David Trueba: «La gente habla hoy con menos libertad»

De la observación de su entorno surgen muchas cosas de la obra de David Trueba en todas sus facetas./JORGE FUEMBUENA
De la observación de su entorno surgen muchas cosas de la obra de David Trueba en todas sus facetas. / JORGE FUEMBUENA
David Trueba, cineasta y escritor

Retoma a los personajes principales de su primera película como director, 'La buena vida', para ver cómo les ha ido la vida en 'Casi 40'

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDOSAN SEBASTIÁN.

Aún continúa su andadura su novela 'Tierra de campos' (2017), que tiene algo que ver con el territorio de su nueva película 'Casi 40', actualmente en cartelera en el Trueba, y que a su vez es un regreso a los dos personajes principales de su primera película como director, 'La buena vida'. Las múltiples ramas creativas de David Trueba (Madrid, 1969) cada vez están más entrelazadas. También se cruza su pasión por la música. En 'Casi 40' Lucía Jiménez es una cantante y compositora que tuvo éxito en el pasado pero fue abandonando la música por diversas razones. Hasta que el chico que fue su primer amor, interpretado por Fernando Ramallo, le propone hacer una gira por librerías y bares, para cantar y contarse sus cosas.

- Suele decir que 'Casi 40' parte de la idea del viaje que alimentaba su novela 'Tierra de campos', pero me recuerda sobre todo a su documental del año pasado 'Salir de casa', por la estructura itinerante y de conciertos en sitios pequeños.

- El proceso de escribir 'Tierra de campos' fue largo, dieciocho años, y entre medias había muchos elementos que yo uso como documentación, voy explorando el territorio del que hablo y a veces aprovecho para hacer trabajos que también alimentan la información que necesitas para el libro. Y de ahí viene el hacer el programa 'Un lugar llamado mundo', el documental 'Salir de casa' y creo que de esa veta sale también 'Casi 40'. De manera independiente, pero de un tronco común que es la novela.

«Siempre es bueno preguntarte cuánto hay de coartada para no haber hecho lo deseado»

- ¿Esta película es para un cineasta el equivalente a una gira acústica para un músico?

- Pues es verdad, tiene algo como de disco de piano solo. En pintura hay una expresión que me gusta todavía más, 'capriccio', se llamaba así a los cuadros que estaban fuera de los grandes temas, de la parte monumental de la pintura. El pintor hacía un cuadro discreto con un tema menor, pero con los años suelen ser cuadros muy apreciados, porque tienen un algo de autenticidad y desnudez muy atractivo.

- Ni siquiera se puede decir que 'Casi 40' sea una secuela o una continuación de 'La buena vida', aunque retome a los mismos protagonistas.

- No he pensado en el concepto de secuela más que por la presencia de los dos actores, Fernando Ramallo y Lucía Jiménez. No miro mucho mis películas del pasado y no creo mucho en el concepto de secuela, salvo cuando se trata de una especie de nuevas aventuras de personajes que se comportan siempre de la misma manera. Lo mío sería más bien hablar de distintos momentos de la vida y para eso uso personajes anteriores. Cuando uno ve 'Los 400 golpes' y luego 'Besos robados' de Truffaut, o 'Saraband' de Bergman después de 'Secretos de un matrimonio', no tiene la sensación de secuela, y sin embargo el personaje continúa. O cuando uno lee las novelas sobre Zuckerman de Philip Roth. Es más importante el apego al personaje que pueda tener el creador o el espectador que el concepto de continuación.

- ¿Le preocupa el componente nostálgico que pueda tener el recurrir a personajes anteriores, es de los que se molesta si le tildan de nostálgico?

- No me molesta para nada, pero a mí la nostalgia me evoca más bien la actitud de que cualquier pasado fue mejor. Y en eso no participo, no es mi modo de pensar. Puede que el personaje de Fernando Ramallo tenga algo de eso, pero en la relación que establecen los personajes con el pasado hay una cierta cuchillada o bofetada. En el fondo la película viene a permitirles quitarse un lastre que llevan desde tiempo atrás, que es el del malentendido, el no haber compartido un recuerdo, cada uno con una visión distinta. No es nada nostálgico, el pasado está tratado más bien con cierta dureza.

«'Casi 40' no es una secuela, permite a los personajes quitarse el lastre del malentendido»

- También está la idea de lo que no se ha logrado hacer, por no haberlo conseguido o porque las circunstancias les han llevado por otro camino...

