Iban Zaldua: «Trato de evitar el posicionamiento moral que tiende hacia el sermón»

El escritor donostiarra Iban Zaldua, ayer en Vitoria./JESÚS ANDRADE
El escritor donostiarra Iban Zaldua, ayer en Vitoria. / JESÚS ANDRADE

El escritor donostiarra reúne en 'Como si todo hubiera pasado' más de cuarenta relatos sobre ETA, sus víctimas y la sociedad que las alumbró

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Convertido en una de las voces más originales de la literatura en euskera y poseedor de una de las miradas más heterodoxas sobre el llamado 'conflicto vasco', Iban Zaldua reúne en 'Como si todo hubiera pasado' (Ed. Galaxia Gutenberg) más de cuarente relatos sobre este asunto publicados a lo largo de los últimos veinte años. El resultado es una panorámica compleja, sembrada de voces diferentes, en ocasiones opuestas, que interroga una y otra vez a al lector sobre lo que sabe y lo que cree saber, sobre lo que sucedió y lo que cree que pasó. Y en el corazón de estas historias, los pequeños gestos y gestas de la vida cotidiana.

- ¿Es este volumen el final de una etapa en su trayectoria literariacon el conflicto vasco como tema?

- No lo sé porque no planifico mi carrera, pero creo que seguiré escribiendo sobre el asunto, quizás con otra perspectiva. Ya en los últimos relatos del volumen se nota que más que sobre la cuestión misma, tratan del post-ETA y la discusión en torno al famoso 'relato'. Pero bueno, desde que acabé el libro he escrito otro par de cuentos sobre el tema.

- Ya que menciona los últimos relatos, el que cierra el volumen, 'Itinerario', sobre un recorrido turístico por los lugares de la memoria de Donostia, parece más próximo en el tiempo de lo que parece.

- No, no, no está situado en un futuro tan lejano. Tiene unos retazos de ciencia-ficción, pero estoy de acuerdo en que eso está a la vuelta de la esquina.

- ¿Qué visión ofrecen en su conjunto todos estos relatos sobre los veinte años en los que fueron escritos? Ha intentado ponerse en el pellejo, si no de todos, sí de muchos.

- Sí, de muchos. Me cuesta encontrar un eje central o algo que aglutine todo, excepto que tocan el tema del conflicto, pero la conclusión no buscada es la diversidad de enfoques y de situaciones. De hecho, he hecho un recuento clasificatorio un poco burdo de cuentos en los que el sujeto central es una víctima de ETA, de los que están protagonizados por una víctima del Estado, o un etarra, o uno de la izquierda abertzale. Y para mi sorpresa sale bastante equilibrado. Pensaba que había escrito más sobre victimarios, sobre etarras, que sobre víctimas, pero no es así. Dominan los cuentos que tratan sobre la cotidianeidad de la gente que no está tan implicada, ni con el Estado, ni con ETA.

«Pensaba que tenía más relatos sobre victimarios que sobre víctimas, pero no es así»

«La ficción no puede aportar al testimonio de una víctima o de uno de ETA, sino en lo micro»

«Tengo algunas certezas flotantes y muchas más dudas, y una forma de afrontar eso es escribir»

«Tengo mi posición política y ética, pero en la escritura me interesa investigar otra cosa»

- Si lo personal es político, en algunos de sus relatos funciona también a la inversa: lo político es personal.

- Es donde puede incidir más la literatura. ¿Qué puede sustituir al relato de una víctima o al de alguien que ha estado en la dirección de ETA y cuente sus memorias? Ahí el aporte que puede hacer la ficción no es muy grande, no tanto como el del testimonio real. Sin embargo, en el ámbito del comportamiento social, en el de lo que la gente ha hecho o, sobre todo, no ha hecho, en el de mirar hacia otro lado, en el de las discusiones que se producían o que se evitaban, en el de los alejamientos o acercamientos, es donde la literatura puede buscar el matiz, la parte micro de lo que deber ser contado. Ahí puede ser más relevante la literatura.

- ¿Le interesa más cómo se filtró el conflicto en los entresijos de la vida cotidiana que el gran relato totalizador, en plan 'Guerra y paz'?

- Sí, es la conclusión que yo he sacado en ese recuento numérico de los relatos por temas que comentaba. Me da la impresión de que he tirado más por ahí a la hora de escribir, lo cual tiene que ver con mi posición. Soy parte de todo esto porque milito o porque voy a una manifestación, pero no soy uno de los grandes protagonistas. No me ha tocado de cerca que un familiar haya sido amenazado o asesinado. Sí otro tipo de cosas, como tener un compañero de trabajo con escolta o que se haya tenido que ir del país o tener alumnos presos a los que les hacen barrabasadas en la cárcel. Escribo desde ahí.

- Ese «desde ahí», ¿significa «desde fuera»?

