Txema Muñoz: «El cine vasco vive una época dorada o al menos novedosa»

Txema Muñoz: «El cine vasco vive una época dorada o al menos novedosa»

El director de Kimuak presenta siete cortos vascos en Marsella

PEDRO CIDMarsella

Responsable desde casi su inicio de Kimuak -el programa dependiente de la Filmoteca vasca encargado de seleccionar los mejores cortometrajes de Euskal Herria-, Txema Muñoz está estos días en Marsella invitado por el Festival de Cine Español CineHorizontes para celebrar los 20 años del organismo que él representa. Este martes dio a conocer al público francés siete cortos -'Aprieta pero raramente ahoga', de David Pérez Sañudo, 'Beti besperako koplak', de Ageda Kopla Taldea, 'Democracia', de Borja Cobeaga', 'Cólera', de Artitz Moreno, 'Hileta', de Kepa Sojo', 'Renovable', de Jose Mari Goenaga, y 'Areka', obra colectiva- y este miércoles presenta el film ganador de 10 Goyas de Jon Garaño y Aitor Arregi 'Handia'.

-¿Qué le seduce de los cortometrajes? ¿Qué tienen los cortos que no tengan los largos? ¿Los dos mundos son realmente tan diferentes?

-Sí, hay que distinguir entre coro y largo aunque hoy en día las diferencias entre ambos a veces se diluyan. La principal es la económica. En un largo el presupusto es de una importancia fundamental, pero en el corto no. Aunque esto también cambia, la presión económica del director de cortos es menor. En el mundo del corto trabaja gente más joven y hay más libertad, que a veces se pierde al pasar a hacer largos por la presión del productor y de las necesdidades de dinero. En los cortos hay más camaradería y menos hipocresía que en el mundo del largo porque no hay dinero. Cuando entra el dinero las cosas cambian.

-¿Por qué, en general, no hay directores que se quedan siempre en el mundo del corto? ¿Por qué se ve el corto como un paso necesario para llegar al largo?

-Es un factor de realidad: hay que comer, vestirse, tener un techo... Los realizadores no pueden vivir del corto. Pero algunos tienen este formato en el ADN y cuando hacen un largo lo realizan como un corto. No hay muchos pero hay algunos. Medem, De la Iglesia o Urbizo empezaron con cortos y una vez que llegaron al largo no volvieron, pero Daniel Sánchez Arévalo, después de realizar varios largos, vuelve a veces al corto. Esto pasa porque se empieza a considerar el corto un formato tan digno como el largo. El Zinemaldia no tiene una sección de cortos pero los ponen en competición junto a largos en Zabaltegi.

-La tradición de cortos en el País Vasco es fuerte pero, ¿más o menos que en otras regiones del Estado?

-En el País Vasco vivimos una época dorada o al menos novedosa para los largos: producciones hechas aquí tienen éxito y una difusión no conocida hasta ahora. Y esto no ha quitado potencia al corto vasco. Nosotros recibimos entre 55 y 75 cortos profesionbales o semiprofesionales al año y, de ellos, una parte tienen una carrera más o menos brillante. Tenemos una estructura de cortos bastante potente que se suma al éxito de los largos.

-¿Cuál es la importancia de los festivales como CineHorizontes para la vida de los cortos?

-Los festivales son el gran escaparate y a Kimuak, como programa público, nos interesan ofrezcan o no premio económico. Es una forma de vender y hacer país, de mostrar la forma de mirar y de estar en el mundo del País Vasco, aunque en el fondo todos seamos bastante parecidos. Porque cada lugar tiene un paisaje propio, una cultura, una sociedad más o menos rural, mar o montaña...

-¿El cine vasco, en general, recibe el apoyo necesario de las instituciones?

-Todos queremos siempre más... Pero creo que comparado con otras Comunidades estamos bastante bien, no nos podemos quejar. Tenemos ayudas a la producción y al desarrollo de guiones que son verdaderas ayudas. Y ahora se está trabajando sobre unas ayudas a la distribución -que para los cortos ya existe a través de Kimuak desde hace 20 años- para documentales y largos de ficción de bajo presupuesto. Desde nuestro programa nos gustaría que finalmente se decida realizar este nuevo apoyo al cine vasco.

 

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