Por qué los músicos se bañan en La Concha y comen tantos pintxos

Los espectadores que llenaron la Trini en la noche de Sobral aplaudieron entusiasmados al final./Sara Santos
Los espectadores que llenaron la Trini en la noche de Sobral aplaudieron entusiasmados al final. / Sara Santos

¿Cómo aprendió Sobral el 'txoria txori'? ¿Dio Anna Calvi una espantada? ¿Para qué quería Chick Corea un piano en su habitación? ¿Son los vascos la gente más 'cool' de Idaho, como dice Stigers?

Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGA

Este cuento se acabó, pero aún nos dejó ayer una multitud de historias. ¿Por ejemplo? Las estrellas del jazz se bañan en La Concha y coinciden en que «el agua está muy caliente». Lo dijeron en público tanto Salvador Sobral como Curtis Stigers. Todos los músicos, los grandes y los menos consagrados, se aficionan también a los pintxos: había que ver la 'jam session' montada en la puerta del Ganbara la noche del sábado, cuando la Parte Vieja de San Sebastián parecía Nueva Orleans. Y los 'top' son tan trabajadores que no perdonan el ensayo diario: un artista del máximo nivel como Chick Corea pide su teclado en la habitación del hotel para practicar.

El vizcaíno que enseñó a Sobral cómo cantar a Laboa

Salvador Sobral era uno de los nombres más populares de esta edición y no defraudó. Hubo momentos en la Trini en que parecía tener incluso más ganas de concierto que el propio público, y eso que había espectadores entregados. No solo canta, sino que cuenta historias. Explicó que el Cantábrico le había parecido más cálido que el Atlántico portugués y que le había entusiasmado la confianza que se establece entre bareros y clientes a la hora de calcular los pintxos consumidos (le debieron llevar a bares a la antigua usanza, no de esos de nueva generación que dan el plato al consumidor para contar los palillos).

La sorpresa llegó en los bises con su sentida interpretación al piano, en solitario, del Txoria txori. Un técnico vizcaíno de la empresa que lleva a Sobral en España le enseñó la víspera, en solo un rato, las notas y la letra de la mítica canción de Mikel Laboa. Sobral cumplió con creces. Superado su sueño de actuar en el Jazzaldia, se fue de Donostia con un montón de camisetas del festival para regalar a los amigos.

Los artistas comenen San Telmo

Salvador Sobral cenó antes de su concierto en el restaurante del Museo de San Telmo, por donde pasan todos los artistas de la Trini. Ya había realizado la prueba de sonido, así que apuró al máximo el paso desde ahí hasta el escenario de la plaza. En el 'privado' de San Telmo los músicos han protagonizado estos días divertidas anécdotas antes o después de sus actuaciones en la Trini.

La plaza sigue teniendo su magia especial aunque perviven problemas de antaño: las voces de los bares cercanos y los ruidos de los cristales sobre los contenedores se escuchan a veces con más nitidez que el artista del escenario. Gajes de estar en el corazón de la ciudad.

El norteamericano amigode los vascos... y la sangría

Chick Corea y Custis Stigers fueron ayer los cabeza de cartel de la 'Trini'. Corea, pese a llevar décadas en la cumbre del oficio, sigue pidiendo un teclado para ensayar en su habitación de hotel. Es costumbre extendida: también lo solicitan otros número uno como Herbie Hancock. Corea exige también un piano muy especial para su actuación, que la organización debe traer desde lejos.

Curtis Stigers da menos guerra. El norteamericano lleva una semana en Donostia y es un hombre feliz. También está encantado de la temperatura de La Concha, come pintxos, bebe sangría (aunque esa bebida no sea especialmente del paisito) y confiaba en dar anoche un buen concierto de 'standars' en la Trini. En la rueda de prensa de la mañana contó que en su juventud fue batería de un grupo punk y, sobre todo, incidió en que muchos de sus amigos de Boise, en Idaho, son vascos o descendientes de vascos. ¡«La gente más cool de allí son vascos!», dijo el músico, amigo de Imanol Galdos, de Donostia Kultura, otro guipuzcoano vinculado a Idaho.

Jam session en el Ganbaray el 'no bis' de Anna Calvi

El Jazzaldia es siempre el principio de una amistad. Que se lo pregunten a Sullivan, pianista de Cécile McLorin, que en sus días de estancia en Donostia se ha convertido en todo un conocedor de los mejores sitios de la ciudad y, en especial, de la Parte Vieja. Por eso el sábado reunió en el Ganbara a sus compañeros de grupo y al trío de Benny Green en toda una degustación de pintxos y vinos.

Casi a la misma hora salía al escenario de la Zurriola Anna Calvi. Ese concierto de medianoche gustó a sus fieles, que sin embargo no se explicaban por qué había sido tan corto, de apenas 55 minutos. Nos cuentan en la organización del festival que Calvi había previsto 70 minutos de actuación, con ese corte a los 55 minutos para regresar a escena con un cuarto de hora de bises. Sin embargo, problemas entre la artista y sus técnicos de sonido a cuenta de la guitarra provocaron que la cantante no volviera a escena, ante la incredulidad de los espectadores.

Se acaba. Nos queda el estupendo concierto de ayer de Gregory Porter en el Kursaal con la exquisita orquesta de cincuenta músicos vascos dirigida por Arkaitz Mendoza. Y el entusiasmo de Michel Portal con su premio. Y los guiños de nuestros músicos cercanos (grande Oso Fan) en el 'pobre de mí' festivalero de las terrazas del Kursaal.

El año que viene más, y seguro que mejor. El mundo, el jazz y el Jazzaldia son para los optimistas.

 

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