Los cómplices de la escultura

La escultura 'Ulises' de Pedro Txillida./FÉLIX MORQUECHO
La escultura 'Ulises' de Pedro Txillida. / FÉLIX MORQUECHO

Una visita a la empresa eibartarra Alfa Arte, en donde se construirá la obra de Cristina Iglesias

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANOEIBAR.

De las instalaciones de Alfa Arte en Eibar saldrá la pieza que Cristina Iglesias exhibirá en la casa del faro de la isla de Santa Clara y no será la primera. Ya en 2017 la empresa guipuzcoana se encargó de llevar a cabo la que hasta ahora es su mayor obra, 'Arroyos olvidados', que la escultora donostiarra instaló en el nuevo edificio de Bloomberg de Londres, diseñado por Norman Foster. Todo un reto técnico si se tiene en cuenta que se trata de una obra de cuarenta toneladas de peso y 300 metros cuadrados de superficie: en total, más de dos años de trabajo que constituye un ejemplo ilustrativo de la filosofía de Alfa Arte: «Somos una extensión del taller del artista cuando no puede realizar su obra allí por motivos de espacio o de medios técnicos», asegura Jesús Rodríguez, director comercial y consejero delegado de la firma eibartarra.

Creada en 1993 al amparo de la empresa Alfa pero constituida como Sociedad Limitada Laboral desde finales de 2013, es la única empresa vasca dedicada exclusivamente a la materialización de esculturas en gran formato, aunque en Madrid sí hay otras firmas centradas en el mismo sector. «El que diga que no tiene competencia es que no ha mirado bien», bromea Rodríguez. La empresa cuenta con catorce trabajadores en plantilla -que en ocasiones puntuales se puede reforzar con técnicos de otras subcontratas-, de los cuales diez son socios de la empresa desde la nueva etapa que abrió hace seis años.

1. Katherine Taylor en pleno proceso creativo. 2. La maqueta de la obra de Cristina Iglesias para el faro. 3. Varias 'cerillas' del artista mallorquín. / Félix Morquecho

El éxito de la discreción

Con 3.000 metros cuadrados de superficie -entre los 2.500 de las distintas dependencias de los talleres, y los 1.000 dedicados a oficinas y exposiciones-, Alfa Arte ha alumbrado obras de Miquel Barceló, Pedro Txillida, Philippe Parreno, Katherine Taylor o la propia Iglesias, entre otros. Desde la discreción, el secreto del éxito de Alfa Arte radica en ponerse al servicio del artista y, específicamente, de la obra ideada por el creador. A partir de ahí, la empresa eibartarra ofrece todos sus conocimientos y equipamientos técnicos a la obra concebida o imaginada por el escultor, sin interferir en su proceso creativo, y con la idea clara de que el artista y su obra son los protagonistas. «Nosotros somos el brazo ejecutor», señala su consejero delegado. Tal y como señala también Andoni Trecet, gerente y director técnico de la empresa, «nuestra filosofía es de unos artesanos que aportan todo lo que el artista reclame para la realización de su obra, sin interferir en el proceso creativo». El secreto de su creciente cartera de pedidos radica en «una forma de trabajar con los escultores que va más allá de la estricta vinculación laboral y que llega hasta la relación personal». Como consecuencia, «funciona el boca/oreja, de tal forma que unos artistas nos recomiendan a otros», explica Trecet.

Alfa Arte está especializada en la creación de esculturas de metal -con especial dedicación al bronce, aluminio y acero inoxidable, que suponen el 90% de sus trabajos-, pero «si el artista quiere trabajar en madera, con resinas o incluir vidrios, por ejemplo, nos encargamos de encontrar a quien lo haga». En dependencias de la empresa se guardan tal y como llegan los lingotes de bronce, un material que cuesta en torno a los seis euros el kilo. La facturación de una empresa que funciona por encargos y de la que salen decenas de obras cada año -desde formatos grandes hasta piezas pequeñas de unos cincuenta centímetros- oscila mucho de ejercicio en ejercicio, pero según indica Rodríguez, en el caso de Alfa Arte puede ir de los 1,3 millones a los 2,3 millones de euros.

«No somos una fundición industrial que se limita a pasar a un metal el proyecto que trae el artista, sino que tenemos vocación de ser una extensión de su taller, con la capacidad de entender lo que el creador quiere y, en su caso, de ofrecerle distintas alternativas a los eventuales problemas técnicos que la pieza pueda presentar». Porque, tal y como señala Jesús Rodríguez, «los escultores no funcionan con planos, es todo mucho más sutil. Se trata de entender qué es lo que quieren y dárselo». Y pone un ejemplo gráfico: «El artista puede entrar en Alfa Arte con tan sólo una idea y salir con la obra, y las dos son suyas. Somos meros ejecutores», recalca.

Además de la propia construcción de la obra, Alfa Arte se encarga de embalar las piezas, realizar los trámites de aduana, enviarlas a su destino y una vez allí, se ocupa de su montaje. Aunque en varias localidades vascas hay fundiciones que realizan también esculturas artísticas, ninguna trabaja con piezas de gran tamaño: por ejemplo, la nave industrial de Alfa Arte acoge uno de los tres ejemplares de 'Gran Elefandret' firmados por Barceló, una escultura en bronce de siete toneladas de peso y ocho metros de alto, que se ha exhibido en todo el mundo, incluida la plaza Union Square de Nueva York. El artista mallorquín también guarda en Alfa Arte trece 'Cerillas', grandes esculturas en bronce de más de tres metros de altura.

En cuanto a los equipamientos, Alfa Arte dispone de hornos, silos para arenas y resinas, cubas de revestimiento que permanecen en funcionamiento las 24 horas del día para evitar que la cerámica se solidifique, escaneados y digitalización en 3D, así como con una sección de pátinas y acabados. Alfa Arte trabaja fundamentalmente con la técnica de la arena y la de la cera pérdida, así como con las básica de la calderería, aunque -una vez más- se adapta a las necesidades del encargo.

Además de las grandes esculturas de Barceló, Alfa Arte acoge estos días la también impresionante obra de Pedro Txillida 'Ulises', una pieza de 2011 realizada de bronce fundido, con unas dimensiones espectaculares: 2,40 m de lado y 4 metros de altura. También el artista francés Philippe Parreno se encuentra en pleno proceso de creación de unos 'abetos' realizados en metal, que simulan las hojas naturales del árbol. Y Katherine Taylor reconstruye tras una estancia en el Polo Norte su particular 'bestiario' en el que nada es lo que parece, en un juego de percepciones entre lo vegetal y lo animal.

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