Bagaje neoyorkino y sensibilidad lusa

Salvador Sobral mostró toda la música que lleva dentro en la actuación que ofreció anoche en la plaza de la Trinidad. También tuvo tiempo en interpretar la canción 'Txoria txori' en su concierto. / SARA SANTOS

El trío de Benny Green ratificó en la plaza de la Trinidad la vigencia del clásico trío de jazz y Salvador Sobral demostró su pertenencia al género

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDO San Sebastián

La plaza de la Trinidad volvió a llenarse por completo en la noche del sábado. De hecho, las entradas estaban agotadas desde varias semanas antes. Y el gancho del programa doble que abría el pianista neoyorkino Benny Green con su trío, estaba claro: en la segunda parte actuaba el cantante portugués Salvador Sobral, que llegó a la verdadera popularidad el año pasado al ganar el festival de Eurovisión con 'Amor pelos dois', compuesta por su hermana Luisa, y la renovó en la última edición regresando tras un trasplante de corazón para interpretar la tonada junto a Caetano Veloso. el Se ganó desde el principio al público que le rindió en pie una gran ovación tras interpretar al piano, en solitario, el 'Txoria txori' de Mikel Laboa.

La primera parte del concierto del sábado estuvo ocupada por puro jazz en el clásico formato de trío. El neoyorkino Benny Green se encarga de mantener las esencias del jazz americano de los años 50 y 60, esa época de espléndor en la que se establecieron tantas bases del género. Benny Green tiene 55 años pero llegó a tiempo de aprender con Art Blakey y muchos otros maestros de los fundamentos jazzísticos de la época. En compañía de Mike Gurrola en el contrabajo y Aaron Kimmel en la batería, dio su propia lección para el siglo XXI de esa tradición.

Benny Green salió a escena como si viniera directamente de Wall Street, con su traje de ejecutivo, su corbata estampada y su maletín. Pero ahí acabaron todas las formalidades, enseguida comenzó su pasión por el be-bop y su entrega absoluta al teclado de un piano que recorre con la experiencia de un maestro y con la emoción de un joven que goza con el descubrimiento de la música. 'Be a Sweet Pumpkin' fue un sencillo calentamiento, pero en cuanto acometió 'Minor Contender' de Hank Jones, agarró una endiablada velocidad incesante sobre el teclado, mientras saltaba de un lado a otro de su asiento, con una precisión asombrosa, incluso cuando decidió brindar esa locura de escalas simultáneamente con las dos manos. Técnica depuradísima, sí, pero sobre todo entrega y conocimiento.

A un lado del 'backstage' los tres músicos de Cécile McLorin Salvant seguían todo el concierto con el entusiasmo que les caracteriza. Y no eran los únicos, claro- Benny Green y sus dos fieles escuderos, que seguían al pianista como si fuera fácil volvieron a la carrera, pero también se acercaron al blues más reposado acudiendo a composiciones de Duke Pearson o Fredie Hubbard ('Down Under'), al boogie-blues y a la balada arrastrada que Benny Green degustó delicadamente, pero también dramáticamente. En la velocidad y en la calma, Benny Green se mostró como un valor seguro para seguir brindado todas las posibilidades del jazz clásico con una gran paleta de matices y emociones. Fue despedido con una gran ovación.

«Si alguien hace tres años hubiera dicho que en el Jazzaldia iba a cantar el ganador de Eurovision todos hubiérais dicho: 'Este está borracho'. Tampoco yo hubiera pensado nunca que iba a cantar en uno de los mejores festivales de jazz del mundo». Así se presentó Salvador Sobral, dando saltitos de emoción, con la informalidad y sencillez que le caracteriza, y con la delicadeza de su voz plasmada ya en la inicial 'Change'.

Cantó en inglés, español y portugués, recitó jugueteando con 'La vida es sueño' y se apasionó con las palabras de Pessoa y la bella melodía de 'Presaggio'. Jazz, sones portugueses, fraseos pop se entremezclaban mientras Salvador demostraba que su voz tiene muchos matices. Desató su expresividad, del rugido al susurro, del entusiasmo a la 'saudade', en 'Cerca del mar' y 'Ela disse-me Assim'. Y con sentido del humor y espíritu juguetón. No dejó para el final 'Amor Pelos dois', que cantó con emoción pero quedó como una más de un variado y nutrido repertorio, que el público celebró con entusiasmo de principio a fin.

 

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