Cabrerizo: «Johnny Hallyday cambió la mentalidad de Francia y se hizo un icono nacional»

Felipe Cabrerizo, devoto de Johnny Hallyday./MICHELENA
Felipe Cabrerizo, devoto de Johnny Hallyday. / MICHELENA

El donostiarra resume la vida y obra del mítico músico en el libro 'Johnny Hallyday, a toda tralla' que presenta hoy en el Dock of the Bay

RICARDO ALDARONDOSAN SEBASTIÁN.

Tras elaborar la minuciosa biografía 'Gainsbourg: elefantes rosas' y traducir las memorias de Françoise Hardy 'La desesperación de los simios... y otras bagatelas', Felipe Caberizo (San Sebastián, 1973) acomete la inabarcable vida y obra de otro mito de la música popular francesa en 'Johnny Hallyday: a toda tralla'. Cuando Cabrerizo puso el punto final al libro (el primero sobre el músico que se escribe en castellano que presenta hoy a las 19.30 horas en Kutxa Kultur Plaza), en la madrugada del pasado 6 de diciembre, el gran Johnny fallecía a los 74 años. Pero el libro también recoge lo que ocurrió a continuación en un último capítulo de urgencia.

- Un funeral con un millón y medio de personas en los Campos Elíseos, un duelo masivo, ¿ese final dio la verdadera dimensión de Johnny Hallyday?

- En España no hay un referente similar. Es el respeto que se tiene en Francia a sus artistas. Para buscar una despedida semejante hay que remontarse a Víctor Hugo. Era un icono nacional, y esto da una idea de lo que ha sido Johnny en la estructura, no solo musical sino social, de Francia en la segunda mitad del siglo XX, trayendo un nuevo tipo de música y una nueva mentalidad a toda la sociedad. Siempre se piensa que su época dorada fueron los años 60, pero en realidad en Francia fueron los 90, cuando cumplidos los 50 años se convirtió en algo que pertenecía a todos los franceses. En sus conciertos se veía gente de todas las generaciones. Y era capaz de reunir un millón de personas en un concierto ante la torre Eiffel.

«Comprendió pronto que debía reinventarse para seguir siendo reconocible»

«Con su energía monumental, su vida estuvo llena de subidas y bajadas muy bruscas»

- Empezó siguiendo los pasos de Elvis Presley y acabó convertido en un mito casi del mismo calibre.

- O mayor, porque Elvis vivió un poco en una cápsula al márgen de su sociedad, pero Johnny se entronca plenamente en la sociedad francesa, en su evolución política.

- Con una carrera de casi 60 años, ¿cómo consiguió reinventarse?

- Es curioso porque él venía del arroyo más absoluto, y funcionaba por impulsos. Se dio cuenta desde muy joven de que había cambiar continuamente para seguir siendo reconocible. Y fue uno de los primeros en comprenderlo, porque cuando empezó, y estamos hablando de 1960, aún no grababan ni The Beatles ni The Rolling Stones. Solo había un lejano eco de lo que pasaba con Elvis en Estados Unidos. Empezó como un rocker y lo mantuvo, tocando diferentes géneros e ideas, con su energía sobrehumana, hasta el último disco, que es una vuelta al puro rockabilly, con 72 años. También sabía que reinventarse suponía ceder en algunas cosas. En los 80 se encontró con una deuda inmensa a Hacienda que no podía pagar, la discográfica se hizo cargo, pero a cambio de obligarle a grabar numerosos discos sin su control. En 1985 tuvo una especie de resurrección, cuando se quitó ese lastre e hizo un disco maduro a los 42 años. Se dio cuenta que tenía que hacer algo nuevo y con más capas en la letra y en la música, colaboró con Michel Berger y logró superar el desprecio que había tenido hasta entonces por parte de la izquierda francesa.

- Sorprende esa permanente energía que le hace superar incluso serios enganches a la cocaína.

- Se fue forjando este mito del superhombre, y hubo una buena cantidad de bulos que le daban por muerto. Era como una contrapartida de esa energía monumental con la que se mantenía siempre incólume. Por eso nos costó tanto asumir su verdadera muerte. Era hijo de artistas, de cómicos de la legua, y desde pequeño aprendió que el esfuerzo y el rigor eran imprescindibles para poder trabajar.

Presentación

19.30
Libro 'Johnny Hallyday: a toda tralla', por Felipe Cabrerizo. Kutxa Kultur Plaza.

Proyecciones

19.00
'Living On Soul', de Cory Bailey y Jeff Broadway.
21.00
'Atrapados por la serpiente', de Álvaro Fierro & Ibon Ibarlucea.
22.30
'Manchester Keeps On Dancing', de Javi Senz.
Todas en los cines Trueba.

Fiesta Keler

00.00
Con Pinchadiscos de Hierro y Cromo. En Convent Garden.

- El libro comienza con el funeral del padre, una escena impactante.

- El padre era un personaje de cuidado, un belga que se integró en la bohemia parisina. Cuando Johnny tenía un mes de vida, su madre llegó a casa y se encontró al bebé solo en el suelo, encima de una manta y creyó que habían entrado a robarle, la casa estaba vacía. Cuando pasaron las horas se dio cuenta de que era su marido el que se había llevado todo para venderlo e irse de borrachera. Y en Johnny esa ausencia del padre es una herida abierta continuamente. Cuando Johnny ya era famoso tuvo un encuentro con su padre, y al llegar, de pronto aparecieron fotógrafos por todas partes. El padre había vendido la exclusiva del encuentro. Y hay mucho más.

- Saltemos al final, a su última gira, también muy significativa.

- Sí, porque refleja que la suya es una historia de subidas y bajadas muy bruscas. Aunque se le había reproducido el cáncer, había previsto una gira con Jacques Dutronc y Eddy Mitchell. Yo pude ver el primero y el último concierto de la gira. El primero fue desolador, Johnny estaba consumido, tenía dificultades para respirar, se sentaba en la barra de bar que había en el escenario. Con el increíble poderío escénico que tenía siempre, fue muy duro verle así. Pero dos meses después, en Carcassonne, era otra persona, había renacido una vez más. Tenía la misma voz impresionante de siempre.

- ¿Tantos años de carrera, y solo actuó una vez en San Sebastián?

- Sí, en 1966, en unos conciertos que se hacían en el Tenis, y al día siguiente actuó Sylvie Vartan. En la Fototeca Kutxa hay algunas fotos del concierto, y de los dos paseando por la plaza de Gipuzkoa.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos