Velázquez reencuentra a su viejo amigo de Roma

Retrato de Juan de Córdoba. /R. C.
Retrato de Juan de Córdoba. / R. C.

El misterioso hombre del retrato del pintor en los Museos Capitolinos es Juan de Córdoba, un agente del rey Felipe IV en la Ciudad Eterna

DARÍO MENORCorresponsal en Roma (Italia)

No estaba claro ni el autor, ni la fecha de realización ni quién era el personaje representado: un hombre posando de frente, con largos bigotes y vestido de negro, el mismo color de sus ojos y cabellos. Era un tipo todavía joven, sin canas, que ya había dejado atrás la mocedad y con una enigmática mirada. El 'Retrato de un hombre', también conocido como 'Retrato de hombre con bigotes' o 'Retrato de español con bigotes', expuesto en los Museos Capitolinos de Roma, siempre ha estado rodeado de misterio. Atribuido durante décadas a Diego Velázquez, los expertos confirmaron hace unos años su autoría, aunque persistían las dudas sobre quién era el varón del retrato y cuándo fue realizada la obra.

Tras diez años peinando el Archivo de Estado italiano y la Biblioteca Ambrosiana, la historiadora del arte Francesca Curti ha descubierto que se trata de Juan de Córdoba, un español agente de Felipe IV en Roma. «Fue el factótum de Velázquez cuando estuvo en Italia entre 1649 y 1651. Fue una especie de secretario personal que le organizó la vida, abriéndole las puertas de los salones del poder. Entre ambos surgió una relación de amistad, como prueba que fuera a él a quien el pintor pidió que cuidara de Antonio, el hijo natural que dejó en Roma, fruto de sus amoríos con una dama desconocida, cuando se enteró que lo estaba tratando mal la nodriza», explica Curti a este periódico.

Con la ayuda de su cicerone y las necesidades económicas cubiertas, pues el Rey le abrió una línea de crédito con la familia genovesa Vivaldi, sus banqueros de confianza, Velázquez trató en Roma de cumplir con las dos misiones encargadas por Felipe IV. La primera era visitar los palacios de las familias nobles para contemplar sus esculturas y encargar copias en bronce que luego enviaría a Madrid. «Era De Córdoba quien se encargaba de firmar todos los contratos», explica Curti, que ha estudiado los testamentos y documentos de varios miembros del 'partido español' de Roma, que en aquella época se disputaba la influencia en el centro de la cristiandad con los simpatizantes de Francia. El segundo objetivo del viaje era reclutar para la Corte española a un pintor con talento en la ejecución de frescos.

Velázquez pintó mucho en Italia. Además de obras muy conocidas, como el retrato del Papa Inocencio X, dejó otros cuadros. Uno de ellos, el retrato de Juan de Córdoba. «Éste se lo cedió a un gran amigo, Camillo Dal Corno, un canónigo que trabajaba al servicio del cardenal Pío di Savoia. Dal Corno a su vez se lo dejó a su muerte a este importante purpurado que fue tesorero pontificio. Todos formaban parte del 'partido español'», cuenta Curti. El retrato acabó en los Museos Capitolinos cuando, a mediados del siglo XVIII, un heredero del cardenal tuvo que venderle al Papa 116 cuadros -entre ellos, el de Velázquez- para la colección de lo que luego sería la pinacoteca de los Museos Capitolinos. El tiempo acabó borrando toda esta información.

La investigación de la estudiosa, publicada en la revista 'Burlington Magazine', certifica que la obra no es un autorretrato del maestro del Siglo de Oro, como algunos sostenían. «Está datada en 1650, cuando De Córdoba tenía unos 35 años, una edad que encaja con el hombre representado, mientras que el pintor tenía ya 50». El de De Córdoba no es el único hallazgo de Curti, pues también descubrió un error en la identificación de uno de los cuadros de Velázquez expuestos en el Museo del Prado.

Durante años se le llamó 'El barbero del Papa', pero ella desveló que era en realidad un retrato de Ferdinando Brandani, otro miembro del 'partido español'.