Éxito guipuzcoano en los premios Max

El grupo Kulunka, ayer tras recibir el galardón a 'Mejor Espectáculo de Teatro' por 'Solitudes'. /EFE
El grupo Kulunka, ayer tras recibir el galardón a 'Mejor Espectáculo de Teatro' por 'Solitudes'. / EFE

Kulunka se corona con 'Solitudes' como mejor obra y 'Meeting Point' de Ertza se lleva el galardón al mejor espectáculo de calle

OSKAR BELATEGUI

El teatro vasco triunfó anoche en la 21 edición de los Premios Max, los 'Goya' del mundo escénico que organiza la SGAE y que se entregaron en la Isla de Cartuja en Sevilla. 'Solitudes', de la compañía guipuzcoana Kulunka, se alzó con el premio al mejor espectáculo teatral por una obra sin diálogos, en la que los actores aparecen cubiertos con máscaras. Sus dos contendientes, 'Los Gondra' y 'Último tren a Treblinka', también eran producciones vascas.

El getxotarra Borja Ortiz de Gondra fue el mejor autor del año por 'Los Gondra' (Una historia vasca), una indagación sobre los orígenes de la violencia en Euskadi a través de las vivencias de una familia a lo largo de un siglo. Un éxito con llenos diarios en Madrid que ningún teatro vasco ha querido programar. Adolfo Fernández obtuvo, junto a Ángel Solo, el Max a la mejor adaptación por 'En la orilla', basada en el novelón de Rafael Chirbes sobre la miseria moral de la España del pelotazo. 'Meeting Point', de la compañía guipuzcoana Ertza, fue el mejor espectáculo de calle.

'Solitudes' prosigue la carrera internacional que Kulunka inició con 'André y Dorine', también teatro de máscaras en el que no se decía ni una sola palabra. La soledad y la incomunicación familiar son los ejes de la obra dirigida por Iñaki Rikarte (también nominado como actor por 'Soka'), un drama con momentos de poesía y humor en el que tres actores dan vida a dieciséis personajes cambiándose de vestuario y de rostro entre bambalinas. La historia de este anciano que se ha quedado viudo y al que su familia no hace mucho caso lleva el mismo camino que la anterior obra de Kulunka, representada en treinta países.

Y es que las máscaras que la compañía elabora en Hernani consiguen que el público más variado vea en ellas a seres de carne y hueso. También son muy reconocibles los personajes de 'Los Gondra', que le ha brindado a Borja Ortiz de Gondra el Max a mejor autor teatral del año. Ha llenado durante un mes el teatro Valle Inclán de Madrid con la crítica rendida, pero no se ha visto en Euskadi ya que no interesó a ningún teatro (casi todos de titularidad pública).

El Centro Dramático Nacional produjo una obra que rezuma vasquidad por los cuatro costados. Su autor se fue de Algorta a los veintitantos para estudiar Arte Dramático en París y desde entonces ha trabajado con los mejores: Lluís Pasqual, Emilio Sagi... Esta historia de una familia vasca (¿la del autor?) a lo largo de más de cien años transcurre en un frontón, espacio simbólico por excelencia «donde los vascos nos reunimos y somos nosotros mismos».

En un frontón

Los orígenes de la división de la sociedad vasca y las dificultades para una reconciliación se explican mediante tres momentos en el devenir de esta saga: una boda en los 'años de plomo', una romería en los años 40 y las guerras carlistas que dividieron familias y enfrentaron a hermanos. El 20% de la obra está hablada en euskera, hay danzas coreografiadas por Jon Maia y composiciones musicales de Iñaki Salvador. Más vascos que temas como el mayorazgo, el caserío o la pelota imposible.

Entre los treinta personajes encarnados por once actores aparecen un cura, un terrateniente y una joven abertzale que dibuja una diana en el frontón con el nombre de un primo que se negó a ceder a la extorsión de ETA. «¿Podemos olvidar ahora?» es la frase con la que concluye 'Los Gondra' y que sirve de inicio a la segunda parte que ya prepara su autor. 'Los Gondra', traducida al francés y al inglés, habla de la fatalidad de un pueblo que reproduce ciclos de violencia y es incapaz de mirarse a los ojos y pedirse perdón.

El mejor trabajo de adaptación del año corre a cargo de Adolfo Fernández. A sus 60 años, este bilbaíno nacido en Sevilla ha hecho de todo, disfrutar de la popularidad televisiva gracias a 'Policías' y 'Águila Roja', trabajar con Almodóvar en 'Hable con ella' y en un buen puñado de películas y hasta dar vida al fundador de la Legión, Millán Astray, en 'Cantando bajo las balas', un cabaret sobre la vida del novio de la muerte. Superar hace diez años un cáncer de boca que le costó la amputación de una pequeña parte de la lengua hizo que abordara con nuevos bríos su carrera.

'En la orilla' es un tratado sobre la especulación y la crisis que muestra a personajes que lucen rolex y coche nuevo hasta su bancarrota, «y que en su interior no albergan nada, salvo el vacío», define Fernández. Si en 'Tanatorio' Chirbes retrató a las élites de la economía y la política, 'En la orilla' -Premio Nacional de Narrativa y de la Crítica, entre otros- es la crónica de un fracaso colectivo a lo largo de 450 páginas, una galería de miserias morales que se sitúa en «el día después del estallido de la burbuja inmobiliaria», cuando aparece un cadáver en un pantano. La España más podrida de la especulación inmobiliaria y el dinero fácil.

'Meeting Point' (Punto de encuentro) obtuvo el Max a mejor espectáculo de calle. Asier Zabaleta dirige esta pieza breve con dos bailarines, que se interpretan así mismos: dos chicos brasileños que vinieron a Euskadi de niños y que se encontraron en la audición de la compañía Ertza. Lenguajes como el break dance y el hip hop se fusionan en una espectacular coreografía que ya fue considerada el mejor espectáculo callejero de Euskadi en 2017.

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