Curro Díaz: «Aspiro a que el público identifique mi toreo incluso viéndome de espaldas»

El diestro jienense saluda en una de sus faenas en Azpeitia./ROSA ALONSO
El diestro jienense saluda en una de sus faenas en Azpeitia. / ROSA ALONSO

Curro Díaz debutará el domingo en Illunbe, aunque es un viejo conocido de la afición taurina guipuzcoana por sus faenas en Azpeitia

MANUEL HARINASAN SEBASTIÁN.

Son las once de la mañana, Curro Díaz acaba de bajar de la furgoneta en la que ha viajado con su cuadrilla, para descansar unas horas, volver a vestirse de luces y recomenzar el rito un día más. En este caso, el viaje no ha sido demasiado largo; ayer cortó dos orejas y salió a hombros.

- ¿Qué regusto le queda a un torero cuando no puede disfrutar de un triunfo porque torea al día siguiente a muchos kilómetros de distancia?

- El triunfo en el toreo es un momento muy efímero; es importante, pero lo que realmente te llena es aquello que has sentido delante del toro. Sucede que en estos tiempos todo va a una velocidad tremenda y hay que ir cambiando el chip cada día. Lo que ayer se consiguió, hoy ya no vale. Otra cosa es que cuando estás en un momento bueno, lo que te apetece de verdad es seguir toreando.

- Va a debutar en Illunbe con veinte años de alternativa, pero es un torero con mucho cartel en Gipuzkoa.

- San Sebastián es una ciudad que conozco como visitante, pero ha sido una plaza en la que a un torero como yo le resultaba muy complicado torear. Carteles muy cerrados. Por eso es una gran ilusión debutar en una plaza de primera categoría con casi veintiún años de alternativa. Quiero responder ante un público que sí me ha visto torear. En la Feria de Azpeitia he hecho muchos paseíllos durante años y he cuajado faenas meritorias. Por Azpeitia yo entré en el norte, luego Francia, Bilbao y ahora, en San Sebastián.

- Comparte y abre cartel con los dos triunfadores del pasado año con la misma ganadería. Hace unos meses, el ganadero habló de la ilusión y la responsabilidad de repetir este año.

- Espero que se cumplan las expectativas. Las mías, las de mis compañeros y también las del ganadero, porque si las suyas no se cumplen difícilmente se cumplirán las nuestras. Debe ser difícil para un ganadero que venga de ser el triunfador de la feria del pasado año tener la confianza y el deseo de que los toros salgan a la altura de las expectativas que se ha creado él mismo. La labor de alquimia de un ganadero consiste en tener un criterio para criar a ese toro a imagen y semejanza de lo que él piensa. Y que a veces acierte, es un milagro. Y luego para mí, que embistan, que los entienda, que los mate y que sea el debut soñado.

- ¿Es casi un milagro que los toros embistan?

- Totalmente. Un animal en estado casi salvaje, que no ha salido del campo en cuatro años, que no ha visto a nadie, que logre embestir, puede parecer un sueño imposible . Y que lo haga como quieren los toreros y los públicos. Ahora mismo se le exige muchísimo al toro, que embista en el capote, vaya al caballo y que aguante mucho en la muleta. Y, además, todos los que estamos alrededor lo vemos lleno de defectos. Un milagro, sí.

«Se le exige mucho al toro: que embista en el capote, que vaya al caballo y que aguante»

«Llevo muchos años de toreo, pero solo me retiraré cuando no tenga nada que decir»

- A día de hoy, ¿cómo se siente Curro Díaz más a gusto como torero? ¿Con el capote? ¿Con la muleta?

- Yo pienso que ni con el uno ni con la otra, más bien en conjunto. Ahora, probablemente sea el momento en que más despacio esté toreando. Es, sobre todo, poder notar que uno torea porque lo siente, porque le llena y porque es lo que más le gusta. Los triunfos son necesarios, pero lo importante es que llegan cuando se torea como se siente, siendo uno mismo, sin tener que mirar a ningún otro lado. Debo ser capaz de conseguir que el público identifique mi toreo hasta viéndome de espaldas o dando la vuelta al ruedo. Y eso sólo se consigue con los años.

