«La botadura de la nao San Juan fue un espaldarazo social»
«Me impactó el silencio de la multitud en el momento de poner la nao en el agua, como si fuera algo religioso», confiesa Xabier Agote
Apenas unas horas después de la histórica botadura de la réplica de la nao San Juan, el presidente de Albaola e impulsor del proyecto, Xabier Agote, lee la multitudinaria asistencia de público al acto en clave de «espaldarazo social». Pasados los nervios de la intensa jornada que se vivió la víspera, Agote se congratulaba por el «entusiasmo con el que la gente asistió a la botadura» y en este sentido, confesaba que le «impactó el silencio de la multitud en el momento en el que pusimos la nao en el agua, como si fuera algo religioso y estuviéramos en una iglesia».
La nao San Juan se encuentra desde el anochecer del viernes atracada en las instalaciones del Astillero Zamakona de Pasaia, en donde permanecerá hasta que se concluya la construcción de los mástiles. Según la previsiones de la Factoría Marítima pasaitarra, en primavera será devuelta a las inmediaciones de Albaola, en donde se concluirá la instalación de mástiles y arboladura, y se abrirá de nuevo al público.
Agote explicaba que una vez en la agua, las maderas del barco se hinchan lentamente. En el caso de la San Juan, destacó que «entró mucha menos agua de lo que teníamos previsto, lo cual demuestra que está muy bien calafateada», una práctica consistente en insertar fibras vegetales entre un tablón y otro. «En ocasiones, estas fibras se dilatan incluso más que la propia madera». En el caso de la nao, se ha utilizado cáñamo.
«A los 50.000 kilos de lastre, se les añadirán otros 80.000 porque es necesario hundir la nao al menos un metro más»
En cuanto a la botadura en sí, el responsable de Albaola destaca el «magnífico trabajo» del ingeniero naval, Ander Lasa, quien tuvo que preparar la maniobra sobre unos raíles «que tenían que ser más cortos de lo que nos hubiera gustado». Asegura Agote que no temía que pasara lo mismo que sucedió en 1992 en Sevilla con la nao Victoria «porque la nuestra estaba muy bien lastrada» con 50.000 kilos de piedras repartidos por el interior de la nava, a los que habrá que añadir «al menos otros 80.000 porque flota algo más de lo deseable y es necesario que se hunda en el agua como poco un metro más, hasta la línea de flotación». Es una operación que se acometerá «sin prisa».
Agote concluía feliz su balance de una botadura «mágica. Si hubiéramos diseñado a nuestro gusto hasta el último detalle del evento y de una manera óptima, el resultado hubiera sido el que fue».