géneros clásicos con una credibilidad fuera de lo común, aunque cabe reconocer que buena parte del mérito es también de la exquisita voz de Carolina 'Nina' de Juan.

Se dio a conocer gracias a Quique González, que contó con ella en su canción 'Charo' y después la 'contrató' para su equipo de Detectives cuando trabajaba en una tienda de chapas, tazas y llaveros de Malasaña. Ahora vive de la música y de un proyecto en el que también militan Alejandro Ovejero (bajo), David Schulthess (teclados), Ekain Elorza (batería) y Paco López (guitarra).

Este último fue quien introdujo el primer tema, 'Planet Earth', con envolventes ecos de Pink Floyd. Distribuidos en semicírculo, de modo que pudieran verse las caras unos a otros, los integrantes de Morgan fueron desgranando los temas de 'North' (2016) y 'Air' (2018) sin entretenerse demasiado en presentaciones. Sólo tras la popera y bailable 'Blue Eyes' y después de la rockera 'Attempting' saludó Nina, siempre detrás del piano y encantada de actuar en un escenario que acogía un espectáculo paralelo: la puesta de sol. «Hasta que no acabe el concierto no nos vamos a creer que esto ha ocurrido. Es un puto milagro y una puta maravilla», aseveró antes de acometer 'Oh Oh', de sabroso regusto soul. Luego confesó su falta de elocuencia pero la disculpó por el hecho de seguir «flipando» por estar tocando en el Jazzaldia y ver la generosa cantidad de público que les aplaudía.

Sonó grande, muy grande, 'Goodbye', y después continuaron recordando piezas del primer álbum como 'Roar', en la que pidió ayuda con un desgarrador lamento; 'Work', que incluyó un interludio instrumental electrizante, y 'Praying', en la que la banda montó un orfeón exprés con las voces de los espectadores y siguió transitando entre golpes de soul, folk, rock, góspel y blues, con afilados solos de guitarra, ritmos convulsos y evocadoras melodías de órgano.

En 'Sargento de hierro' desarmó definitivamente al personal con esa garganta que encierra un abismo de emociones y que lo mismo transmite fortaleza que la más absoluta de las fragilidades. Es muy posible que no haya habido este año en la playa otros cinco minutos tan emocionantes como los que se vivieron mientras Nina cantaba eso de «Cúrame viento / Ven a mí / Y llévame lejos / Sácame de aquí / Cúrame tiempo / Pasa para mí / Sálvalos a ellos, sálvalos a ellos».

Hasta en dos ocasiones interrumpió la gente con sus aplausos el discurrir de 'Home', en la que la vocalista siguió estirando su voz hasta el infinito mientras sus compañeros la arropaban con luminosas armonías vocales. «Es evidente que nuestro hogar está aquí con vosotros», agradeció, sincera, antes de volver al soul y levantarse para, micro en mano, cantar 'Flying Pacefully' y 'Thank You', en lo que parecía un cierre festivo y lleno de groove.

Pero aún hubo tiempo para tres bises. Sola al piano, Nina cantó 'Volver' e hizo preguntarse al respetable por qué Morgan no tiene más que dos canciones en español, idioma que sienta igual de bien a su música que el inglés. El grupo al completo regresó para dejarse de penas y convertir la Zurriola en una discoteca setentera con 'Another Road (Gettin' Ready)', en la que no faltaron las cuerdas sintetizadas pero sí la bola de espejos, mientras que 'Marry You' la empezaron a dúo cantante y guitarrista, al borde del escenario, hasta que la banda se sumó en una explosión soulera de órdago.

Al tablado playero aún le quedaba la última actuación de este año, la de Anna Calvi, que soltó una salva de fuegos artificiales en la que hubo más humo que color. La cantante británica desplegó una panoplia de recursos fáciles dirigidos a epatar al personal a golpe de solo de guitarra eléctrica, de gorgoritos vocales y, sobre todo, de mucho postureo, ya fuera retozando con su instrumento, tocándolo de rodillas o arrastrándose por el suelo. La sensación de cierta frialdad quedó subrayada por la duración del concierto, que terminó abruptamente y sin bises antes de que se hubiera cumplido una hora.

Así finalizaba el ecléctico programa del Jazzzaia en el Escenario Verde, que ha acogido desde la salsa de Rubén Blades al 'brasshouse' de Too Many Zooz, pasando por el blues rock de Gary Clark y el pop de Izaro o la noche donostiarra con Amateur y Erentxun. El año que viene, más.

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