EL FANDI RIÑE CON EL PALCO

BARQUERITOTOROS

Los dos toros de mejor son de la corrida de tres hierros de los Matilla fueron, sin contar un bondadoso sexto, primero y cuarto. El primero, el mejor rematado. El cuarto fue también el de más armonioso remate. A ambos les dio fiesta El Fandi, que anduvo a gorrazos como quien dice.

Largas cambiadas de rodillas en el tercio para recibir a uno y otro. Galleos, lances de capa acartonada y sin vuelo, pero de brazos y pulso buenos. Tres pares de banderillas al primero y cuatro al cuarto: cinco cuarteos y dos violines, y tras el último la carrera por delante y marcha atrás, y el dedo imperativo en el testuz que acaba deteniendo rendido y en seco al toro, y la gente se pone de pie con asombro siempre renovado.

Y dos faenas a destajo en toda regla porque David, que brindó al público las dos, acabó pegando cerca del centenar de muletazos y no escatimó esfuerzos para exprimir hasta la última gota de celo, entrega o bravura de esos dos toros, muy distintos. El primero metió la cara de verdad, repitió con ganas y resistió sin duelo una faena desmedida. No hubo apenas pausas entre tandas, que fueron una docena. El Fandi abusó del toreo a suerte descargada y también de los gestos o guiños al tendido. Muchos molinetes, un doble y casi triple circular celebradísimo, toreo rehilado.

Facundia sin reservas, todo el oficio del mundo. Para que nadie pensara que El Fandi, que termina temporada tan fresco como si la empezara, había venido a Zaragoza de visita. Esta es una de sus plazas fuertes. Lleno en tendidos. Solo claros menores en la sombra. ¿Tanta gente? Por El Fandi, que después de una tanda de montalvinas, cobró con el primero una estocada soltando el engaño. Sin puntilla. Hubo mayoría notoria de pañuelos, pero el palco no atendió el reclamo. Con gesto compungido dio El Fandi una vuelta triunfal.

Abroncaron al presidente, que, en uso de su potestas, también negó a David la segunda oreja del cuarto, con el que El Fandi no trabajó tanto ni tan suficientemente como el primero.

Las dos faenas infatigables de El Fandi se atuvieron al canon de las llamadas faenas de sol, pero más la segunda que la primera. También la segunda tuvo por coda una estocada inapelable. Sin puntilla. El disgusto de David al serle negada la segunda oreja -y la salida a hombros- fue escenificado con exceso de teatralidad. Al terminar la vuelta al ruedo, hizo desde los medios una reverencia de desesperación. Echó a la gente encima del palco. Nunca se había visto a El Fandi en tales términos. En el palco aguantaron el chaparrón. Tal vez por mala conciencia o en despecho el presidente premió con una oreja la segunda faena de López Simón, que no tuvo ritmo ni mayor fundamento.

El Fandi hizo de pantalla de la corrida toda y por eso no contaron apenas ni López Simón ni Ginés Marín. Al primero le incomodó el segundo toro de la tarde, por pronto y pegajoso. El tercero fue el más ofensivo de todos. Ginés Marín ni se puso propiamente ni se propuso nada. Los 640 kilos del sexto imponían, pero fue toro pastueño. Una faena sin fe de Ginés ligerita y despegada, con alguna fruslería menor y, según costumbre, paseos y más paseos entre tandas. Una buena estocada.

 

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