ETA y la violencia se reactivan en la ficción

El rodaje de 'Patria' esta semana ha recreado los disturbios en el Boulevard donostiarra./LOBO ALTUNA
El rodaje de 'Patria' esta semana ha recreado los disturbios en el Boulevard donostiarra. / LOBO ALTUNA

Los rodajes de 'Patria' y 'La línea invisible' trasladan a las series un tema tratado por el cine desde los inicios de la banda terrorista

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDO

En las últimas semanas han coincidido en Gipuzkoa los rodajes de dos series de televisión que tienen como origen a ETA y los largos años del terrorismo. 'Patria', creada por Aitor Gabilondo, radiografía la sociedad vasca bajo la violencia, a partir de la exitosa novela de Fernando Aramburu. Y 'La línea invisible', de Mariano Barroso, parte del «primer miembro de la banda en matar, y el primero en morir», Javier 'Txabi' Exebarrieta, como punto de inicio de los llamados años de plomo. Una cuestión que ha sido significativamente tratada en el cine, casi en paralelo con su desarrollo en la vida real, pero que hasta ahora había tenido poco reflejo en las series, como si la televisión solo pudiera tratar el tema desde la urgencia de los telediarios, los reportajes o los documentales. ¿Esta coincidencia es un síntoma de que, transcurridos más de siete años desde el fin de la violencia de ETA, es más fácil abordar cuestiones relacionadas con el terrorismo o el llamado 'conflicto' vasco, que es momento de buscar con la distancia que marca el tiempo una visión global o más calmada de lo ocurrido?

'Patria', con su voluntad de elaborar un microcosmos en el que quedaran reflejados los distintos puntos de vista y las vivencias de «esos años que nos marcaron mucho a todos, a cada uno desde su posición», explica el guionista y creador de la serie Aitor Gabilondo, parte de la amistad de dos mujeres (interpretadas por Elena Irureta y Ane Gabarain) que se rompe con el asesinato del marido de una de ellas y la militancia del hijo de la otra. La buena acogida a la novela de Aramburu, reflejada en su éxito de ventas y en cierto consenso en considerarla como un reflejo veraz de la brecha abierta y el sufrimiento acumulado en la sociedad vasca, facilitó el camino a la adaptación en forma de serie, que ha acometido HBO, en ocho capitulos de una hora. Si 'Vaya semanita' rompió el tabú de poder hablar de terrorismo y del llamado conflicto vasco a través de la comedia, 'Patria', cuyo rodaje terminará este verano y se estrenará en 2020, confirma que el asunto puede cuadrar con el formato seriado y televisivo.

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En el caso de 'La línea invisible', el director de cine y series Mariano Barroso busca los orígenes de ETA. Àlex Monner encarna a Txabi Etxebarrieta, quien en 1968 disparó al guardia civil de Tráfico José Antonio Pardines, que murió de cinco disparos en el torso. Unas horas después, el propio agresor resultó muerto en un enfrentamiento con la Guardia Civil cerca de Tolosa. Movistar produce esta serie de seis capítulos de 45 minutos basada en una idea original de Abel García Roure y escrita por Alejandro Hernández y Michel Gaztambide, que recrea la Euskadi de los años 60. «Queremos indagar en las decisiones que llevaron a un grupo de chavales a dar el paso de empuñar las armas. Esto no será un documental político ni una recreación de unos hechos, aunque vamos a ser fieles a la realidad», explica Mariano Barroso.

Desde Carrero Blanco

Otras acciones de la banda han tomado forma de recreación ficcionada en la pequeña pantalla. 'Una bala para el rey', de Pablo Barrera y Manuel Valdivia, presentada por Antena 3 en dos capítulos en 2009, reprodujo el atentado frustado de ETA que intentó acabar con la vida del rey Juan Carlos en 1995. Un par de años más tarde TVE y ETB colaboraron en la elaboración de 'El asesinato de Carrero blanco', otra miniserie en dos capítulos que reconstruía el atentado que costó la vida al presidente de gobierno durante la dictadura franquista, y que fue precisamente el primer asunto tratado por el cine en relación a ETA, en 'Comando Txikia' (1977) de José Luis Madrid y 'Operación Ogro' (1979) de Gillo Pontecorvo.

Este formato a medio camino entre la serie breve y la TV movie sirvió también para recordar en la producción de Antena 3 '48 horas' los dos últimos días de vida de Miguel Ángel Blanco, el concejal de Ermua asesinado por ETA el 12 de julio de 1997.

Imagenes de la película 'Lasa y Zabala' de Pablo Malo, arriba; el rodaje de 'El límite invisible' en San Sebastián, y Quim Gutiérrez interpretando a Mario Onaindia en la serie 'El precio de la libertad', de Ana Murugarren.

Algunos proyectos quedaron paralizados, quizás como síntoma de que aún el formato de serie de ficción no estaba acomodado a estas cuestiones. Ahí están la pretendida serie 'Aupa Josu', creada por Borja Cobeaga, Diego San José y Juan Cavestany, en 2011, y de la que solo se llegó a realizar el capítulo piloto, en torno a un consejero del Gobierno Vasco que pretendía erigirse en el artífice de las negociaciones para lograr el final de ETA; o 'El precio de la libertad', biografía del político Mario Onaindia, ex-miembro de ETA político militar que fue uno de los condenados en el proceso de Burgos de 1970, realizada en 2011 por Ane Murugarren y presentada en el Festival de Cine de San Sebastián, pero que quedó aparcada en los archivos de TVE en 2012, y no llegó a emitirse hasta el pasado diciembre.

«Durante seis años ha sido molesta para ciertos ejecutivos de la casa», nos explica Ana Murugarren. «No querían relacionar ETA con alguien como Mario Onaindía, al que Aznar concedió a título póstumo la Medalla al Orden del Mérito Constitucional. Pero lo que cuenta 'El precio de la Libertad' pasó, nos guste o no. Relata los inicios de lo que fue la ETA de Mario Onaindía, su lucha antifranquista, su condena a muerte en el proceso de Burgos, y también cómo reniega de sus antiguos compañeros tras la llegada de la democracia, cómo intenta llevarlos a la disolución, algo que casi consigue. ETA pm se disuelve en el 82, pero ahí siguió una ETA militar cada vez más despiadada. Mario Onaindía estuvo condenado a muerte por Franco y condenado a muerte por ETA. Esto es lo que no entendieron durante tantos años ciertos dirigentes de la televisión pública española».

Con el mismo formato de dos capítulos y también con Quim Gutiérrez como protagonista, 'El padre de Caín' recreó en 2016 el País Vasco de los años 80 y la historia de un guardia civil destinado al cuartel de Intxaurrondo y empeñado en la lucha contra el terrorismo, a partir de una novela de Rafael Vera.

Pero es en el cine, a través de más de cincuenta largometrajes, donde el recorrido de la banda terrorista y el llamado conflicto vasco ha tenido una presencia más constante, quizás insuficiente para quienes reclamaron más compromiso y más denuncia en la lucha contra el terrorismo y en la defensa de las víctimas, y polémica casi siempre en los posicionamientos o las formas de ver un drama complejo y que durante tantos años parecía no tener solución.

En su libro 'Creadores de sombras. ETA y el nacionalismo vasco a través del cine', Santiago de Pablo señala que «además de algunos hechos claves de su historia (como el juicio de Burgos, el asesinato de Carrero Blanco o el de 'Yoyes'), durante los lustros posteriores a la muerte de Franco el cine hizo especial hincapié en los excesos represivos de la policía en la lucha antiterrorista. Independientemente de que en ocasiones esto haya correspondido a la realidad -en grado muy distinto en cada época-, lo cierto es que esta visión cinematográfica podía contribuir a tratar de buscar un punto de equilibrio entre dos violencias simétricas (la de ETA y la del Estado), dando una visión muy parcial del problema». Documentales como 'Asesinato en febrero', de Eterio Ortega Santillana, o el empeño de Iñaki Arteta a través de diversas películas como 'Trece entre mil', han tratado de dar mayor visibilidad a las víctimas y sus familiares.

Para Montxo Armendariz, «es más fácil crear historias de ficción cuando unos determinados hechos terminan, que cuando están sucediendo. La distancia y la menor implicación posibilitan la búsqueda de historias que plasmen estos hechos desde distintos puntos de vista. Por otro lado, esta mayor facilidad para desarrollar historias de ficción también la observamos en otras situaciones similares donde la violencia, o incluso la guerra, han estado presentes, como el IRA, la guerra de los Balcanes o Vietnam».

Buscar el encuentro

Pero el cese de la violencia no significa que las nuevas narrativas del 'conflicto' estén exentas de polémica, como no lo ha estado la novela 'Patria'. Aitor Merino hizo en 'Asier eta biok' una original aproximación a su amistad desde sus tiempos en la ikastola con Asier Aranguren, luego miembro de ETA que pasó ocho años en la cárcel. Una amistad que se mantuvo a pesar de las enormes diferencias ideológicas y vitales. En el filme codirigido con su hermana Amaia Merino, «abordamos el tema buscando el encuentro, pero aún hay mucha gente que no está dispuesta a moverse de su posición, sobre todo en Madrid, donde yo vivo», relata Aitor. «Cuando miro alrededor, salvo numerosas excepciones, diría que la norma es, por desgracia, el desentendimiento». 'Asier eta biok' aún no se ha emitido en TVE, «y no será porque no lo hayamos intentado ni porque la película no haya generado interés por parte del público. El listado de zancadillas que hemos tenido por parte de las instituciones es tan largo que necesitaría cinco páginas».

«Hay que contar lo que pasó, para pasar página primero hay que leerla»

«Hay que contar lo que pasó, para pasar página primero hay que leerla» Ana Murugarren | Directora de cine y TV

«Debe haber un posicionamiento siempre, no existen imágenes neutras»

«Debe haber un posicionamiento siempre, no existen imágenes neutras» Montxo Armendariz | Director de cine

«Los que se mojaron con ETA en activo, en cualquier postura, fueron valientes»

«Los que se mojaron con ETA en activo, en cualquier postura, fueron valientes» Aitor Merino | Actor y director de cine

«Abordar la violencia con una mirada propia y libre eramuy arriesgado»

«Abordar la violencia con una mirada propia y libre eramuy arriesgado» Daniel Calparsoro | Director de cine

Daniel Calparsoro, que hizo 'A ciegas' (1997) con Najwa Nimri como una terrorista que quiere dejar las armas y en su primer atentado se niega a disparar contra la víctima y mata a tiros a su compañero de comando, no cree que fuera arriesgado en sí mismo hacer cine en torno a ETA en los años duros de la violencia. «Era difícil y complejo tratar la temática al existir dos puntos de vista opuestos y equidistantes en la sociedad. Una mirada propia y libre sí era muy arriesgada. Por otro lado la financiación de una película sin un discurso claro en contra de la violencia era extremadamente difícil. Abordar el tema de la violencia de forma artística era algo no deseado e incomprendido. A pesar de todo, logramos hacer la película con una gran satisfacción interior y artística, y competir en Venecia», explica el cineasta donostiarra. «También coincidió con una situación difícil que atravesamos en casa, al convertirnos en blanco de ETA».

«Claro que es más fácil abordar el tema ahora que ya no matan», afirma Ana Murugarren. «ETA daba mucho miedo. El tema da para muchas películas y para muchas historias. En el País Vasco sigue habiendo un enfrentamiento frontal entre gente cercana, entre familia, vecinos… La confrontación y la crisis son buenas para el cine. Y es necesario también contarlo, para pasar página hay que leerla».

Tarea de valientes

Para Aitor Merino, «cuando ETA estaba activa, no solo las emociones estaban más a flor de piel, sino que la responsabilidad a la hora de tomar un posicionamiento, como creador, era mucho mayor. Lo que había en juego era demasiado serio como para no mojarse. Quienes lo hicieron, me da igual desde qué postura ideológica y con qué fortuna, como mínimo fueron valientes».

Aún recientes filmes tan distintos como 'Fe de etarras' (2017) o 'El hijo del acordeonista' (2019), cineastas como Isaki Lacuesta han mostrado su interés en hacer algo sobre el tema. Daniel Calparsoro afirma que «es un tema que me ronda la cabeza y al que seguramente volveré». También Ana Murugarren tiene intenciones al respecto, «aunque lo que me hubiera gustado es dirigir 'Patria'. La novela me fascinó». Como apunta Montxo Armendariz, que prepara una película sobre un superviviente de Auschwitz, y habla sobre «la repetición histórica de hechos y errores que cometemos una y otra vez», el problema es encontrar el punto de vista. «Creo que el posicionamiento está siempre en cualquier película, bien de forma consciente o inconsciente. Todas las historias se cuentan desde un punto de vista, desde una mirada, que condiciona lo que se ve y lo que se oculta. No existen las imágenes neutras, todas tienen un significado y sustentan o combaten unas determinadas ideas. Y en este sentido siempre hay, y debe haberlo, en mi opinión, un posicionamiento. Otra cosa es que en los años de la violencia y la presencia cotidiana de atentados de ETA, estos posicionamientos fueran más radicales y más conscientes, tanto en un sentido como en otro».

El Zinemaldia, hervidero depolémicas

Julio Medem todavía recuerda lo que sufrió cuando quiso hacer en 'La pelota vasca' (2003) «una polífonía de voces» en un momento en que el 'conflicto' estaba en su máxima tensión, y se encontró con un rifirrafe de acusaciones y adhesiones que se escenificaron en el estreno del filme en el Zinemaldia. Quizás fue el punto álgido de las polémicas que casi siempre han generado en el Festival de San Sebastián las películas que han tocado el tema. Desde 'Días de humo' (1989) de Antxon Eceiza, acusada de aber-tzale, a 'Tiro en la cabeza' (2008) de Jaime Rosales, incomprendida por su distanciamiento, o 'La casa de mi padre (2008) de Gorka Merchán, otro intento de reunir todos los posicionamientos. Incluso algunos filmes se han visto envueltos en la polémica por no haber sido seleccionados por el Zinemaldia, como 'Ventanas al interior' (2012) de Josu Martínez, sobre cinco presos de ETA.