Imanol Uribe : «Siempre estabas expuesto a la actualidad del momento del estreno»

Imanol Uribe, el cineasta que más ha tratado el tema./Ramón Gómez
Imanol Uribe, el cineasta que más ha tratado el tema. / Ramón Gómez

Desde 'El proceso de Burgos' en 1979 a 'Lejos del mar' en 2015, el cineasta bilbaíno ha tocado el terrorismo a lo largo de toda su carrera

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDO

El documental 'El proceso de Burgos' (1979) fue una de las primeras incursiones del cine en el tema de ETA y el comienzo de la trayectoria en el largometraje de Imanol Uribe (El Salvador, 1950), que continuó en ese ámbito con 'La fuga de Segovia' y 'La muerte de Mikel' en lo que fue una especia de trilogía. Volvió a incluir personajes que eran miembros de la banda terrorista en 'Días contados' (1994) y 'Lejos del mar' (2015).

-¿Cree que ahora es más fácil abordar en el cine los tiempos de violencia?

-En los años 80 o 90 la situación variaba mucho. Una película tiene un largo recorrido, desde que se te ocurre la idea hasta que la estrenas pueden pasar tres años. Y en ese periodo de tiempo en aquella época las circunstancias y las posiciones políticas podían variar radicalmente. Siempre estabas expuesto a la actualidad que te tocara en el momento del estreno. Por ejemplo, cuando se estrenó 'Días contados' en el Festival, no tuve grandes problemas. Pero un año después se estrenó en Canal+, y casualmente el día anterior habían matado a Enrique Múgica. Y un columnista de El País casi me acusaba de haber apretado el gatillo, porque en la película había un terrorista de ETA que preparaba un atentado. Esas cosas son imprevisibles, tú haces un trabajo y luego las circunstancias llevan a que se utilice con otra intención. Es un problema que había entonces, y aún hoy, porque el tema del terrorismo y de ETA es un arma arrojadiza que utilizan los políticos para crear tensión. Es un tema que tiene su riesgo, y que en aquel momento lo tenía más, manejas una cosa complicada de consecuencias imprevisibles.

-Cuando hizo 'El proceso de Burgos' (1979) y 'La fuga de Segovia' (1981), y también con el paso de los años, ¿le acusaron de haberse dejado fascinar por la lucha armada de los comienzos de ETA?

-Sí, es curioso que cuando hice 'El proceso de Burgos' me decían que era de HB, con 'La fuga de Segovia' era de Euskadiko Ezkerra y con 'La muerte de Mikel' ya me decían que era del PSOE. Hice ese recorrido en cinco años, según lo que leía en la prensa y lo que decían de mí, cuando en ningún momento milité en ningún partido político. Para mí el cine en aquel momento era una vía de conocimiento, y viví la Transición como se vivía en ese momento. El inicio de ETA que estaba vinculado a la lucha antifranquista producía una fascinación en ese sentido, pero luego el recorrido fue otro, el que hemos vivido muchísima gente.

- En aquel momento ETA apenas había aparecido aún en el cine, aparte de menciones al atentado a Carrero Blanco. ¿Hizo esas películas con más valentía o inconsciencia, en cuanto a la repercusión o la polémica que podían generar?

-Igual sí había bastante de inconsciencia... No, era simplemente la libertad que tienes a esas edades, de hacer lo que crees que tienes que hacer, y te da un poco igual lo que digan. Se trataba de reflejar lo que iba descubriendo en la vida, ese era el impulso.

-¿En 'La muerte de Mikel' quiso hacer un reflejo más amplio de la sociedad vasca, señalando intolerancias que iban más allá de lo político?

-Hay un sustrato común a la mayoría de mis películas, que es hablar de la intolerancia. Y en 'La muerte de Mikel' ya está ese tema, ampliado a aspectos más allá de la política, que es con lo que yo había empezado. La marginación de la homosexualidad estaba muy presente en la sociedad vasca de ese momento, y quise reflejarlo, en general y no solo en la izquierda abertzale, como se interpretó en algunos casos.

- En aquellos primeros años 80 fue uno de los cineastas que trataban de dar una identidad al cine vasco. ¿Era casi 'obligatorio' tratar el tema de la violencia o del conflicto político para ello?

- No específicamente. Cuando hice 'El proceso de Burgos' estaba en Madrid, luego sí me fui a vivir unos años a San Sebastián, de 1980 y 1986. Fui tirando del hilo de temáticas que me pudieran interesar, y el tema de la violencia era primordial en aquel momento, y me interesó tratarlo. Pero hubo un momento después de 'La muerte de Mikel' que me sentí absolutamente sobrepasado por el tema. Quería hacer también otro tipo de historias y además coincidió que me ofrecieron otros trabajos y me tuve que ir de allí.

- Una década después, ¿qué le impulsó a incluir en 'Días contados' (1996) un personaje principal que era un miembro de ETA, en una historia que también era de amor?

- Debe haber algo en mi subconsciente que me empuja por ahí, porque en la novela de Juan Madrid en que está basada la película no existe ningún personaje de ETA. En esa época estaba fascinado por la 'Carmen' de Merimeé y de Bizet, y me pareció que el personaje femenino de Juan Madrid había una especie de Carmen yonqui, muy actual de ese momento, muy de Malasaña de finales de siglo. Le estuve dando muchas vueltas a cómo podía ser el Don José correspondiente y una noche de pronto me desperté y me dije: «Ya lo tengo, tiene que ser un militante de ETA». Así que la cosa vino por querer hacer una 'Carmen' actual con un perfil de personajes muy extremos, una yonqui de Malasaña y un etarra al límite. De ahí vino la mezcla, más que por temas políticos, aunque luego siempre hay algo de eso, claro.

- ¿En esos años 90 ya sentía la presión de que le colocaran en un lugar o en otro o le acusaran de no denunciar suficientemente el terrorismo?

- Eso siempre ha pasado, sobre todo cuando vas un poco por libre como yo he ido. Cuando viví en Donostia me llamaba mucho la atención la necesidad que tenía todo el mundo de clasificarte en algún lado, tenían que ponerte en algún bando, saber de qué facción o de qué familia eras. Yo era un poco un francotirador, en ese sentido. Pero por lo demás nunca me he sentido presionado por nada, ni para que hiciera una película sobre el tema.

- Su tendencia ha sido a crear personajes que tenían relación con la violencia, más que a hacer una visión global del 'conflicto' o una lectura social que reflejara todas las posturas.

- Me han interesado los personajes en sí, aunque haya un referente político obvio. Siempre he dicho que no soy un cineasta político, y que el cine político me interesa relativamente. Lo que me motiva son los personajes contradictorios y al límite, por la experiencia vital que he tenido o por lo que sea, siempre he buceado en personajes que me han atraído. Y también en 'Lejos del mar', que es casi la más vinculada con el tema de ETA, aunque se centra en un personaje que tenía previsto estar en la cárcel mucho tiempo aún pero le ponen en la calle con la doctrina Parot.

- Y que tiene una relación de amor-odio con la hija de un militar al que mató... Era una historia arriesgada, ¿no?

- Todas las historias son arriesgadas, hagas lo que hagas. Cuando hice 'El proceso de Burgos' era 1979 la sombra del franquismo era aún muy alargada, pero nunca he tenido mayores problemas cuando he tratado este tema. Luego cada uno opina lo que quiere, sin más. Ahora es casi más arriesgado, con las redes sociales, la gente se mosquea con mil historias continuamente.

- ¿Volverá a tocar el tema?

- No es mi intención, pero eso dije también antes de las otras películas. Estoy preparando una película, espero que esté preparada a finales de año y empecemos a rodar en enero de 2020. Está ambientada en El Salvador en 1989 y es la historia de la única persona que fue testigo de la matanza de los jesuitas en El Salvador, y lo que le pasó. Es una historia muy increíble.

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