La historia de 'King' Porter

'King' Porter/Sara Santos
'King' Porter / Sara Santos

En la edición 52 del Jazzaldia, el cantante californiano había obtenido un clamoroso triunfo sobre el escenario de la Trinidad

CARLOS RODRÍGUEZ VIDONDO

Semáforo en rojo. Por el paso de peatones cruza una enorme silueta de casi dos metros de alto y un ancho gorro Kangol Spitfire cubriéndole el rostro. «¡Mirad! ¡Es Gregory Porter!», observa un muchacho sacando medio cuerpo por la ventanilla del coche. Cualquiera lo diría, con ese porte rígido de jugador de fútbol americano. Pero el bueno de Porter tan sólo disfrutaba de una tarrina de helado de alguno de los locales que aún continuaban abiertos por el Boulevard. Refrescaba cuerpo y mente paseando por nuestra ciudad bajo la brisa de la noche, como repasando cada detalle del concierto que había preparado concienzudamente. Igual hasta paraba a tomar un trago por alguno de los cafés de la calle Okendo. Quién sabe. Su imagen cubría marquesinas y rótulos de cada calle y avenida, y para los asistentes al festival su cita del Kursaal llevaba semanas marcada en rojo en el calendario. Normal tanta expectación.

En la edición 52 del Jazzaldia, el cantante californiano había obtenido un clamoroso triunfo sobre el escenario de la Trinidad. Dos Grammys bajo el brazo al mejor disco vocal de jazz en 2014 y 2016 y, seguramente, la considerada mejor voz masculina del jazz actual. A la altura del Nat King Cole al que había decidido homenajear. ¿Alguien da más? Pues, como era de esperar, un Kursaal hasta los topes a pesar de seguir aún con la sobremesa de los domingos. Cámaras de televisión, fotógrafos, prensa y los músicos de la orquesta de Arkaitz Mendoza, que terminaban de afilar sus armas. La voz grave y profunda de Gregory Porter arrancó de cuajo las raíces del edificio con Mona Lisa, el primer tema de su disco Nat King Cole&Me (Decca Records, 2017) y el primero del show. Fue tras ella cuando empezó a narrarnos su historia. El 'King' Porter es para él una inspiración cada día desde el momento que encontró sus viejos vinilos en casa con tan sólo seis años. La ausencia de su padre era un hueco demasiado grande para llenar, y esas polvorientas canciones parecían la única guía paterna que poder seguir. Y llegó 'Nature Boy'. Quizá un poco pronto, pero qué bien no tener que esperar más. Las conversaciones entre los viento-madera y el arpa plantearon una introducción que ponía la piel de gallina, para que entonces las primeras notas de Porter terminasen de romperte en mil pedazos. Entra después la cuerda a la señal de su director y ya era inevitable no emocionarse. «The greatest thing you'll ever learn is just to love and be loved. In return». Hemos aprendido la lección, Gregory.

Crítica

Intérpretes
Gregory Porter (voz), Chip Crawford (piano), Jahmal Nichols (bajo), Emanuel Harrold (batería), Tivon Pennicott (saxo tenor). Orquesta sinfónica dirigida por Arkaitz Mendoza. Lugar: Auditorio Kursaal. Fecha: 29-07-2018. Aforo: Lleno

'Quizás, quizás, quizás', en un perfecto castellano, que generó el espacio para un conmovedor interludio de la orquesta donde destacaba el pizzicato de los violines. Entonces se marcha el director de la escena y Porter nos sigue contando (y cantando). Su madre falleció cuando él contaba tan sólo 21 primaveras y ese segundo golpe fue demoledor. Pero por ahí estaba Nat de nuevo. Sus últimas palabras le suplicaron: «Canta, amor, canta». Y el cumplió con su promesa. «There will be no love that's dying here», le contestaba a su madre Ruth al comienzo del estribillo de 'No Love Dying', derrochando todo su registro hasta sus más brillantes agudos. 'When Love Was King', un original del vocalista, y 'I Wonder Who My Daddy Is' volvían a relatarnos la importancia que supuso King Cole tanto en su crecimiento personal como en su inspiración musical. El saxofonista Tivo Pennicott iba y venía dejándonos líneas de soul y frases bebop a diestro y siniestro, mientras la orquesta creaba un colchón suave y mullido sobre el que acostarse.

Con 'Work Song', la orquesta y la concurrencia comenzó a animarse. Swing en el plato del batería, walking en el contrabajo y mucho blues. Porter chasqueaba los dedos y la orquesta sonreía y bailaba aún tímidamente. Cerraron todos juntos el tema a la señal del cantante californiano que bajó su puño hasta el suelo. Pero para el primer bis la fiesta ya estaba montada. 'Liquid Spirit', el single del álbum que le otorgó su primer Grammy hizo venirse abajo al auditorio con una «verdadera experiencia de soul». El Kursaal dando palmas y Gregory Porterdesatado, como todos. No podíamos acabar así y tanto la banda, como el director Mendoza y el vocalista tuvieron que salir a despedirse por segunda vez. «Ya os veo, no me dejaréis irme a casa hoy», comentó entre risas un Porter que tampoco parecía tener muchas ganas de marcharse. La ovación se mantuvo aún tiempo después del encendido de luces. Pero el cuento de Gregory 'King' Porter había llegado ya a su fin.

 

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