Los artistas de calle vascos reclaman mejores condiciones de trabajo

Miembros de la compañía musical Zo Zongó recorriendo las calles de Lasarte-Oria./DV
Miembros de la compañía musical Zo Zongó recorriendo las calles de Lasarte-Oria. / DV

El presidente de Artekale, Pedro Ormazabal, reivindica «dignificar» el arte de calle y reclama «ayudas específicas»

JAIONE ALONSOSAN SEBASTIÁN.

Dicen que existen porque es necesario, que la gente los encuentra por casualidad, a veces sin saberlo, que actúan para todos los ojos y orejas y que ocupan todo tipo de lugares: una calle, un descampado, un pueblo, una ciudad o un bosque. Son los «artistas de la calle», que en el País Vasco, en una fórmula un tanto «peculiar y única» se reunieron en 2004 bajo Artekale, la asociación de artes escénicas de calle. Entre los grupos asociados figuran compañías consagradas, como Kukai, Dantzaz, Oihulari Klown y Trapu Zaharra . Su presidente, Pedro Ormazabal, reivindica «dignificar con unos mínimos» este sector a la hora de actuar en un espacio público y reclama «subvenciones específicas» para no tener que competir con grandes compañías de sala.

«A nosotros nos gustaría que cuando se llega a un espacio público a actuar se tuviera unos mínimos en la medida de las posibilidades: un espacio donde cambiarse de ropa, un servicio, las necesidades técnicas pedidas en ficha, una persona que atienda a los artistas si tienen que ir a cambiarse, que cuide del material o tranquilice a los más pequeños cuando el espectáculo esté en marcha. Eso significa dignificar a la hora de actuar, además de que no te pongan una charanga o un tiovivo al lado cuando estás actuando», afirma Pedro Ormazabal.

Interlocución única

Ormazabal hace esta reinvidicación siendo consciente de que desde que se creó la asociación, en 2004, ha dado pasos de gigante. Entonces, dos compañías y dos festivales se unieron para fundar Artekale. Catorce años después son 58 socios: cuatro distribuidoras, diez festivales y 44 compañías de arte de calle. «En 2014 había apenas 20 compañías. En los últimos tres años, hemos aumentado un 40% el número de socios», repasa Ormazabal.

La asociación, que incluye disciplinas como la magia, el teatro de calle, la danza, el clown, el circo, la música y las marionetas, reclama «ayudas específicas». «El Gobierno Vasco ha englobado todas las ayudas bajo el mismo paraguas de las artes escénicas pero nuestra realidad y nuestro sector son diferentes. Nuestra pelea es conseguir ayudas específicas para las artes escénicas de calle. Porque es muy difícil o imposible que uno de nuestros socios tenga que competir con una compañía que factura tres millones de euros al año», explica Ormazabal, quien además aboga por conseguir «una línea de consolidación de subvenciones». «De esta manera, sabríamos con qué dinero contamos año tras año y no tendríamos que estar presentándonos todos los años a subvenciones concretas», explica.

Residencias

Aún así, el presidente de Artekale asegura que no les «cierran la puerta» y actualmente reciben subvenciones de las tres diputaciones vascas y de la SGAE. De vez en cuando, el máximo responsable de Artekale mira al otro lado de la frontera, y echa en falta la «filosofía de residencias» para los artistas de calle que hay en Francia. Asegura que durante el proceso de creación se necesitan «espacios diferentes». «En el país vecino se estilan las residencias, te dan un espacio para crear, te pagan las comidas y la estancia y, en algunos casos, te dan una pequeña ayuda a la producción. Tú, como contraprestación, realizas una actuación en ese espacio. Cada vez más compañías piden residencias en diferentes lugares», explica Ormazabal.

Artekale tiene un carácter «peculiar y único» porque, según Pedro Ormazabal, es la única asociación en España que aglutina tanto a creadores como a programadores y distribuidores. «Fuera no se consigue que festivales y compañías se fundan en una asociación única», afirma Ormazabal. Precisamente por esta singularidad, y por la difusión de las artes de calle, dentro y fuera del País Vasco, Artekale recibirá el próximo 22 de agosto el Premio Rosa María García Cano 2018. «Es un trabajo sordo el que hacemos pero nos llena de ilusión que reconozcan fuera nuestro trabajo porque nos dignifica», concluye Ormazabal.

Datos

Socios
4 distribuidoras, 10 festivales y 44 compañias de teatro.
Aumento
El número de socios se ha incrementado en un 40% en los últimos tres años.

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