El enigma de las tinajas numeradas

El enigma de las tinajas numeradas

Los especialistas creen que el área de La Bretxa concentró comercios de aceites antes del incendio de 1813 | Una de las seis vasijas del siglo XVI encontradas la semana pasada en un portal de la Parte Vieja fue recuperada ayer y trasladada al depósito de Gordailua en Irun

BORJA OLAIZOLASAN SEBASTIÁN.

¿Cabrá o no cabrá por la puerta? Si algún corredor de apuestas hubiese aterrizado ayer en la Parte Vieja donostiarra hubiese tenido trabajo garantizado. Frente al portal número 4 de la calle San Lorenzo, a dos pasos de la plaza de La Bretxa, se amontonaban decenas de curiosos con teléfonos móviles en la mano. Dentro del inmueble un grupo de operarios izaba con la ayuda de una polea una de las seis vasijas de barro del siglo XVI halladas la semana pasada en las obras para instalar un ascensor. El recipiente, de más de 1,50 metros de alto y con un peso estimado por encima de los cien kilos, impresionaba por sus dimensiones. «Ese cacharro no pasa por ahí, van a tener que echar abajo una de las paredes del portal para sacarlo», aventuraba uno de los observadores. Otro, más prudente, confiaba en la pericia de los especialistas: «Si han dicho que va a entrar será que lo han medido antes».

La tinaja, sujeta con cinchas y protegida en sus dos extremos por sendos neumáticos de coche, se balanceaba mientras los operarios acomodaban planchas de madera en el suelo del portal para que el carro de palets utilizado en la maniobra pisase en firme. La impresión óptica, en efecto, transmitía la idea de que la tripa del recipiente era más ancha que el hueco. Incluso después de retirar las hojas de madera de la puerta parecía que no iba a caber. Todos los presentes contuvieron la respiración cuando los especialistas subieron la tinaja al carro y empezaron a empujarlo hacia la salida. El enorme vaso de barro pasó por centímetros a través del hueco del portal. Si los espectadores no hubiesen tenido las manos ocupadas por los móviles con los que grababan la escena probablemente se hubiesen escuchado aplausos.

La delicada maniobra fue un éxito: la tinaja no sufrió un rasguño y el portal quedó expedito para seguir con las obras del ascensor. El mérito correspondió a los técnicos de Aranzadi y de la Diputación que se encargaron de supervisar la operación y también a los operarios de la constructora que ejecuta la obra del ascensor. «Cuando encontramos la boca de la primera vasija pensamos que habíamos dado con un tesoro», contaba entre risas uno de ellos. A los vecinos del inmueble, sin embargo, el hallazgo no les hizo mucha gracia. Uno de ellos, ocupante del cuarto piso, recordó que «llevo más de quince años esperando a que pongan el ascensor porque tengo la rodilla mal y ahora resulta que nos encontramos con esta historia. Espero que lo solucionen cuanto antes y que no haya retrasos».

Sin retraso en las obras

El ascensor, confirmó la coordinadora de la obra, que estaba presente también en la maniobra, no se demorará mucho: «Nos han dicho que en cuanto saquen la tinaja podremos reanudar los trabajos, así que si todo sale bien hoy mismo volveremos al tajo». Los otros cinco recipientes que estaban a su lado, todos iguales, serán recubiertos de nuevo con arena y tierra. «El que se va a sacar era el único que molestaba para hacer el foso del ascensor, así que nos han dicho que una vez retirado se cubrirán los otros y la obra seguirá adelante».

La luz del día permitió comprobar que la tinaja extraída está en perfecto estado de revista. «Está mucho mejor que las otras diez que se encontraron en 1998 al hacer unas obras en La Bretxa», comentó uno de los técnicos de Aranzadi. El recipiente tenía grabado un número romano: LXX. Los especialistas creen que la cifra informaba de su capacidad aunque no han logrado determinar aún a qué medida se refiere. «Puede que sea una medida medieval, no lo sabemos todavía». Lo que sí esperan encontrar en un análisis más detallado de la pieza es la firma grabada del comerciante de aceite sevillano hallada en las tinajas localizadas hace diez años. «El nombre de 'Mexia' nos puso en la pista para datar los recipientes, que son del siglo XVI, y también para determinar su origen andaluz».

El hallazgo de la semana pasada, unido a los descubrimientos realizados años atrás en La Bretxa y en otros puntos próximos, han llevado a los especialistas a la conclusión de que en el área hubo un gran almacén de aceites y grasas en la época previa al incendio de 1813. «En esta zona se debían concentrar los comercios de aceites, fuesen de grasa de ballena o de oliva. Con el incendio de 1813 y la posterior reconstrucción de la ciudad todos esos depósitos se abandonaron y quedaron bajo el subsuelo. Hay que tener en cuenta que la reconstrucción se hizo a un nivel superior al de las casas anteriores, lo que explica que hasta ahora no hayan salido a la luz».

La tinaja recuperada fue trasladada en un camión al depósito foral de Gordailua de Irun, donde se custodian los restos arqueológicos del territorio. Su estudio pormenorizado permitirá a buen seguro descifrar algunos de los muchos enigmas que todavía guarda.

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