Venecia traduce al arte los dramas del mundo

Vista de la obra 'After Illusion' del artista saudí Zahran Al Ghamdi./EFE
Vista de la obra 'After Illusion' del artista saudí Zahran Al Ghamdi. / EFE

La Bienal abre sus puertas con obras inspiradas en las desigualdades, las identidades nacionales y la emigración

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

A un lado, una serie de fotografías del artista indio Sohan Gupta que tienen como protagonistas a personajes marginales de las calles de Calcuta, víctimas de la pobreza extrema y de los abusos sexuales. Al otro lado, instantáneas del estadounidense Anthony Hernández sobre el alienante interior de algunos edificios, símbolo de la tormentosa planificación urbana de muchas ciudades. En el centro, un devastador e insoportable video del suizo Christian Marclay sobre las consecuencias de la guerra. Y en la pared del fondo, unos cuantos autorretratos de la sudafricana Zanele Muholi en los que se pinta más negra de lo que es, hasta parecer casi uno de los personajes de 'Tintín en el Congo', en una llamativa reivindicación de su negritud.

La primera sala que ofrece la Bienal de Venecia en la zona del Arsenale dentro de la exposición 'May you live in interesting times' (Que vivas en tiempos interesantes), comisariada por el neoyorquino Ralph Rugoff, es un buen aperitivo de lo que se va a encontrar el visitante en esta edición del más importante festival de arte contemporáneo del mundo, que abrió este sábado sus puertas. «Muchas de las obras expuestas afrontan los temas contemporáneos más preocupantes, del cambio climático al renacimiento del nacionalismo, del impacto de las redes sociales a las desigualdades económicas. No obstante, debemos partir del presupuesto de que el arte es más que una mera documentación del período histórico en que se realiza», explica Rugoff, que ha logrado una paridad de género entre los artistas participantes.

Entre la multitud de propuestas apegadas de un modo u otro a la actualidad, destaca por tamaño y significado la que ha colocado el suizo Christoph Büchel en uno de los muelles del Arsenale. Se trata del pesquero libio que naufragó el 18 de abril de 2015 en el Canal de Sicilia cargado de inmigrantes que trataban de llegar a Europa dejando más de 800 muertos. Entre ellos había un adolescente de Malí que llevaba cosido a su ropa un boletín de notas para intentar acreditar su valía. Su cuerpo fue recuperado por el equipo de forenses liderado por Cristina Cattaneo después de que la nave fuera reflotada por el Gobierno italiano. Conmueve contemplar el casco con los flancos reventados de este símbolo del drama migratorio cuya presencia en la Bienal de Venecia ha levantado ampollas en Italia. La Liga la considera una obra de mal gusto de un artista que ya suscitó polémica en la edición de hace cuatro años, cuando recreó una mezquita en una iglesia desconsagrada. Acabó siendo cerrada por el Ayuntamiento porque se convirtió en un lugar de culto sin tener permiso para ello.

Identidades y fronteras

El presidente de la Bienal, Paolo Baratta, explica que el objetivo último de esta cita es ofrecer a los creadores, que se han volcado en el vídeo, la fotografía y la escultura olvidándose casi de la pintura, «un lugar de diálogo lo más libre posible y a los visitantes un encuentro intenso con el arte». Estos últimos no tienen problema en hacer largas colas para entrar en pabellones como los de Reino Unido y, sobre todo, Francia, que con la artista Laure Prouvost invita a reflexionar sobre las identidades y fronteras nacionales. Otra de las propuestas que congrega a mucho público es la de los chinos Sun Yuan y Peng Yu. Se trata de un blanco trono imperial de la Antigua Roma al que le han instado una larga manguera negra de la que, cada pocos minutos, sale aire a alta presión haciendo que el tubo se contonee a toda velocidad, como si fuera una serpiente con epilepsia. España está representada por los creadores vascos Itziar Okariz y Sergio Prego con una muestra titulada 'Perforado por...', en la que se combina el vídeo y la escultura.

En las salas de la Bienal no faltan las situaciones divertidas. Además de visitantes con los estilismos más originales, también es posible toparse con algún despistado que fotografía hasta las grietas de los muros del Arsenale. Son escenas que ya recogió el gran Alberto Sordi en 'Vicios de verano', la película de 1978 en la que dos humildes fruteros romanos visitan la Bienal. A la esposa, que se sienta en una silla sin saber que se trata de una obra, acaban confundiéndola con parte de la creación artística.