Un origen humano y sentimental

ANTXON ELÓSEGUI FUNDADOR DEL CERTAMEN Y PRIMER PRESIDENTE DEL CIT

Cuando me preguntan cómo surgió el CIT (Centro de Iniciativas Turísticas de Tolosa) y el Certamen Coral siempre me viene una palabra a la mente: sentimiento. Queríamos crear una asociación guiada por el componente humano y que, al mismo tiempo, tuviera la creatividad de impulsar actividades para el pueblo, con inquietud, personalidad, atracción y amplitud de miras. Se trataba de crear un centro independiente que creyera en sus posibilidades, humilde pero ambicioso al mismo tiempo, que tuviera acendrado sentido cultural, festivo, y que estuviera muy arraigado en la villa.

El CIT fue un proyecto en el que muy pocos creían en aquellos primeros años. El Gobierno Civil nos consideraba un centro nacionalista vasco, y los sectores abertzales nos veían como un ente ligado al Ministerio franquista de Información y Turismo. En medio estaba el Ayuntamiento de Tolosa, que vio con muchos celos nuestra puesta en marcha. Pero arrancamos con ilusión, ganas, fuerza.. y siempre guiados por esa creencia en el fomento de las relaciones personales, entre nosotros y también de cara al exterior.

El certamen coral fue una de nuestras primeras y más importantes apuestas. No teníamos medios ni dinero, pero sí mucha imaginación e ilusión. La primera edición tuvo que organizarse amparada en los entonces llamados 'Festivales de España', porque era la única manera de sacarlo adelante. Al principio sólo concursaban coros vasconavarros y de Iparralde. Luego fuimos ampliando y logramos la participación de corales extranjeras, que fueron así difundiendo nuestra cultura y nuestro idioma.

Al evocar aquellas primeros años no puedo dejar de citar con nostalgia y emoción a personas cuya labor fue indispensable. Me acuerdo, sobre todo, de José María Goñi y de José Miguel Ceberio; también de Michel Perales, Arreche, Penilla, Sagarna, Mancisidor, Juanito Jaúregui, Juan José Arsuaga, Rosario Ceberio, Ixiar Orbea, Izaskun Gárate, Juan Garmendia, MªJesús López... y tantos otros. Perdón por no citarlos a todos.

Lo cierto es que sacamos adelante el Certamen solventando muchos problemas. Toda nuestra estructura organizativa era amateur. La primera edición nos generó un déficit de 300.000 pesetas. La celebramos en agosto, pensando que lograríamos animar el plácido verano tolosarra. Pero fue un fracaso. Tuvimos que montar sorteos y vender cuadros para poder cuadrar el presupuesto. También recurrimos al patrocino de Castellblanch, una marca de cava. Luego ya nos fuimos consolidando. El Leidor de aquel entonces tenía 1.400 localidades y conseguíamos 700 abonos. Todo aquel esquema organizativo de los primeros años funcionó, y es el que con pequeñas modificaciones ha seguido vigente hasta hoy, incluyendo el emocionante 'agur jaunak' de la clausura o las comidas de todos los coralistas juntos para fomentar las relaciones humanas internacionales. Este mismo martes cené con Ainhoa Arteta tras su éxito de Bilbao y me habló con entusiasmo del Certamen: recordaba que participó tres veces con el coro Eresoinka dirigido por su padre, dos en infantiles y otra en voces blancas.

La verdad es que no nos arredramos ante las dificultades de los primeros años. Seguimos adelante porque creíamos en nuestro proyecto y nos movía esa ilusión a la que me refería antes. Ahora vemos, con orgullo, cincuenta años después, que aquel proyecto que impulsamos casi desde la utopía, se ha convertido en un referente mundial de la música coral, gracias a la gran labor que desarrolla el actual equipo organizador que preside Luismi Espinosa.

Pero sin el sentimiento ni las relaciones humanas que guiaron nuestra creación, hace medio siglo, no lo hubiéramos logrado, y el Certamen, seguramente, no habría existido.

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