CIEN AÑOS Y UN FUTURO

ANDRES URRUTIAPRESIDENTE DE EUSKALTZAINDIA

El día 7 de octubre de 2019 se cumplen cien años de la primera sesión plenaria de la Real Academia de la Lengua Vasca, un centenario que sirve no tanto para retrotraernos al pasado de nuestra máxima institución académica en materia de euskera, sino para reflexionar sobre su futuro y su papel en nuestra sociedad.

Euskaltzaindia es hoy, cien años después de su creación, la institución consultiva oficial en materia de euskera en la Comunidad Autónoma Vasca y en Navarra y tiene sólidos lazos de colaboración con la Mancomunidad del País Vascofrancés, con el Gobierno de España y las restantes instituciones públicas y privadas de los territorios de lengua vasca. Es, además, una garantía de trabajo colectivo por su composición plural, con académicos procedentes de todos los territorios y los dialectos del euskera, académicos que realizan una importante labor de voluntariado social con su trabajo en pro del euskera y la cultura vasca.

Pero, sobre todo, es una institución que desde su fundación tiene encomendadas la formulación del estándar lingüístico de la lengua vasca y la promoción social de su uso. Lo ha hecho durante estos cien años; lo hace hoy en día y lo continuará haciendo con un espíritu y una realidad de servicio al euskera y a la cultura vasca que casan con la excelencia y la oportunidad de sus realizaciones.

Como toda obra humana, la tarea de la Academia también tiene sus claroscuros, pero es fundamental su papel como foro, como parlamento del euskara en donde se reúnen diferentes sensibilidades que aportan con su trabajo colectivo el aliciente de su enriquecimiento intrínseco.

Es una institución comprometida con el futuro, que se esfuerza en adaptar su labor no solo a las exigencias de la actuación normativa de una academia, sino a las de la socialización y de la transferencia de conocimiento, que hoy se realiza en gran medida por Euskaltzaindia a través del entorno digital, en un proceso que se acrecentará en los próximos años.

Ese es el leitmotiv del centenario de Euskaltzaindia. No lo es el centrarse en una mirada retrospectiva, sino el establecer las bases de la actuación de la Academia en los años venideros. Esas bases, esos ejes de futuro pasan por la digitalización, la internacionalización, la profesionalización y la socialización, unidas todas ellas por la vocación de servicio. Así lo hemos hecho estos últimos años y lo hemos intensificado en este centenario, a través de iniciativas académicas, institucionales, artísticas y culturales. Hemos completado un centenario de futuro.

Euskaltzaindia comenzó su andadura con dos secciones, la de Investigación (Iker) y la Tutelar (Jagon). Una y otra han prestado y prestan servicios importantes a la sociedad. Hoy es importante recordar la larga lista de nombres que en ambas secciones, encabezados por Resurrección María de Azkue, nuestro primer Presidente, han contribuido a hacer Euskaltzaindia estos últimos cien años. A todos ellos y todas ellas el reconocimiento y la gratitud como institución. Y también una gratitud especial a quienes, desde la sociedad civil, las instituciones públicas y el mundo del euskera, han estado al lado de Euskaltzaindia en todo momento, por encima de coyunturas pasajeras, más o menos favorables para su labor. Hemos sentido su impulso y su aliento durante la celebración del centenario, y lo agradecemos sinceramente.

Ekin eta jarrai (hacer y continuar) es la divisa de nuestros fundadores. Hagamos y continuemos haciendo, ese es el mensaje que hoy tienen que renovar las nuevas generaciones que se van acercando a la Academia, como quedó patente en el Congreso de Arantzazu del año pasado, conmemorativo del medio siglo del euskera estándar, congreso en el que Euskaltzaindia formuló su declaración sobre el euskera batua, firmada por los representantes de las principales instituciones públicas y privadas de esta sociedad, y en las que se incluían estas palabras:

«Debemos dejar ese legado en manos de las generaciones futuras: facilitaremos los medios para que los euskaldunes que lo son, porque lo han aprendido en casa o con sus amigos, completen y enriquezcan su competencia lingüística y, a los que lo han aprendido fuera de ese ámbito, ofrecerles la posibilidad de atraerlos al mundo del euskera. Corresponde a dichas nuevas generaciones completar y mejorar lo que les hemos dado y transmitirlo a las generaciones futuras. Ese es el camino que deseamos para el euskera con el objetivo de garantizar su futuro. Sin lugar a dudas, todos y todas y, en primer lugar, Euskaltzaindia, debemos de ser partícipes en dicho cometido».