- ¿Y el torero se siente presionado?

- Claro, eso supone sentirse muy presionado, sobre todo, por uno mismo. Yo siempre he ido un poco a mi aire, mi carrera la he marcado yo mismo. El camino lo he elegido yo, desde los apoderados hasta mi concepto del toreo. Es complicado porque para llegar a hacer lo que uno siente, hace falta oficio y al principio te falta, aunque personalmente siempre he sabido lo que quería hacer. Los toreros tenemos que poder sacar lo que llevamos dentro y para eso hace falta técnica. Cuando eso se consigue, cuando se llega a cuajar un toro haciendo exactamente lo imaginado es otro milagro también. Y en todo ese tiempo no debes perder el sitio, debes mantenerte para que el público no se olvide de tí. Ahí está también la presión; tienes que dar motivos para estar ahí siempre presente haciendo tremendos esfuerzos. Y con eso he llegado hasta donde estoy. Y en ese tiempo ha habido toros que he toreado muy a gusto, tardes de triunfo; pero no hay que olvidar que en el mismo camino las ha habido muy duras y cornadas muy fuertes, y siempre sin dejar de apretar el acelerador.

- ¿Se le hace duro hablar de cornadas?

- No, en absoluto. Las cornadas vienen porque tienen que venir. Son una parte más de la profesión, una parte dolorosa. Están ahí, no es agradable pero hay que aceptarlo. ¿De quién es la culpa de que lleguen? Es verdad que el toro se puede equivocar y pegar un derrote a destiempo, cuando nadie espera que lo haga, y muchas veces lo hace, pero casi siempre somos nosotros los que tenemos la culpa. Unas veces por un error de colocación, por confianza excesiva y otras, porque el animal te tropieza e incluso no se da cuenta de por qué te ha pegado la cornada. El derrote puede llegar en cualquier lance, en cualquier pase.

- A punto de cumplir veintiún años de alternativa, ¿puede uno pensar que ha llegado el momento de dejarlo?

- Para mí no tiene que ver con los años de toreo. Yo tuve un momento de dudas a finales de 2015. Había hecho mucho esfuerzo, no veía los resultados y no merecía la pena seguir. Además, tuve una cornada muy fuerte en Sevilla. Durante años arrastré un lesión muy fuerte, poco a poco fui recuperándome delante de la cara del toro. Pero esa recuperación personal, ese esfuerzo no fue recompensado y me quedé como vacío. En ese momento pensé en abandonar. Pero fui a América y volví con las pilas cargadas. Llegué a Madrid y de antemano supe que iba a salir por la puerta grande. Los toreros se tienen que ir cuando no tengan nada que expresar. A cada uno de nosotros lo que nos mueve para ponernos delante de la cara de un toro, no es solo el dinero, sino expresar lo que queremos trasmitir.

- ¿Alguna superstición? ¿Quizás los colores del vestido?

- Soy supersticioso a veces, tengo días, unos más que otros. No me gusta serlo, pero no puedo remediarlo. Hay algunos colores del traje que me han ido mucho mejor que otros: el rosa pálido lo he repetido mucho en mi carrera porque me ha funcionado. También tengo un vestido verde botella que me ha dado triunfos importantes. Pero, sobre todo, los colores pastel. Siento que me motivan, será por el tema de la sensibilidad, que hay colores que sin tú saber demasiado bien por qué, sin darte cuenta, te sientes muy bien con ellos.

- Uno de los momentos más duros para los toreros son los largos minutos antes de hacer el paseíllo en el callejón. Tendrían que ser de silencio y de concentración y, en cambio, están rodeados por un público ajeno a ese momento, que agobia a los toreros demandando fotos o autógrafos.

- Sí, pero es así y no hay más remedio que aceptarlo. Yo siempre procuro ser correcto con todo el mundo, pero alguna vez he pensado que nadie entra en el vestuario de Nadal, por ejemplo, diez minutos antes de jugar la final de Roland Garros.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos