Diego Galán: «Lo he pasado bien en cada trabajo, pero mi etapa más feliz fue en San Sebastián»

Diego Galán posa antes de la entrega de la Medalla en Madrid. /ALBERTO ORTEGA (CORTESÍA ACADEMIA DE CINE)
Diego Galán posa antes de la entrega de la Medalla en Madrid. / ALBERTO ORTEGA (CORTESÍA ACADEMIA DE CINE)

El exdirector del Festival se muestra «sorprendido» por el homenaje del cine español. Se repone de «un achaque de salud» y quiere volver a dirigir

Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGASAN SEBASTIÁN.

«Intento envejecer con dignidad», saluda. Diego Galán (Tánger, 1946) no ha perdido su ironía. El exdirector del Festival de Cine de San Sebastián se recupera de «varios achaques de salud» pero ha encontrado una inesperada medicina: la Medalla de Honor de la Academia del Cine español, que recibió hace unos días. «Ni podía imaginar que recibiría esa distinción, pero todo lo que ha traído consigo me ha dado un chute de energía», asegura por teléfono desde su domicilio en Madrid.

La Academia justifica la Medalla por la importante contribución de Galán al cine español tanto como crítico, historiador a través de distintas series de televisión y cineasta. Sus dos últimos documentales, 'Con la pata quebrada' y 'Manda huevos', repasan la historia de la sociedad española a través de su cine.

«Estoy deseando volver a trabajar», anuncia, «y tengo ya el proyecto de un nuevo documental». De momento se queda «con el cariño recibido de mis compañeros». La concesión de la Medalla sirve para repasar una larga historia profesional en la que San Sebastián ocupa un lugar estelar. «He realizado muchas tareas en mi vida, pero los mejores años fueron en Donostia, cuando tuvimos que 'inventar' tantas cosas del Festival», manifiesta.

- ¿Cómo recibió la noticia de la Medalla de Honor de la Academia?

- En primer lugar, con sorpresa. Cuando recibí en abril la llamada con la primera noticia yo me encontraba en el hospital. 'Estáis pajarracos, cómo se os ha ocurrido esto', le dije a Mariano Barroso, responsable de la Academia. Pero resulta que esa llamada me sentó bien, mejoré de salud y pensé que podía ser una buena medicina para mi estado físico. Al final pude recogerla en el acto celebrado hace unos días.

- Ahí se juntó buena parte del cine español para mostrarle su cariño y respeto.

- Eso espero... Había tanta gente en ese acto que pienso que alguno de los presentes sí me querría... y también habría alguno que no tanto. Estaban muchos amigos: Aitana Sánchez-Gijón, Ana Belén, María Barranco, Imanol Uribe, Mónica Randall... La lista era larga, afortunadamente.

- Todos subrayaban su aportación al cine español.

- Sí, y lo agradezco. Pero también mencionaban mi mal humor. Me hizo gracia: hablaban de mi mala leche. Hubo quien dijo «cómo es posible que le quieran tanto a Diego con lo malo que es». Me gustan esas bromas, es una forma de vestir con alegría y ternura un acto oficial como aquel.

«Fue fascinante inventar el cine en la playa, el premio Donostia o la pantalla del Velódromo»

«Veo bien el Festival, aunque su inauguración con chistes de pueblo me indignó»

«Cuando me dieron la noticia de la medalla estaba hospitalizado. Fue como una medicina»

- Ha sido crítico de cine, historiador del sector en sus series o documentales, director del Festival de San Sebastián... ¿En cuál de tantas facetas cree que aportó más?

- No sé si he aportado algo, pero lo que sí sé es que en todos los sitios me lo he pasado bien. Y especialmente en San Sebastián. La del Festival fue una aventura completa, fascinante... y además de éxito. La viví con entusiasmo y la recuerdo como la etapa más feliz.

- Para los donostiarras, usted siempre será el hombre que ayudó a recuperar el Festival en tiempos de crisis. En 2000 dejó la dirección. ¿Qué recuerdos de aquella etapa le vienen hoy a la cabeza? Porque también vivió momentos duros.

