Edouard Weiss, el amigo francés que llevó a los librosel arte de Chillida

Chillida y Weiss en 1995 con el libro dedicado a Bach y la reflexión escrita por el escultor. / DV
Chillida y Weiss en 1995 con el libro dedicado a Bach y la reflexión escrita por el escultor. / DV

Fallece el editor que publicó el emblemático 'Homenaje a Bach' del escultor guipuzcoano. Su amistad comenzó con un 'golpe de efecto' del galo

Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGASAN SEBASTIÁN.

Edouard Weiss fue actor antes que editor, y quizás por eso amaba los 'golpes de efecto'. Cuando ya había comenzado su labor de publicar «libros de artista» se enamoró de la obra de Eduardo Chillida y se puso como meta editar con el escultor guipuzcoano. Un día se enteró de que Chillida se encontraba en París, descubrió cuál era su hotel y telefoneó. Descolgó Pilar Balzunce, esposa del artista y su 'conexión con la tierra'. «Quiero publicar con Eduardo», dijo Weiss. Se acercó al hotel y nació así una relación profesional y una amistad que se concretó en 'Homenaje a Bach' y 'Aromas', dos emblemáticas publicaciones del escultor.

Weiss ha fallecido esta semana, a los 87 años, e Ignacio Chillida, hijo de Eduardo y Pilar, ha recibido la noticia conmovido por una muerte que es también el final de una época. «Weiss era un personaje especial, con el halo de romanticismo necesario para llevar adelante publicaciones como ésta. Tuve la suerte de colaborar con mi padre y con él en estos trabajos y puedo decir que fueron procesos deliciosos, de conexión entre dos personas muy diferentes que mantuvieron una estrecha amistad hasta la desaparición de aita», rememora Ignacio Chillida, colaborador de su padre y responsable técnico de muchas de sus serigrafías, incluidas las de esta publicación sobre Bach.

Weiss fue en su juventud actor, recorrió la Inglaterra profunda con su compañía de teatro y de forma tardía descubrió su vocación de editor artístico. Trabajó con algunos de los grandes artistas europeos hasta llegar a Chillida con aquel provocado encuentro en París del que saldría una de las obras fundamentales del escultor. Porque Chillida es conocido por sus monumentales esculturas pero fue en algunos trabajos en papel donde selló los aspectos más íntimos de su personalidad. «Quien quiera entender a Eduardo Chillida debe conocer su 'Homenaje a Bach'», dice Ignacio Chillida. Publicado en 1998, es un 'libro de artista' del que se tiraron 129 ejemplares y que incluye once serigrafías con estampación y un relieve original. Cuando salió a la luz se celebró una exposición en la Real Academia de Bellas Artes de Madrid, en 1998, con la obra.

Una música en la escalera

En ese libro, fruto de dos años de trabajo de los Chillida en colaboración con Weiss, el escultor plasmaba su amor por Bach. El artista recordaba a menudo cómo fue su flechazo con el músico: cuando se preparaba para estudiar arquitectura en Madrid un día subía a la casa en que recibía las clases y desde un piso salieron los sonidos de la Suite número 4 para violonchelo solo. «Era una música que yo no había escuchado nunca y me senté allí, en la escalera, y ya me quedé con Bach toda la vida», repetía el escultor. «En cierto modo vengo de ahí, porque escultura y música tienen el mismo espacio sonoro, siempre naciente». Chillida consideraba a Bach «el músico más grande de la humanidad».

La relación entre Chillida y Weiss, que se vanagloriaba de colaborar exclusivamente con los artistas a los que admiraba, se reflejó en el año 2000 en otro libro, 'Aromas', una publicación con obra gráfica, poemas y citas filosóficas que resume el pensamiento y la trayectoria del autor vasco y que se presentó por primera vez en una exposición en la donostiarra Galería DV. Se editaron 120 ejemplares sobre papel blanco eskulan, además de otros nueve sobre el mismo material enriquecido de papel gris, con un formato de 53 x 42 centímetros.

«Tengo las manos de ayer, me faltan las de mañana», escribía un Eduardo Chillida de 76 años. «Yo ya no entiendo casi nada, pero el espacio es hermoso, silencioso, perfecto. Yo no entiendo casi nada, pero comparto el azul, el amarillo, el viento. Guiado por un aroma, cada obra es un paso entre lo conocido y lo ignorado», añadía. Su amigo Weiss lo respaldaba con otras dos citas. Una de Einstein («lo más bello que podemos probar es el misterio de las cosas») y otra de Braque («siempre hay que tener dos ideas, una para matar a la otra»).