«Yo fui un 'cacereño' de lujo»

A. M.

- Este próximo año se cumplen cincuenta años de su debut como escritor con 'Cacereño'.

- Sí, se va a reeditar en una edición crítica y con los textos censurados. Han investigado e incluso han descubierto el nombre del censor, una cosa increíble.

- Pues ha envejecido bien porque medio siglo después, seguimos hablando de gente que emigra en busca de un futuro...

- Me hace mucha ilusión que se reedite.

- ¿Qué queda de aquel Guerra Garrido?

- Creo que las ilusiones y los valores que tenía en aquella época. Y luchas por no perder una mínima capacidad de asombro y de publicidad. Yo era un 'cacereño' de lujo, venía a trabajar al laboratorio, llevaba una bata blanca, no me ponía un mono para subir a un andamio, lo cual marca mucha diferencia, pero sí viví todo aquel proceso que, por otro lado, se repite en todos los países. Casi nadie lo ha citado y de hecho yo me enteré treinta años después de publicar 'Cacereño', pero en 1902 Vicente Blasco Ibáñez publicó 'El intruso', que es la misma trama, sólo que a comienzos de siglo y en Vizcaya. Pensé: «Vaya, Blasco Ibáñez me ha plagiado de mala manera...», aunque en su novela el clero indígena sale mucho peor parado que en la mía.

- Después de tantos años en San Sebastián, ¿aún se siente 'de fuera' o ya se ha convertido definitivamente en un donostiarra?

- Cómo no me voy a sentir donostiarra, si he hecho toda mi vida aquí... Pero depende. Aquel peligro del que hablaba en 'Cacereño' de que se formen dos comunidades sigue existiendo, pero con menos dificultades, con más puentes y más nexos de unión. Han pasado muchas cosas en el País Vasco y requieren tiempo y generosidad para sedimentarlo. Es como lo que tuvieron que apechugar en Alemania los Heinrich Böll y Günter Grass tras la guerra. No hay que disfrazarlo porque sería estúpido y se volvería a repetir de una forma u otra.

Entrevista

 

Fotos

Vídeos