- No diría desde fuera, porque no terminas de estarlo del todo, sino que eres también un actor político aunque sea a un nivel micro, pero tampoco escribes desde el centro del asunto. No estoy escribiendo desde el mismo lugar que 'Mikel Antza', por ejemplo, o un familiar de Buesa o de Miguel Ángel Blanco.

- Lo que sí hay es un posicionamiento moral en sus relatos.

- (Silencio) Sí, supongo que sí. Al final, siempre lo hay, pero al hacer literatura trato de evitar la parte del posicionamiento moral que tiende hacia el sermón. Puedo tener mi posición política o ética sobre determinadas cosas, pero lo que me interesa investigar cuando escribo ficción son otras cosas. Entiendo que hay gente que es tan buena escribiendo que puede hacer una literatura guiada por su posición ideológica o moral, pero yo no estoy a ese nivel, así que pretendo que mi literatura sea efectiva y refleje la vida de manera literaria.

- ¿El cliché es el gran enemigo?

- Sí, sí... Una de los objetivos a los que debe aspirar la buena literatura es combatir el tópico, erosionar el cliché y, en ese sentido, lo intento. Otra cosa es que lo logre, eso lo tiene que decir el lector.

- Buena parte de estos relatos y su enfoque literario en general son conocidos en Euskadi, pero ¿cómo cree que serán entendidos fuera de aquí?

- Sí creo que se desvían del discurso que se ha recibido sobre este tema por parte de la prensa y de algunos escritores en el mundo de habla hispana. Tampoco es la primera vez. Han llegado otros discursos de otros autores, como Bernardo Atxaga, Jokin Muñoz o Ramon Saizarbitoria.

- Pero usted introduce el factor humorístico, ausente en esos autores que cita.

- Sí, quizás ahí sí ahí más aporte, diferente a los autores que he mencionado, que van más a lo grave. También es verdad que algunos capítulos de 'El camino de la oca', de Muñoz, me parecieron muy graciosos, o quizás graciosos por no llorar. Pero sí, hay relatos en este libro de ese tipo. No pretendo alardear de originalidad en ese sentido. Hay que reivindicar a los autores anteriores y, en mi caso, bebo mucho del humor del relato largo de Luistxo Fernandez 'Kontaktua' (1995) o las tiras de Zaldieroa sobre 'The organization'. Me enseñaron que el humor también se puede utilizar para abordar temas tan graves como éste.

- Algunos de sus cuentos dan la sensación de que los ha escrito para fijar su posición sobre determinadas situaciones muy concretas, como si fueran la respuesta a una interrogación que se formulaba.

- Sí, tiene mucho que ver. Hay relatos muy pegados a lo que estaba pasando alrededor y a cómo lo vivía yo. Algunos tienen un ánimo más histórico, pero otros están muy pegados a los sucesos cotidianos. No he intentado hacer unos 'Episodios nacionales'.

- ¿Envejecerán bien?

- No lo sé. Mirando atrás, algunos de los más antiguos me siguen gustando y me sigo reconociendo en ellos como escritor. Me pasa con varios de los que escribí hace veinte años, cosa que no me ocurre con otros anteriores. También es normal porque era más joven y tenía menos dorminio del tema. En todo caso, es algo que no me preocupa demasiado porque me interesa la inmediatez y siempre pienso que si los relatos merecen sobrevivir en el futuro ya se ocupará alguien de poner unas notas a pie de página.

- Igual algunos lectores de hoy en día ya las necesitarían: quizás sus propios alumnos de la universidad no hayan oído hablar de Euskadiko Ezkerra.

- Ya, ya... es verdad. Bueno, ahora mismo, con Google y la Wikipedia puedes consultar lo que necesites en el mismo aparato en el que estás leyendo el libro. A ver: eso ocurre siempre, lo mismo que alguien de mi cuadrilla o familia va a encontrar en los cuentos más cosas que el lector común porque reconocerá personajes o situaciones, pero se siguen entendiendo. Quizás dentro de veinte años ya no, por eso creo que éste es el momento de publicarlos.

- ¿Teme que le tachen de equidistante? Bueno, supongo que ya lo habrán hecho...

- Sí, ya me ha pasado, pero no me ha afectado mucho porque no me siento así. Tengo una serie de certezas, bastante flotantes, y un número mucho mayor de dudas. Una forma de afrontar eso es escribir, para ti y para los demás. Es un poco lo que dijo Atxaga sobre las acusaciones que se cruzaban Muerte 1 -el Estado- y Muerte 2 -que sería ETA-. El colorario al que llegaba en respuesta a aquella acusación de equidistancia era que los que no estábamos con Muerte 1, ni con Muerte 2, no es que estemos en el medio: es que estamos en todas partes. Y ésta es mi manera de intentar estar en todas partes, no creo que lo haya conseguido.

 

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