Gregory Porter y Yann Tiersen, doblete en el Kursaal para el cierre del festival

Gregory Porter. /Jazzaldia
Gregory Porter. / Jazzaldia

C. RODRÍGUEZ VIDONDO San Sebastián

Qué duras resultan las despedidas. Parece que cuando más actividad tiene la ciudad los días se acortan más rápido. Desde el pasado jueves hemos tenido la suerte de vivir un sol rojo sobrevolando el salón de la familia Veloso, un abanico de aire fresco saliendo del piano de Mehldau, el ya histórico equipo goleador de Kenny Barron e, incluso, una luna roja de sangre que se pudo intuir entre las nubes donostiarras. La 53 edición del Heineken Jazzaldia nos dice adiós en el Kursaal, pero para quitarnos el frío y el blues del cuerpo, el festival pretende celebrar su marcha por todo lo alto. Nada más y nada menos que con un doblete.

A las cinco de la tarde, el espíritu de Nat King Cole será invocado por una de las voces del soul que mejor puede permitirse el lujo de hacerlo. El barítono Gregory Porter entrará al Kursaal con su jazz hat y sus casi dos metros de estatura, amparado por la orquesta sinfónica del director donostiarra Arkaitz Mendoza. Cuando él tenía 21 años, su madre, postrada en su lecho de muerte, le suplicó una promesa al oído: «Canta, amor, canta». Tras semanas hundido y sin salir de casa, Porter encontró los viejos vinilos de Nat que guardaba su madre y recuerda esas canciones como hierbas medicinales. Hoy homenajeará a sus dos mayores referentes de música y de vida, con la emoción de su robusta voz y el talento natural que le han convertido en un cantante de jazz de presencia, ganador de dos Grammys y cinco nominaciones.

Acercándonos a media noche, las últimas notas musicales del festival correrán a cargo del afamado músico bretón Yann Tiersen. La reciente publicación de 'EUSA' (Dragora, 2018) protagonizará gran parte de un repertorio pensado inicialmente como libro de partituras, y que más tarde evolucionó en un álbum completo. «Quería que la gente pudiera tocar las piezas antes de que fueran grabadas por mí», confirma Tiersen. Y su música, alejándose cada vez más del compositor de Amélie, se inspira en los sonidos de la naturaleza.

Este es su noveno disco de estudio y el primero de piano solo, tras más de veinte años trabajando como multiinstrumentista y compositor. Continúa destilando influencias diversas desde el piano clásico a la música de calle, el minimalismo y el rock, el punk y el vals. Tan pronto reinterpreta su banda sonora de más éxito que se rebela con Joy Division. Sin lugar a dudas una ceremonia de clausura que promete ser épica.

 

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