Una voz nada estándar

Mary Stallings, que hoy recibirá el premio del Jazzaldia, ayer en el Victoria Eugenia. / USOZ
Mary Stallings, que hoy recibirá el premio del Jazzaldia, ayer en el Victoria Eugenia. / USOZ

Mary Stallings, que hoy recibirá el primero de los dos Premios Donostiako Jazzaldia, ofreció un maravilloso recital en el Victoria Eugenia

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉS San Sebastián

En el mundo del jazz se conoce como estándar aquella composición popular que a lo largo de la historia ha sido interpretada por innumerables cantantes o músicos. A menudo, los autores de un 'standard' son absolutamente desconocidos para el público, pero paradójicamente, su obra se ha convertido en universal gracias al trabajo de otros. Es el caso de muchas de las composiciones que ayer sonaron en el maravilloso recital de la cantante Mary Stallings, que hoy por la mañana recibirá el primero de los dos Premios Donostiako Jazzaldia de esta edición.

Como mandan los cánones, la banda -Hervé Sellin (piano), Joshua Ginsburg (contrabajo), Mario Gonzi (batería)- abrió fuego con un instrumental ('There Is No Greater Love') antes de que llegara la lideresa, que en los primeros compases ya deslumbró por su clase y elegancia en el terreno del soul y del blues con 'Gipsy In My Soul' y 'Feeling Good', respectivamente. Fueron estos dos estilos los que dominaron la función matinal del Victoria Eugenia, cuya excelente acústica realzó aún más la belleza de su interpretación. La artista californiana, que ni física ni vocalmente aparenta los 78 años que tiene, se declaró «feliz» de visitar por primera vez «este increíble lugar del planeta», en alusión a Donostia, aunque en ningún momento llegó a citar el galardón que recogerá hoy.

Confesaba ayer en estas mismas páginas que su objetivo es ser «honesta» y que no piensa en ser la mejor cantante viva de jazz, como la han definido medios de la talla del 'New York Times'. Pero uno la escucha en 'Moment to Moment' o en 'Soul Eyes', la balada que interpretó después sentada junto al piano, y resulta inevitable pensar en las grandes divas de la historia; en figuras inmortales como sus amadas Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Dinah Washington o Billie Holiday, mitos a quienes Stallings podría mirar a los ojos sin ruborizarse. Posee un bellísimo fraseo y una dicción perfecta, logra transmitir en cada sílaba una infinita gama de sentimientos que van de la alegría a la tristeza, y en definitiva, su voz está llena de alma: es todo menos estándar.

La función avanzó con la suavidad del terciopelo al ritmo de viejas canciones como 'I Only Have Eyes For You', que aprovechó para exhibir su técnica de 'scat' o improvisación vocal. «Es un tema de los años 60, quizá el más contemporáneo del repertorio. Seguramente, muchos de vosotros no habíais nacido aún», bromeó Stallings, que antes de retirarse por un tiempo para criar a su hija en los 70, cantó junto a luminarias como Ben Webster, Cal Tjader, Wes Montgomery, Dizzy Gillespie o Count Basie. Precisamente, de la orquesta de este último recuperó 'Little Darling', una canción que en su concepción original tenía un 'groove' más lento y a la que ellos imprimieron un ritmo más saltarín.

Rebosante de swing, el trío de músicos estuvo sembrado tanto en el acompañamiento como en los solos de un festival de estándares que continuó con 'Old Devil Moon', que antes interpretaron gentes tan diversas como Tony Bennet, Frank Sinatra, Jimmy Smith, Sarah Vaughan o Jamie Cullum, y con 'You Go To My Head', abordado también por Billie Holiday, Diana Krall, Chet Baker y Chuck Berry, entre muchos otros. No precisó de presentación otro gigantesco clásico, 'A Night in Tunisia', de su maestro Dizzy Gillespie, que dio pasó a 'I Love Being Here With You', una tonada cuyo título reveló el sentimiento de Mary Stallings: «Me encanta estar aquí con ustedes». Se despidió, llena de agradecimiento, con el enésimo estándar, 'People', con una letra que tampoco parecía elegida al azar: «Las personas que necesitan personas son la gente más afortunada del mundo».

 

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