- Exacto, los dos son representaciones de una cierta renuncia o frustración. En el personaje de Lucía, llevado con mayor pragmatismo, con un sentido práctico de la vida, y el otro, llevado a la frustración, a la sensación de mirarte al espejo y no reconocer el proyecto de vida que tenías, que es en lo que consiste ese paso de edad que se hace a los 40. El recuento a la mitad de la vida de lo hecho y de lo que queda por hacer, y que suele ser una introspección para analizar si estoy viviendo como quiero o si he traicionado mis ideales. No siempre se obtiene una respuesta, pero seguramente se consigue un giro en la actitud, al menos para entenderlo no como una derrota, sino como un nuevo proyecto.

- Usted ahora tiene casi 50...

- Estoy en otra etapa, ya pasé por esas cuestiones, pero creo que siempre es bueno preguntarte y ser un poco exigente con uno mismo, pensar cuánto hay de verdad en lo que te impide hacer aquello que quieres, o cuánto hay de coartada para no hacerlo. Suelo ser una persona poco acomodaticia, estoy siempre en una cierta pelea conmigo mismo, no agresiva ni destructiva pero sí creativa, al menos para replantearme las cosas, arriesgar, buscar otra manera de hacerlas. No soy demasiado contemplativo.

- A veces parece que sus opiniones o sus observaciones se cuelan en el pensamiento de los personajes, con comentarios como lo de los gimnasios, los váteres o los hoteles.

- Pues creo que es fruto de una exposición pública bastante elevada que tenemos los creadores, se sabe más de nosotros que nunca en la Historia. En las películas que más me gustan, que pueden ser las de Jean Renoir o Ernst Lubitsch, entiendo que están ellos, que se filtra su carácter a través de los personajes. En realidad tú construyes el personaje, le dotas de las características que crees que debe tener y en ocasiones habla por ti y en otras ocasiones no, pero la gente tiende a hacer esa identificación. Tampoco puedes pelearte con ello. También he incluido cosas que escucho por ahí, que dice esa generación que está en los 37 o 38 años.

- Los músicos que han tenido que pasar a un segundo o tercer plano es otra de las ideas que subyacen. ¿Hay cierta resignación en el sentido de que ya no se puede cambiar el mundo con una canción, un libro o un artículo?

- No sé si es resignación, el que piense que se puede cambiar el mundo con una canción o es un inconsciente o un loco, le deseo la mejor de las suertes. Más bien, a medida que uno avanza en la vida se da cuenta de que más importante que la trascendencia es la profesión, el expresarte. La trascendencia, en el caso de que el azar la lleve por ahí, la alcanzará alguna de las cosas que haces, pero la cuestión es hacerlas y no estar demasiado pendiente de la valoración o del efecto que tienen.

«No es nostalgia, porque no comparto la idea de que cualquier pasado fue mejor»

- Acostumbrado a expresarse a través de artículos, películas y libros, ¿le asustan los vociferios y linchamientos de las redes sociales?

- Veo en el fondo un cierto territorio bordeando la censura, que también se ejerce con formas muy sutiles. Tenemos la imagen de la censura como algo muy zafio que hacen en sus despachos unos señores con poder. Pero también hay una censura que ejerce la sociedad con sus costumbres, que en un momento dado podían ser religiosas o tradicionales, que se sentían como un peso terrible para muchas personas en su vida personal. Ahora, ante una mayor libertad en esos campos, se ha producido esta especie de exaltación de la comunidad. Pero dentro de la comunidad hay mucha gente que siente que hay una especie de guadaña sobre la cabeza de todo el mundo y en el fondo el resultado es que la gente habla con menos libertad, tiene más miedo a enfadar a un sector o a aquellos que no estén de acuerdo contigo. Ahí tenemos que hacer una especie de resistencia y convencer a la gente de que el mundo no consiste en la gente que está de acuerdo contigo, sino en expresar diversidad de opiniones y enfoques, y no tener miedo a la disensión. Y la disensión no es una batalla, sino una discusión que puede ser creativa y constructiva. Por ahí, desde la educación, que a veces es lo que se pierde, hay mucho territorio por explorar. Pero la gente se sumerge en guetos del gusto donde solo se quiere relacionar con gente que piensa igual que él, y solo quieren leer en el periódico la información o la opinión acorde a la suya.

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