El arte de destruir una obra de arte

Momento en el que la obra de Banksy se autodestruía en la subasta de Sotheby's./
Momento en el que la obra de Banksy se autodestruía en la subasta de Sotheby's.

Teresa Flaño
TERESA FLAÑO

La escena de la obra de Banksy 'Niña con globo' (2006) autodestruyéndose en el momento en que el mazo caía sobre el estrado tras adjudicarse por 800.000 libras –más la comisión que se lleva la casa de subastas Sotheby's la sitúa en un precio superior al millón de libras- ha dado la vuelta al mundo.

Muchas son las incógnitas que rodean la acción sobre un original que en realidad es una reproducción de un graffiti callejero del mismo nombre creada por el artista de Bristol en 2002. El propio Bansky colgó un vídeo en Instagram, que también acabó 'autodestruyéndose', en la que explicaba que había instalados hace años un mecanismo de cuchillas tras el marco «por si alguna vez mi obra salía a subasta». Pero cabe preguntarse cómo los responsables de Sotheby's no habían reparado en el aparato cuando examinaron el cuadro antes de exponerlo a la puja; quién manipuló a distancia el mecanismo para que comenzará a funcionar nada más ser adjudicada la obra; cómo aguantó tanto tiempo la batería del mecanismo desde que Bansky se desprendió de él; por qué se subastó en último lugar, siendo conscientes de que si hubiera sucedido antes la autodestrucción la subasta del resto de obras seguro que se hubiera suspendido; por qué solo se 'estropeó' la mitad de la obra…

Una cosa está clara, la operación le ha salido redonda al comprador –hay quien dice que es el propio Banksy-, porque ya ha recibido ofertas que duplican el precio lo que podría reafirmar la postura del artista ante el mercado convencional del arte.

Que un autor decida destruir su obra no es algo que haya inventado el artista anónimo con este troleo, pero generalmente ha sido por autoexigencia, inseguridad o desencuentro con el trabajo. En muchos casos el hecho no ha trascendido, se ha quedado en la intimidad del estudio, aunque hay algunos muy conocidos. Un de los más famosos es el de Miguel Ángel. Sus impresionantes obras como las de la Capilla Sixtina, 'La Piedad' o el 'David' requirieron años de bocetos y trabajos preparatorios que el artista romano decidió destruir porque consideraba que lo único importante era la obra terminada. Hay que preguntarse qué precio tendrían ahora esos documentos preparatorios.

Un hombre observa la obra 'Nenúfares' de Claude Monet.
Un hombre observa la obra 'Nenúfares' de Claude Monet. / EFE

El impresionista Claude Monet también tomó la drástica decisión de hacer desaparecer algunas de sus pinturas. El francés padecía cataratas, pero seguía pintando lo que sus ojos percibían. Cuando fue operado en 1923, lo que vio no le gustó nada y decidió destruir cerca de 30 pinturas de su famosa serie 'Los Nenúfares' porque los colores eran muy oscuros.

En sus inicios como pintor, Gerhard Richter, que luego triunfaría con su expresionismo abstracto, tomaba como base fotografías periodísticas y retratos familiares. Tras el impacto que le supuso la Segunda Guerra Mundial, el artista alemán decidió destruir las pinturas basadas en fotografías que hacían referencia al trágico evento y consideraba que con ello realizaba un acto de liberación.

Más drástico fue el caso de John Baldessari, especializado en pinturas acompañados de textos y fotografías. Decidió reunir sus obras sin vender y llevarlas a un crematorio y así iniciar 'The Cremation Project'. Usó las cenizas para hacer galletas y después meterlas en una urna, para de este modo dar una lección sobre el ciclo de la vida. Su compañera Susan Hiller colocó cenizas en tubos de ensayo para firmarlas como nuevas obras individuales, que forman parte de la serie 'Reliquias'.

Georgia O'keeffe, una de las impulsoras del modernismo americano famosa por sus serie de pinturas de flores, también destruyó varias obras porque consideraba que no alcanzaban el nivel de otras y podrían perjudicar su reputación.

El británico Michael Landy creó una obra de arte en 2001 con el propósito de lanzar una reacción a la sociedad consumista. Consistía en reunir todas sus pertenencias –pasaporte, automóvil, muebles, comida, ropa y sus propias obras de arte- en un gran contenedor y destruirlas una a una ante el público.

Otros escritores que han hecho lo mismo como Mario Vargas Llosa que quemó un cajón lleno de poemas y una acción similar acometió Francisco Ayala –también con sus pinturas porque el escritor en un momento pensó que podía ser pintor-. Cuando le comentaron que era raro que un escritor destruyera s obra, respondió que «sería bueno que muchos lo hicieran».

En otros casos pidieron a sus herederos o a otras personas que destruyeran los originales sin publicar, aunque sus deseos no fueron escuchados. Ese es el caso de Virgilio y 'La Eneida'; Franz Kafka, que pidió a un amigo que quemara todas sus obras; o Vladimir Nabokov que ordenó a su hijo Dimitri que destruyera el manuscrito de 'The Original Of Laura' porque no consideraba que estaba a la altura de sus otros escritos, no le hizo caso y se publicó en 2009 con no muy buena recepción por parte del público y la crítica. Nabokov tenía razón.

 

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