Concha Velasco: «Me he negado siempre a admitir que era feliz y resulta que lo he sido mucho»

Concha Velasco regresa a San Sebastián con una comedia sobrenatural./EFE
Concha Velasco regresa a San Sebastián con una comedia sobrenatural. / EFE

La actriz y Jorge Sanz encabezan el reparto de 'El funeral', la comedia que el teatro Victoria Eugenia ofrece desde mañana hasta el domingo

ROBERTO HERREROSAN SEBASTIÁN.

Lucrecia Conti ha muerto. Fue la actriz más importante del cine, el teatro y la televisión de España. El Ministerio de Cultura ha organizado el velatorio en su honor en un teatro, pero Lucrecia se aparece para despedirse, no sin antes decir unas cuantas cosas que van a sorprender a más de uno.

-¿Lucrecia es de alguna manera su alter ego?

-'El funeral' no tiene nada que ver conmigo. O casi nada. Cuando yo empezaba en esta profesión era bailarina y me puse como nombre artístico Lucrecia Velbar. Como toda mi familia eran militares y matemáticos les caía muy mal que yo fuera artista. Rebusqué en la historia familiar y encontré una Lucrecia que cantaba ópera.

-¿Entonces nada de vidas paralelas?

-Es una ficción con cosas personales y divertidas que sí son nuestras, pero nada más. Yo no soy una actriz fracasada, no me he muerto, no tengo nietas codiciosas ni un sobrino que no se sabe de quién es.

- ¿Cómo le ha influido que la obra la haya escrito y dirigido su hijo?

-Pues no de manera extraordinaria. Únicamente lo que puede suponer para él que digan que la escribió porque se la ha pedido su madre. Pero Manuel escribe desde que tenía ocho años y se dedica a esta profesión desde toda su vida. ¿Que es la primera vez que me dirige con una obra tan grande y cara?, pues sí. Pero tengo que decir que como director no nos pasa ni una. Ni a mí ni a ningún compañero.

- ¿Y la madre eso qué tal lo lleva?

-Muy bien porque si la madre hubiera querido dirigir lo habría hecho hace tiempo. Lo que me gusta es trabajar con buenos directores, que sepan de lo que hablan. No me gusta dirigir, me gusta interpretar. Ahora, eso sí, hago mía una frase de Marujita Díaz cuando le pregunté en 'Cine de barrio' qué le gustaría ser en la otra vida: «Una guitarra bien 'tocá'».

- Tengo dudas de si los directores le pueden enseñar algo a usted o más bien al revés.

- Soy tremendamente respetuosa con el director y con los compañeros. Lo que también soy es muy exigente, a veces incómoda, porque por ejemplo voy todos los días al teatro dos horas antes de la función. A los demás no creas que eso les agrada tanto. Soy muy pesada y lo hago desde siempre, desde antes de antes, que es una frase que me gusta. Es que para mí el teatro es una pasión y, a la vez, como diría Pepe Sacristán, «una religión y una ceremonia». Pepe hará 81 años en octubre y yo 79 en noviembre. Y los dos somos pesadísimos porque el teatro es tan importante que tiene que salir la función perfecta, cada día como si fuera la primera vez.

- Pero no pesados para el público, eso supongo que está prohibido.

-¡Claro! Me identifico mucho con Pepe. Antes decíamos que él estaba en segundo curso de Fernán Gómez. Yo ahora digo que estoy en primero de Sacristán. Es una broma que nos gastamos. ¡Es que esta es mi vida! Y al camerino no se va a reír, sino a trabajar. Media hora antes de la función no entra nadie. El camerino es un sitio sagrado. Todo es sagrado en el teatro.

«Para mí el teatro, además de la familia, es lo más importante. No tengo otra vida»

«Siempre he dicho que de mayor quería ser abuela y fantasma. Ya he hecho las dos cosas»

«Reír sobre la muerte, cuando una la siente ya tan cercana, tampoco está tan mal»

- ¿Le gusta hacer reír cuando la muerte como tema anda cerca?

