Caetano Veloso, en familia

El músico de Bahía inaugura los conciertos del Kursaal con un espectáculo intimista en compañía de sus tres hijos

Caetano Veloso y sus hijos en el Kursaal. /USOZ
Caetano Veloso y sus hijos en el Kursaal. / USOZ
CARLOS RODRÍGUEZ VIDONDO

Saco Santo Amaro de Purificação. Estado de Bahía. Brasil. Una casa baja de piedra blanca con arcos de medio punto. Cruzando el pequeño patio, un salón con cuatro sillas de enea y tres guitarras. Si acaso alguien me preguntara por las imágenes que nos evocó la tarde de este jueves, esta escena creo que sería lo más aproximado. Eso sí, el pequeño salón de terciopelo burdeos de la familia Veloso estaba ayer abarrotado. A lo lejos, en la entrada, se divisaba el cartel colgante de «No hay billetes»» Y fueron muchos los que lo lamentaron. Porque nuestro querido auditorio donostiarra se reconvirtió. Respiraba nerviosismo entre las butacas de un público que cubría prácticamente todos los rangos de edad, y los diez minutos de cortesía resultaron eternos. Había ganas de estreno del Jazzaldi en el Kursaal. Eso se nota.

Se abre el telón y aparecen los cuatro personajes frente a un fondo rojo atardecer y un sol redondo sobrevolándoles. Comienza a sonar 'Alegría, alegría', como si nos estuvieran leyendo la mente. El Pater familias a la guitarra y a la voz, Moreno con un pandero, Zeca a los teclados y Tom al bajo eléctrico. Una formación que no tardarían en abandonar, creando un baile de instrumentos que resultaba totalmente natural (al menos para los hermanos). Ya con el segundo tema 'O seu amor' pudimos comprobar que la reunión familiar no tenía protagonistas, es más, la timidez y sensibilidad de cada uno de ellos superaba la del de al lado. Compartieron generosamente todas las estrofas y, en los estribillos, los cuatro miembros, ya a unísono ya a intervalos de voces, resolvían la jugada con una explosión de color. El brillante sol se encendía y apagaba con la música y, al final de la tercera canción, Caetano expresó por el micrófono la «belleza de estar otra vez en San Sebastián, Donosti». Era su tercera visita, suficiente para enamorarse perdidamente de la Bella Easo.

La visita al hogar familiar resultó verdaderamente acogedora. Las anécdotas padre-hijos y entre los propios hermanos se sucedían. Que si esta canción la escogió Zeca para el setlist, que si esta otra me la regaló Moreno en un coche, que si Tom es muy vergonzoso para atreverse con esta otra… Las intimidades de cada uno de ellos se nos iban revelando como a aquel amigo que vuelve tras años lejos de casa. Y quizá por ello, la confianza fue aflorando hasta sacar a la luz la extraordinarias aptitudes para el baile escondidas en la familia. «Hay que ser brasileiro para esto… ¡Qué sensibilidad!», se oía entre los corredores y las palmas y vítores se hicieron notar con las primeras notas de 'Alexandrino', un tema fusión con base electrónica que cambiaba radicalmente la serenidad que nos había transmitido hacía unos instantes la cadencia final de acordes de 'Um só lugar'.

Hubo temas originales e inéditos de cada uno de los hermanos, que demostraron la capacidad heredada para la composición. También momentos a capella que quitan el hipo; melodías casi susurradas que parecían resquebrajarse en los labios y una ligereza en el ambiente resultado de una perfecta cohesión entre las guitarras y los niveles de ecualización sonoro. Los recursos percusivos de Moreno aguantaban el tirón mientras hacían caminar los ritmos de bossa nova de las guitarras y Veloso padre, entonces, comenzó a sentir el cosquilleo de salir a bailar con su hijo. Y vaya que lo hizo. 'How Beautiful Could a Being Be' acompañaba al artista en sus contorneos, algo que, como un 'déjà vu', nos recordó al Caetano Veloso más reivindicativo y juvenil. Historia viva del Tropicalismo. Historia viva de Brasil.

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