Doce 'bonitas' para Mikel Laboa en el Jazzaldia

Recuerdo. El escenario del Victoria Eugenia acogió el homenaje a Laboa con todo el aforo del teatro lleno. / SARA SANTOS'
Recuerdo. El escenario del Victoria Eugenia acogió el homenaje a Laboa con todo el aforo del teatro lleno. / SARA SANTOS'

Iñaki Salvador y su grupo emocionaron con un nuevo homenaje a Laboa en clave de jazz. Las voces de Ainara Ortega y María Berasarte se alzaron sobre la música del pianista y su extraordinaria banda

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉS SAN SEBASTIÁN.

Sabido es que Iñaki Salvador es tan ágil con las teclas como con la lengua, y que sus conciertos son doblemente gozosos por la gracia con la que introduce sus composiciones. Ayer, sin embargo, estuvo menos locuaz que de costumbre: quiso dar protagonismo a Mikel Laboa, a su música y al extraordinario elenco que le escoltó en un abarrotado Victoria Eugenia.

El 1 de diciembre se cumplirá una década del fallecimiento de Laboa y quien fue su acompañante al piano durante 25 años volvió a rendirle homenaje llevando sus canciones al terreno del jazz. «Te echamos en falta y este concierto es para ti», dijo Salvador al inicio de la función, concebida «como una fiesta para celebrar» la suerte de haberle conocido. Tras recordar que Mikel siempre le animó a dejarse llevar -algo inherente al jazz y a la música improvisada-, el donostiarra se permitió contar un único chascarrillo. Al parecer, cuando Laboa terminaba un concierto y el público, entregadísimo, le pedía un bis, él solía mostrarse reacio a volver al escenario. «Me decía que estaba cansado, que quería un poco de agua, y al final me pedía: 'Jo, Iñaki, ¿por qué no sales tú y les tocas una bonita?' Hoy me veo obligado a tocar once 'bonitas' sin él», aseguró, emocionado.

La primera fue 'Kantuz', balada dirigida por Ainara Ortega, que después iría alternando protagonismo vocal con María Berasarte. Dos de las mejores voces de la escena vasca embellecieron un homenaje que continuó con 'Hegazti errariak', con ritmos más improvisados, e 'Izarren hautsa', en una preciosa versión cuyo susurrante inicio a golpe de escobillas derivó en un crescendo arrebatador.

El emocionante homenaje a Laboa estuvo marcado por la calidad y la calidez

Ángel Unzu cambió la guitarra eléctrica por el bouzouki y, aunque Berasarte abandonó su faceta de fadista hace unas semanas, volvió puntualmente a ella para derrochar expresividad vocal y gestual en 'Nao es tu, faculdade de sentir', letra escrita originalmente en portugués por Joseba Sarrionandia. El piano de 'Haize hegoa' trajo ecos de Herbie Hancock y permitió a Ortega rematar su irresistible scat con un irrin-tzi. El público siguió atento el recital, sólo interrumpido por el llanto de un bebé durante la digresión de contrabajo de Javier Mayor de la Iglesia; sin duda alguna, la criatura lloraba porque tenía hambre y no porque no le gustara el solo, que fue soberbio.

El guitarrista dio un toque experimental a la introducción de 'Aintzinako bihotz' e hizo chocar un pequeño ventilador de juguete contra las cuerdas: convenientemente manipulado mediante el uso de pedales, el sonido provocó interferencias sobre las que se alzó la letra de Atxaga a la que Berasarte añadió las correspondientes estrofas en alemán. Después sumó su voz a la de Ortega para cantar a dúo, de modo mucho más desenfadado, 'Oi Pello Pello', que en ocasiones pareció contagiarse de un cierto color latino. 'Sorterriko koblak', de nuevo con texto de Sarri, permitió a Hasier Oleaga lucirse con las baquetas y al público disfrutar de un batería que hace magia con los tambores.

En 'Lizardi', tango escrito por Atxaga, sólo faltó el bandoneón porque los músicos y Ainara Ortega le otorgaron un arrebatador tono arrabalero antes de que Salvador agradeciera «el increíble regalo» que supone tocar con semejante «cuadrilla». «Siempre estamos riendo, no podemos parar de reír», subrayó antes de recordar lo mucho que rió y lloró con su maestro. Al grito de «¡Aupa, Mikel!» abordó la obligada 'Txoria txori', cuyo final fue de ensueño, con las maravillosas voces de las cantantes elevándose hacia la cúpula del teatro.

La percusión dominó la despedida con un 'Baga biga higa' irreconocible al inicio y que fundió el jazz con el espíritu libertario de los 'lekeitios' de Mikel Laboa. La función terminó en plan romería con Ainara Ortega tocando el pandero mientras su compañera y los músicos no dejaron de improvisar. Ante la insistencia del público hubo un bis, el 'Negu hurbilak' de Xabier Lete, por lo que las canciones 'bonitas' fueron doce y no las once anunciadas al principio. Lleno de calidad y calidez, fue un delicioso y emocionante homenaje que debería tener continuidad más allá de la función de ayer y de la que este domingo tendrá lugar en la Plaza Txistulari de Villabona a las 20.00 horas.

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