- Sí, claro que hubo momentos dificilísimos, pero curiosamente son los que menos recuerdo. Cuando pienso en San Sebastián me vienen a la cabeza los días de ilusión, cuando 'inventamos' el cine del Velódromo, las proyecciones en la playa o los premios Donostia. Todo era novedoso y lo vivíamos con entusiasmo. Los malos momentos quedan para mí.

- De tanta gente que conoció y tantas historias que vivió en San Sebastián, ¿qué figuras le siguen viniendo cíclicamente a la cabeza?

- He repetido tantas veces que fue la visita de Bette Davis que ya me lo creo de verdad... Fue el episodio más inolvidable, pero el flujo de recuerdos es continuo. El otro día veía en la tele la película 'Lo que queda del día' y me decía: ¡pues esos dos grandes actores, Anthony Hopkins y Emma Thompson, estuvieron en San Sebastián en mis tiempos! El primero recibió el Premio Donostia. Venía a presentar 'La máscara del zorro' y recuerdo que cuando me presenté le dije «me llamo como usted, don Diego». Bromeaba todo el rato con eso.

- Usted recibió ese otro 'premio Donostia' de la ciudad que es el Tambor de Oro. Fue la forma en que San Sebastián reconoció su trabajo.

- Sí, fue estupendo por muchas razones. En primer lugar, porque fue con la unanimidad de todos los grupos políticos, y eso me hizo mucha ilusión en una sociedad tan fragmentada. Lo recuerdo con emoción, incluso el largo momento que pasó el alcalde Odón Elorza intentando colocarme la insignia en la chaqueta sin conseguirlo... En conjunto, uno de esos días que no se olvidan.

- ¿Cómo va su salud?

- He tenido distintos achaques y pasé en el hospital dos o tres meses. Me he tenido que acostumbrar a pasar largos ratos en la cama, cosa que tampoco está tan mal, según he descubierto, pero me he quedado un poco atontado. Por eso no estuve este pasado septiembre en el Festival, no me veía haciendo colas o corriendo de un sitio para otro con un bastón. El año anterior, nada más llegar a San Sebastián, me caí. Y no lo pasé bien...

- Cada semana escribe su artículo sobre cine en 'El País'. ¿Mantiene proyectos?

- Sí, estoy pergeñando la idea de un documental que me gustaría sacar adelante, aunque espero recobrar más fuerzas antes de ponerme a la tarea.

- Sus dos últimos documentales, 'La pata quebrada' y 'Manda huevos', tuvieron mucho éxito: contaban la historia reciente de España a través de fragmentos de películas.

- Sí, resultó apasionante y divertido contar la historia del país a través de sus películas, por eso quiero hacer otro. Lo entendió el público español pero también llamó la atención a espectadores de otros países. 'Con la pata quebrada' fue seleccionada por Cannes. A ver si sale el nuevo.

- Uno de sus últimos libros fue una completa biografía de Pilar Miró. El año pasado se cumplieron 20 años de la muerte de la directora y usted la sigue reivindicando, como creadora y como gestora.

- Así es. ¡Qué frágiles somos de memoria en este país! Hace poco murió Carmen Alborch, la única ministra en tecnicolor, como la definió Vázquez Montalbán. Pienso que las dos tenían mucho que ver. A Alborch se le han hecho justamente muchos reconocimientos, pero Miró aún los tiene pendientes.

- ¿Cómo ve ahora desde la distancia el Festival de San Sebastián?

- Para enjuiciar hay que estar dentro. Lo veo bien... salvo la última ceremonia de inauguración, con esos chistes de pueblo. Aquello me indignó mucho, con tópicos viejos y esos lugares comunes de que Cannes se lleva siempre lo mejor, cuando no es verdad. Esa inauguración me pareció innecesaria, pero veo que gustó mucho a ciertas autoridades. Parece que vamos para atrás...

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos