ventanas para pasar de pantalla

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDO

Comienza el año con movimientos en el enrevesado asunto que implica a Netflix, el festival de Cannes (entre otros) y las salas de cine. Ya nos adelantó Thierry Frèmaux, el director de Cannes, en la amplia entrevista que le hicimos en estas páginas el mes pasado, que tenían que venir cambios y movimientos de piezas por todas las partes implicadas. De momento ya hay un titular publicado el pasado jueves en medios cinéfilos internacionales: «Francia reduce las ventanas de la explotación cinematográfica». Lo que viene a significar que se reducen los tiempos obligatorios de separación entre el estreno en cines de las películas y su paso a DVD y a plataformas digitales. Porque este es el origen del conflicto sobre todo en Cannes: esa ventana que también existe en España (de 112 días) era de cuatro meses en Francia y ahora será de tres para las ediciones en formato doméstico. Sin embargo para que las películas estrenadas en cine puedan pasar a plataformas de vídeo en demanda por suscripción, el plazo establecido en Francia es desmesurado, 36 meses. Ahora bajará a 17 meses, pero no está nada claro que eso contribuya a solucionar el problema. Netflix renunció a poner 'Roma' en Cannes porque los cines franceses presionaron para que la plataforma respetara esa ventana que, aunque quede ahora reducida a la mitad, sigue siendo incompatible con la norma de la marca de ofrecer de forma más o menos inmediata las películas que estrena en los festivales.

Mientras tanto la Berlinale anuncia en su Sección Oficial con toda normalidad una película de Netflix, que no es otra que la nueva de Isabel Coixet, directora muy querida en el festival germano donde ha participado en numerosas ocasiones y secciones. 'Elisa y Marcela', rescate de una historia real, la de dos mujeres que se casaron en una aldea en 1901, llegará a Netflix pocos días después de su estreno mundial en Berlín, o sea que no pasará por los cines. Así que el festival de Berlín, como el de Venecia, adopta con normalidad esa nueva fórmula que a los cines, y no solo galos, sigue sin gustarles. Y a muchos cinéfilos, los acostumbrados a seguir toda la carrera de Isabel Coixet, por ejemplo, en pantalla grande, tampoco.

Curioso: cuando 'Roma' se vio en cine (en Venecia, en San Sebastián, o en su limitado estreno) todo eran opiniones maravillosas, entre críticos y redes sociales. Ahora que la pueden ver todos los suscriptores de Netflix en su pantalla de casa (sea más o menos grande), han proliferado los «es aburrida», «pues no me gusta» y «no he entrado». ¿Es la típica contraola de opinión que se produce cada vez que todo el mundo parece de acuerdo en la proclamación de una obra maestra o realmente no es lo mismo ver una película como 'Roma' en el cine que en la tele para 'entrar' de verdad en ella? Eterno debate.