Jacob Collier, el hombre de las mil y una teclas

Jacob Collier estrenó con su cuarteto el escenario de la plaza de la Trinidad en esta edición del Jazzaldia. / SARA SANTOS

El joven Jacob Collier hizo vibrar a la plaza de la Trinidad con su dominio de múltiples instrumentos y las voces tratadas de su soul-jazz

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDO SAN SEBASTIÁN.

Habíamos visto vídeos en directo de Jacob Collier en el que el músico de 23 años toca en solitario todo un arsenal de instrumentos, correteando de uno a otro, sumando los patrones rítmicos y las melodías a base de grabaciones en bucle, o sampleados, que le convierte en un momento en el hombre orquesta.

Con esos vídeos, su participación en los Proms de la BBC, su simpatía evidente y una voz sedosa capaz de transitar entre la blancura del pop y la música negra más variada, del soul al funk y el jazz, Jacob Collier se ha ganado bien una reputación en la que hay que admirar en primer lugar el bagaje histórico que lleva encima: se ha empapado del jazz-fusión de los 70, de grandes voces capaces de multiplicarse como las de Stevie Wonder o Bobby McFerrin, pero quiere pertenecer a su tiempo, y reunir todo lo aprendido en un sonido nuevo, que se beneficia de los tratamientos electrónicos, sea 'vocoder', 'autotune' o cualquier otro sistema de convertirsea sí mismo en todo un coro artificial pero sin perder el alma.

Jacob Collier hace del soul-jazz un espectáculo emocional y físico, tocando mil y una teclas, de pianos y de máquinas, aunque en el Jazzaldia se presentaba anoche, para abrir los conciertos de la plaza de la Trinidad, en formato de cuarteto, acompañado por Rob Mullarkey (bajo), Pedro Martins (guitarra) y Christian Euman (batería).

Era la primera vez que Jacob Collier actuaba con este grupo. Eso no le impidió salir a escena con su habitual impulso de saltimbanqui musical, pasando de un instrumento a otro en una misma canción, saltando del piano al borde del escenario con la pandereta, corriendo al vocoder que modifica su voz o dando unas notas en el contrabajo eléctrico. Vestido con un colorista pantalón bombacho, y descalzo, fue todo vitalidad gracias a su pequeño micro incorporado que le permite una movilidad total.

Todavía estaba en la primera canción, su emblemática 'Don´t You Know', y ya había dado todo un recital de agilidad física y posibilidades vocales y musicales. Y se había ganado al público, sorprendido con el talante expansivo de un músico que puede recordar a Jamie Cullum por su habilidad para dar espectáculo y contagiar pasión por el jazz en su más amplia acepción sin renunciar a las melodías y los arreglos intrincados.

Porque Jacob Collier toca todas las teclas estilísticas, saltando de unos aromas a otros con asombrosa facilidad, imprimiendo a las estructuras clásicas ritmos entrecortados y 'breaks de hip-hop', pasando de un solo de sintetizador setentero a una balada celestial como 'Hideaway', en la que tomó la guitarra acústica y demostró las posibilidades de su falsete y de una voz angelical, pero también densa y grave cuando quiere. O cuando lo trabaja con los efectos digitales.

Versiones muy personales

En el turno de las versiones dio unos cuantos giros al clásico 'On Broadway', y acometió ese 'In My Room' de The Beach Boys que ha hecho totalmente suyo. Muy solvente con el piano y comunicador nato al implicar al público en el ritmo, más que dar palmadas, y en los coros, todo parece brotarle con facilidad. Volvió a la sensibilidad con la balada de Sting 'Field of Gold'.

En el tramo final anunció una de los Beatles, pero en lugar de su habitual 'Blackbird' se lanzó con un 'I Feel Fine' casi irreconocible, trufado de 'break beats' y ritmos hip-hop que fusionó con una píldora funk de Beyoncé. Para el bis, volvió a The Beatles con 'Eleanor Rigby' y se metió al público en el bolsillo.

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