El banquete de las barricadas

Una novela entre realidad y ficción, con una recreación de personajes de alta calidad literaria y social |

SANTIAGO AIZARNA

A una historia del 68 y en París, se diría que poco le falta para situarse en la cima del interés novelístico per se. Si, además, cuenta con la gracia alada que aquí demuestra poseer como narradora Pauline Dreyfus, el éxito a contar desde los lectores tan generosamente gratificados hasta los escaparates de las librerías, está descontado.

Vaya por delante la semblanza iconográfica de la autora de este libro que, en términos y logros escriturales figura en la solapa de este libro y que viene a decir que Pauline Dreyfus (1969) es periodista y autora, igualmente, de 'Le pére et l'enfant se portent bien', que consta de ocho nouvelles sobre 'la experiencia de ser padres', y de 'Robert Badinter, l'épreuve de la justic'», que resulta ser una biografía del que fue presidente del Consejo Constitucional y Ministro de Justicia francés; que debutó en el campo de la novela con un curioso libro, 'Immortel, enfin', sobre Paul Morand; que, también, en 2013 se hizo con el Prix des Deux Magots, por unanimidad por primera vez en la historia de este Premio; que, con 'Son cosas que pasan', publicada en Anagrama, fue finalista de otros Premios como el Goncourt, el Giono, el Décembre y el Interallié, y que también fue receptora del Premio Fundación de la Memoria Albert Cohen, a lo que siguen una serie de opiniones de críticos literarios que la colocan en el más alto lugar de la práctica literaria.

Para realizar esta amena, sutil, irónica novela, lo primero que parece haber hecho esta ingeniosa y gran autora gala ha sido idear, de mano maestra, un magnífico escenario: el que ofrece un gran, lujoso y señorial Hotel, el Meurice, que ocupa el número 228 de la elegante rue de Rivoli, en cuya descripción y en su historia, de antes y de ahora (situados como nos sitúa en el famoso año 68, el de las barricadas), ocupa las primeras páginas de esta novela que pudiera ser colocada entre la ficción y la realidad, con miradas dirigidas al pasado y al presente, con una situación extrema por la que están pasando acontecimientos que si brotados en París y en ocasión tan crítica como todo el mundo sabe, no obstante, y yendo de lo universal a lo particular, puede entenderse perfectamente una visión panorámica de la Historia que se nos cuenta, que para ello, ni siquiera deja a trasmano la climatología, pues que nos informa que estamos en un día que si «hasta ayer no cesaba de mostrar tintes lívidos de otoño. Se anuncia un luminoso día de primavera. El sol prodiga de nuevo sus caricias. Ya era hora. No es extraño, tras un arranque de mes de mayo tan desapacible y lluvioso, haber oído decir tantas veces que el sol no estaba en ninguna parte, salvo en las mentes»; que también incluye ir presentando al personal hotelero más visible para cualquiera de los ocupantes de ese lugar tanto en sus trabajos cotidianos como los que internamente parece como que le pesan, por un ejemplo por los que le preocupan al primer maître y representante sindical del personal del hotel, en ese momento del comienzo de la novela, rodeado de clientes quejosos en ese 22 de mayo de 1968, cuando, como se puede leer en la contraportada: «París está paralizado por la huelga general. En las calles hay barricadas. El país está en estado de shock. Se respiran miedo, tensión y esperanza. En el señorial Hotel Meurice, sito en el 228 de la elegante rue de Rivoli, el personal no ha ido a la huelga, pero, tras reunirse, los trabajadores han decidido optar por la autogestión, dejando al director de lado. Sin embargo, en medio de ese incierto clima revolucionario, la vida sigue, y ese día en el Meurice está convocado el banquete del premio literario Roger- Nimier. ¿Se podrá entregar el galardón?».

Puntear y puentear como pez en aguas agitadas pero que, por eso mismo hay tanto que contar, es la labor, tan difícil como gozosa (se supone) que asume la autora, quien para llenar ese imponente escenario, no duda en mirar y medrar (narrativa e históricamente) hasta en el anecdotismo de que ese hotel fue el cuartel general donde fue a alojarse el general Dietrich von Choltitz durante la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial cuando sobrevolaba sobre la ciudad el pajarraco siniestro del '¿Arde París!' y fue este general nazi quien logro salvar la que hubiera sido apocalíptica ciudad en llamas si hubiera sido dinamitada como dicen que ordenó Hitler, y, en cuanto al presente al que se juega en esta novela, los personajes que se reúnen para la cita son muchos y de cierta pomposa presencia como, por ejemplo, uno de tan ceñido historial, como escritor y de más que sospechosas inclinaciones colaboracionistas como Paul Moran, así como el bigotudo Salvador Dalí junto a su musa Gala; el multimillonario J. Paul Getty; la mismísima mecenas del premio Florence Gould llamada Madame Racine porque va repartiendo billetes de cincuenta francos con la efigie del escritor acompañada de Jean Denoël que parece una estrella del cine mudo.

 

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