Los rostros del sufrimiento en el mayor campo de refugiados del mundo

Los rostros del sufrimiento en el mayor campo de refugiados del mundo
IÑIGO ROYO

Las «deplorables condiciones» en que viven más de 700.000 personas de la minoría rohingya en Bangla Desh se revelan en una exposición en el centro cultural Aiete

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDO

Rostros en primer plano para mostrar las personas que se difuminan en el gigantesco campo, situaciones que revelan las dificultades de higiene y supervivencia, y ejemplos de la precaria habitabilidad de tiendas y chabolas hechas de plástico y caña son algunos de los focos de atención de la exposición 'El éxodo rohinya'. El Festival de Cine y Derechos Humanos y Médicos Sin Fronteras llevan al centro cultural Aiete un conjunto de fotografías de gran tamaño y una pieza de realidad virtual de cinco minutos, realizadas por Anna Surinyach, que tratan de lograr la inmersión del visitante en un problema humanitario de gran magnitud pero no muy conocido. «Solo desde el aire se puede comprender el tamaño del territorio entre colinas que ocupa el campo de refugiados», explica el periodista Zigor Aldama, que visitó el año pasado el campo situado en el distrito de Cox's Bazar de Bangla Desh donde más de 700.000 personas de la minoría rohingya se asentaron tras los brotes de violencia que los expulsó de Birmania. El campo existe desde los años 80, pero la situación se agravó sobre todo con la crisis de 2017, cuando en solo tres meses se asentó en el lugar más de medio millón de personas.

«La gente pasa allí ciclones y lluvias monzónicas, enfermedades y escasez de agua y alimentos, en sus tiendas y chabolas de plástico y caña. Queremos que la gente que visite la exposición se ponga en la piel de esos refugiados y experimente cómo viven, para que no se olvide que están ahí», señala Nagore Eskisabel. «Es una macrociudad con más personas que en todo Gipuzkoa, un hacinamiento que ocupa una península con colinas. Allí antes se vivía de la agricultura, la pesca y el contrabando, pero eso no da para un millón de personas, entre los que ya vivían ahí y los nuevos refugiados», explica Aitor Zabalgogeazkoa, exdirector general de Médicos Sin Fronteras.

«La crisis comienza porque los budistas consideran que los rohingya son bengalíes que llegaron con los británicos colonizadores, emigrantes apátridas a los que Birmania no reconoce», relata Zigor Aldama. «En Birmania hay 134 minorías y algunas tienen sus propios grupos armados». A partir de un atentado del grupo armado de los rohingya se desencadenó la violencia, con cerca de diez mil muertos, que dio lugar al éxodo masivo de 2017.

«Es un problema muy complejo», advierte Aldama. «Además de las deplorables condiciones de vida, y las enfermedades crónicas, con una población infantil grandísima, el problema de salud mental es grave, porque la mayoría de las familias han perdido a varias personas y la violencia extrema a la que se vieron sometidos ha provocado muchos traumas». La desertización de la zona causa corrimientos de tierra, y los problemas se multiplican, desde ataques de elefantes al tráfico de personas y de drogas».

El problema no tiene visos de solución, admite Aldama. «Birmania odia a los rohingya, hay un rechazo frontal de gran parte de la población local, y aunque ahora hay un gobierno más o menos democrático, hablar en favor de los rohingya sería un suicidio político para cualquiera. Creo que la situación se va a cronificar y se irá olvidando, como ha ocurrido con otros conflictos. Esperemos que Occidente encuentre alguna otra fórmula».

La exposición estará abierta hasta el 30 de mayo, de martes a viernes, de 16.00 a 20.30 horas, los sábados de 10.00 a 14.00 y de 16.30 a 20.00 horas, y los domingos de 10.00 a 14.00 horas. Hay visitas guiadas disponibles con trabajadores de Médicos Sin Fronteras, previa reserva de plaza en los números de teléfono 943 456 000 / 678 204 635. La pieza de realidad virtual se puede experimentar los jueves y viernes, de 17 a 20 horas; y sábados, de 11 a 13 horas, así como en visitas guiadas.