Más humo que color

Más humo que color

A la británica Anna Calvi le tocó el honor de cerrar el Escenario Verde este año

JUAN G. ANDRÉSCRÍTICA

Un adjetivo saltaba de boca en boca el sábado a medianoche en la Zurriola: «Frío». A la británica Anna Calvi le tocó el honor de cerrar el Escenario Verde del Jazzaldia este año y lo hizo con un concierto que fue, no diremos gélido, pero sí tibio, forjado a golpe de efectismo: hubo abundantes fuegos artificiales pero predominó el humo sobre el color. Teníamos mejor recuerdo de la actuación de Calvi hace unos años en Intxaurrondo aunque la duda nos asaltó en los primeros compases con 'Suzanne and I' e 'Indies'. Desde luego, la joven posee una voz peculiar, llena de pliegues, a medio camino entre la diva rock y la 'prima donna' operística, pero lo pintoresco de su propuesta termina diluyéndose en un batiburrillo con pretensiones.

La cantante avanzó algunos de los temas que incluirá su inminente tercer álbum, 'Hunter', y tocó otros de sus discos anteriores como 'I'll Be Your Man', 'Don't Beat The Girl', 'Desire', 'Wolf Like Me', 'First We Kiss' o 'Desire'. Por mucho que Brian Eno dijera que la chica «es lo mejor desde Patti Smith» y que Nick Cave la invitara a girar con Grinderman; por muchas comparaciones que la maquinaria mercadotécica haga con PJ Harvey, «postureo» es el otro término que con más frecuencia nos vino a la mente durante el show.

Sobre las tablas le acompañaron una multi-instrumentista con exceso de carga laboral que acolchaba con bases de sintetizador las descargas guitarreras de Calvi y un batería con superávit de tambores. Junto a ellos, la protagonista de la velada desplegó una panoplia de recursos encaminados a epatar al personal: lo hizo a base de gorgoritos imposibles, solos incendiarios y poses que fueron desde el clásico arrodillamiento de 'guitar hero' a revolcarse por el suelo abrazada a la guitarra. No había pasado ni una hora desde el inicio del concierto cuando Anna Calvi desapareció del escenario para no volver en lo que fue la actuación más breve y anodina del Escenario Verde este año. Tampoco el grueso del público pareció muy afectado ni enfadado por la ausencia de bises.

Por otro lado, ayer continuaba el debate en las redes sociales sobre la calidad del programa playero de esta edición del Jazzaldia. Ciertamente, no se puede comparar la oferta de 2018 con la de años en los que pisaron el arenal gentes como Patti Smith, Elvis Costello, Belle & Sebastian o Echo & The Bunnymen, pero durante la pasada semana hemos disfrutado de conciertos excelentes como los de Morgan, Amateur o Rubén Blades. Además, este último propició una de las imágenes que con más cariño guardaremos en nuestra fototeca privada del Jazzaldia: miles de vecinos donostiarras de origen latino -panameños, venezolanos, colombianos, cubanos, etc.- ocuparon esas primeras filas en las que no solemos verles y montaron una pachanga antológica, disfrutando, cantando y bailando como jamás podremos hacerlo quienes supuestamente tenemos denominación de origen easonense.

 

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