- Me pasaba incluso con 'Reina Juana', una obra dramática en la que sin querer hacía reír en algún momento. Gerardo Vera, el director, me leía la cartilla. Pero hay momentos en los que no lo puedo evitar. Es que tengo una vis cómica natural que a veces me sale. Reír sobre la muerte, en esa obra y en esta, cuando una la siente ya tan cercana tampoco está tan mal. Ya tengo echada una previsión, hago la media.

- Dígame.

- Mi padre murió con 86 años. Siempre digo que fue de un ataque de fabada y de una botella de vino tinto. Era un 31 de julio, hacia mucho calor en Madrid. Se vistió impecable como solía hacerlo porque era militar de vocación y se fue al restaurante de enfrente. Se tomó la fabada, el vino y se murió. Maravilloso. Esa misma mañana se había dado un paseo a caballo. Sin embargo mi pobre madre no llegó a cumplir los 73. Así que mi media debe de ser los 80 o 81 años. Y si es haciendo 'El funeral' pues bendito sea Dios porque me moriré de risa, que es mejor que de llanto. Y en casa, no en el escenario. Cómo voy a dar a los espectadores una cosa tan desagradable.

- ¿En la vida real los fantasmas son sobre todo los recuerdos?

- Siempre he dicho que de mayor quería ser abuela y fantasma. Ya he conseguido las dos cosas. Pero claro, fantasma real...Voy a decir una cosa que no he contado antes. Mi madre se nos ha estado apareciendo durante muchos años. Porque nosotros queríamos que se apareciera. Ahora todas las noches cuando me acuesto me encantaría que se me v olviera a aparecer, pero ya no pasa.

- Quizás vuelva.

- Bueno... Para mí la vida eterna es que los seres queridos que recordamos siguen viviendo en nuestra memoria. Que mis hijos me quieran tanto como yo quiero a mis padres.

- Me dijo en otra ocasión «que el escenario asusta porque te da miedo tu propia vida». ¿En este caso con mayor razón?

- Procuro que no sea así, pero a veces lo es. Tienes razón al recordar esa frase. Si tuviera que escribir algo de mí diría que la felicidad pasó y era aquello que me parecía un horror. Lo que daría ahora para que me volvieran a pasar aquellas cosas: un marido que no me quería, que no estaba nunca, pero que me producía unos espectáculos maravillosos. Y cuando yo protestaba de algo y decía ¡Marsó!, aparecía, lo arreglaba y luego, claro está, volvía a desaparecer. Creo que en el fondo me he negado siempre a admitir que era feliz y resulta que lo he sido mucho.

- ¿Los problemas económicos que ha reconocido le han hecho mejor actriz o le han cortado el vuelo?

- He tenido la suerte de tener grandes amigos que me han ayudado. Salir en la prensa por no pagar a Hacienda no me gusta, es como llevar la A escarlata de adúltera, pero con la H puesta en el pecho. En ese momento me prestaron dinero Alejandro Colubi y Juan José Seoane a cambio de hacer la obra 'Reina Juana'. Y fíjate lo que supuso esa obra: premios, reconocimientos. Hago 'Cine de barrio', que me encanta. Y no lo podría hacer si no estuviera pagando mis deudas porque es una televisión pública, que me pagáis todos, aunque sea con un poquito cada uno. Por cierto, que vuelvo este año con un programa durante el Festival de Cine de Donostia, estoy muy contenta.

- ¿Le ha salvado de algo ser actriz?

- De todo. De estar muy enferma, por ejemplo. Salí de la última operación y vino José Carlos Plaza a casa para obligarme a ensayar 'Olivia y Eugenio'. No todo el mundo tiene la suerte de tener la obligación de salir al escenario. El teatro me salva, pero no como terapia, sino por el respeto al público. Por eso nuestra obligación es estar perfectos y yo tengo mucha disciplina. Para mí el teatro, además de la familia, es lo más importante. No tengo otra vida.

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