Clases magistrales en San Telmo

Patri Goialde, en un momento de la charla sobre Duke Ellington en San Telmo, donde pinchó algunos temas del músico y se proyectó un breve vídeo./UNANUE
Patri Goialde, en un momento de la charla sobre Duke Ellington en San Telmo, donde pinchó algunos temas del músico y se proyectó un breve vídeo. / UNANUE

Patri Goialde ofreció una charla sobre Duke Ellington y el tándem Herwig-Martín libró un amistoso duelo de trombones

Juan G. Andrés
JUAN G. ANDRÉSSAN SEBASTIÁN.

Musikene trasladó ayer sus aulas a San Telmo, donde el Jazzaldia inauguró oficiosamente su 53ª edición. El abarrotado patio del museo albergó varias clases magistrales, casi todas impartidas por el profesorado del Centro Superior de Música del País Vasco, en un esquema que se repetirá cada mañana hasta el sábado: Patri Goialde da una charla sobre una leyenda del jazz y después, docentes de Musikene y otros invitados ofrecen un concierto.

El director del festival, Miguel Martín, destacó la «función pedagógica» del evento y advirtió a los espectadores de que «nadie les va a explicar mejor ni de forma más amena» las vidas y milagros de Duke Ellington (ayer), Billie Holiday (hoy), Charlie Parker (mañana) y Charles Mingus (el sábado). Y así fue. El guitarrista y profesor de Historia del Jazz glosó con profusión de detalles y anécdotas la figura de Ellington (1899-1974), con tanto acierto que muchos de los presentes volvieron a casa deseosos de profundizar por su cuenta en la materia.

El pianista, compositor, arreglista y director de big band estadounidense desarrolló su carrera durante medio siglo en el que desarrolló una sonoridad propia. Autodidacta, tuvo como escuela el famoso Cotton Club de Nueva York, cuya orquesta dirigió. En los años 30, Ellington fue uno de los reyes del swing durante la única época de la historia en la que el jazz, creado más para bailar que para escuchar, «fue número 1 en 'Los 40 Principales'», según la gráfica descripción de Goialde: «Después de esa edad dorada jamás volvería a ser una música de masas».

«En los años 30 el jazz fue número 1 en 'Los 40 Principales' y luego dejó de ser para las masas»

Además, el profesor pinchó varias piezas de Ellington -'Sophisticated Lady', 'Concerto for Cootie', 'Take The A Train'...-, que permitieron conocer o redescubrir las singularidades del autor. La II Guerra Mundial y la irrupción del be bop cambiaron el jazz para siempre, pero Ellington siguió al frente de su orquesta, tocó con promesas como John Coltrane o Charles Mingus, y escribió música para cine ('Anatomy Of A Murder', 1969), teatro, ballet y otros espectáculos. Hasta su muerte dejó registrados unos 1.500 temas y su figura está entre las más importantes del Olimpo jazzístico.

Juego entre maestros

Tras la brillante lección de historia, Goialde dio paso a otra clase magistral, en este caso práctica, oficiada por «uno de los mejores trombonistas del mundo», el estadounidense Conrad Herwig, y por «el mejor del Estado», el valenciano Carlos Martín. El primero actuó como invitado de lujo y el segundo, como portavoz de un grupo de profesores de Musikene completado por Roger Más (piano), Gonzalo Tejada (contrabajo) y Guillermo McGill (batería).

El quinteto cedió el protagonismo al dúo de trombones, no tan frecuente como otras combinaciones habituales en el jazz. Ambos músicos hicieron dialogar sus instrumentos, los superpusieron en maravillosas armonías y también alternaron distintos y explosivos solos desde el inicio con '24 for Frank', compuesta en honor de otro ilustre trombonista, Frank Rosolino. Fue un mediodía de homenajes como el que recibió John Coltrane con 'Lonnie's Lament', pieza a la que el piano otorgó un cierto color latino, o el soplador Curtis Fuller, recordado en 'Dubois' Delight'.

El quinteto de Herwig y Martín recordó a artistas como Davis, Coltrane, Raulzinho y Rosolino

Martín no ocultó su emoción por compartir escenario «con uno de los mejores trombonistas de la historia del jazz pese a que aún es joven» y el aludido utilizó su «castellano uruguayo» para presentar temas como 'Raulzinho's Ride', dedicado al brasileño Raúl de Souza, otro colega de instrumento que no toca el trombón de varas como ellos, sino el de pistones. Tras la arrebatadora balada 'You Don't Know What Love Is', en la que sólo hubo un trombón (Herwig), se despidieron todos con el 'Devil May Care' de Miles Davis. Entre maestros anduvo el juego.

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