El hijo pródigo regresa con un soplo de aire fresco

Michel Portal, multi-instrumentista de Baiona considerado un tótem del jazz europeo, ha recibido el Premio Donostiako Jazzaldia

Miguel Martín, director del festival, entregó a Portal el premio del Jazzaldia antes del primero de los dos conciertos que ofreció ayer en el Victoria Eugenia. /José Mari López
Miguel Martín, director del festival, entregó a Portal el premio del Jazzaldia antes del primero de los dos conciertos que ofreció ayer en el Victoria Eugenia. / José Mari López
JUAN G. ANDRÉS

No por manida es menos cierta la expresión «tan lejos, tan cerca» que a menudo suele emplearse para definir la relación entre los vascos del norte y del sur. El sábado actuó en el Jazzaldia un cantante estratosférico, el bajonavarro Beñat Axiari (Donapaleu, 1947), referente en el campo de la improvisación vocal. Pese a ser casi un vecino, muchos no habíamos tenido noticia de él hasta que comenzó a colaborar con el guitarrista beratarra Joseba Irazoki.

Tres cuartos de lo mismo sucede con el labortano Michel Portal (Baiona, 1935), un nombre esencial para los aficionados al jazz pero desconocido para el gran público. Ha recibido el segundo Premio Donostiako Jazzaldia de esta edición en el Victoria Eugenia, donde luego ha ofrecido un delicioso concierto en compañía de Vincent Peirani (acordeón) y Émile Parisien (saxo soprano).

«El trabajo de los bertsolaris me animó para improvisar en el campo del jazz» Michel Portal

Ante la ausencia del alcalde Eneko Goia, que el sábado sí asistió a la entrega del galardón a Mary Stallings, ha sido el director del festival, Miguel Martín, quien ha dado al multi-instrumentista la placa con la imagen de la Plaza de la Trinidad. En su presentación, ha calificado a Portal como «el músico vasco de jazz más importante de los siglos XX y XXI», y como un artista cuya «magnífica carrera» se caracteriza por «la búsqueda, la curiosidad y la erudición». Ha destacado su empeño en «transformar y avanzar» en el campo de la música improvisada y, como prueba, ha citado el «glorioso ejemplo» que supone ver a un octogenario (83 años) colaborar con treintañeros como Peirani y Parisien. Por todo ello, ha juzgado «ilógico» que alguien de su talla llevara 30 años sin actuar en Donostia.

Muy brevemente, Michel Portal ha utilizado la lengua francesa para agradecer la distinción y confesar en primer lugar que la cultura vasca ha influido en su infancia y en su imaginario: «Ha estado siempre en mi vida». De hecho, todavía hoy recuerda con cariño los cantos, danzas y fiestas vascas de Baiona, así como el trabajo de los bertsolaris que tanto le animaron e inspiraron para improvisar en el campo del jazz. «Por esta razón me emociona y me hace muy feliz este premio del Festival de San Sebastián. Esker anitz!», ha dicho en una de las fórmulas de agradecimiento propias del euskera de Iparralde.

Sin aridez y con humor

Peirani y Parisien, colaboradores desde hace una década y responsables a partes iguales del disco 'Belle Époque' (2014)', han abierto la función a dúo. La original combinación de saxo soprano y acordeón ha resultado de lo más estimulante, con diálogos sugerentes y melodías con fuerte base en las músicas populares. En ocasiones, se diría que ambos artistas han adoptado el papel de intérpretes callejeros que gustan de mezclar distintos folklores con el jazz.

El trío combinó calidad técnica, velocidad y emoción sin que hubiera un solo pasaje árido

En el cuarto tema ha aparecido con su clarinete Michel Portal y situado al borde del escenario, ha tocado algo que si no eran las notas del tradicional 'Maitechu mía' se le ha parecido mucho; quizá ha sido un guiño a las raíces vascas de alguien que lleva toda la vida recorriendo el mundo como tótem del jazz europeo. Con el descalzo Peirani manejando un acordeón que además ha usado como instrumento de percusión, Portal seha dejado en casa el bandoneón pero también ha soplado el saxo soprano -preciosos los dúos con Parisien- y el clarinete bajo, con esa tesitura más grave y lírica. En formato de trío han abordado temas propios y ajenos combinando calidad técnica, velocidad y emoción sin que hubiera un sólo pasaje árido. Más bien al contrario, ha sido una función divertida y con momentos de mucho humor musical y gestual.

El hijo pródigo del Jazzaldia y sus jóvenes acompañantes han tocado en igualdad de condiciones sin que ninguno tuviera protagonismo sobre el resto. Su alianza ha resultado un soplo de aire fresco en un Victoria Eugenia que se ha resistido a verles marchar. Tras escuchar el 'Dancers in Love' de Duke Ellington, los espectadores del patio de butacas y de los palcos han aplaudido en pie y durante varios minutos para intentar arrancarles una segunda propina que no ha llegado. No es problema. Seguro que el Festival no espera otros 30 años para volver a contratar a Michel Portal, que a medianoche ofrece un segundo concierto como invitado de Parisien en su quinteto Sfumato.

 

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