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Mis diez mejores listas del año

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Me resultaría más sencillo elaborar la lista de los mejores libros que no he leído este año que la de los que más me han gustado, tal es mi desbocada imaginación en el terreno de las expectativas. En mis ensoñaciones, casi siempre son mejores de lo que a la postre resultan. Leer consiste en buena parte en pinchar globos. Pero ni siquiera acometeré la mencionada lista porque no encuentro sentido a redactar un pódium por múltiples razones, entre otras, porque buena parte de «los mejores títulos publicados este año» pueden datar en realidad de hace una década, dos o tres, por más que los editores españoles hayan decidido lanzarlos a las librerías en algún momento de los últimos doce meses. Por otra parte, tiene un punto absurdo imposible de soslayar el acto de poner a competir, como si fueran galgos, obras dispares en un batiburrillo ingobernable en el que se mezclan autoficción, novelas puras, secuelas de trilogías y piezas de encargo para algún prestigioso premio literario. Valga lo dicho para el caso de las películas. En una revista especializada de este mes acometen 21 críticas de otras tantas películas de estreno, de las cuales tres son obras maestras, ocho maravillosas y diez rebuenas. Ni una sola regular, no digamos ya directamente mala. Comprenderán que la aplicación de semejantes baremos -sean cuales sean- equivale a violentar la credulidad hasta de los mejor dispuestos. Y en tercer aunque no último lugar, porque no tengo claro que el lector que he sido a lo largo del año haya permanecido inalterable en sus criterios y circunstancias: quiero decir que no es lo mismo un libro leído a diario en el autobús 28 Boulevard-Hospitales que esa misma obra disfrutada en una hamaca o una terraza de bar de una ciudad extranjera durante las vacaciones. Ítem más: no creo que el visionado de una película en, pongamos, pleno frenesí festivalero sea homologable al contemplarlo desde la placidez de un descansado martes cualquiera. Y por último, reniego de las listas porque desconfío profundamente de las opiniones ajenas, dado el follón de amistades cruzadas, intercambio de favores y relaciones inconfesables que tejen críticos y criticados y, la verdad, no encuentro motivo para no recelar de la que pudiera elaborar yo mismo. El único listado que encuentro merecedor de un mínimo de credibilidad -y aún así, no exento de riesgos- es el resultante de adentrarse en una librería y enredar entre los títulos disponibles, mejor, cuantas menos referencias previas se tengan. Y llegado el caso, apuntalar las intuiciones con sus habitualmente certeras opiniones del librero. Y no hay más. Ahora mismo, hay quien elabora ya la lista de los mejores títulos que se van a publicar en 2019. Y eso, sin haberlos leído.

 

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