El arte africano y la vanguardia occidental se ven las caras en Kubo

El arte africano y la vanguardia occidental se ven las caras en Kubo

La muestra explora las afinidades entre dos conceptos artísticos surgidos en realidades totalmente diferentes

BORJA OLAIZOLASAN SEBASTIÁN

El matrimonio formado por Margarita Sánchez y Sebastián Ubiría empezó a coleccionar arte en la década de los ochenta. En aquel entonces ella era una periodista inquieta que sentía una irresistible atracción por el arte africano, máscaras, fetiches y terracotas que remitían a un primitivismo conectado con las fuerzas del origen de la vida. Él, de origen donostiarra, era un economista con una brillante carrera por delante al que le atraía más el arte contemporáneo occidental. La conjunción de las dos personalidades alumbró una de las más originales y valiosas colecciones que pueden encontrarse en el panorama artístico español.

Algunas de las piezas más representativas del fondo recopilado por el matrimonio, compuesto por más de 500 obras, se pueden ver en la sala Kubo-Kutxa de San Sebastián. La exposición, denominada 'La idea en un signo', reúne 170 obras de la colección Sánchez-Ubiría, 93 de arte tradicional africano y 77 con la firma de algunos de los representantes de la vanguardia occidental. El título de la muestra está tomado de una cita del antropólogo Claude Lévi-Strauss, que en su libro 'El pensamiento salvaje' reflexiona sobre las afinidades entre el arte tradicional africano y el occidental.

La exposición que se inaugurará este sábado en Donostia es una variante de la que se pudo ver el año pasado en el Centro de Arte de Alcobendas. Ane Abalde, directora de la sala Kubo-Kutxa, recordó en la presentación de la muestra que se han incorporado algunas piezas de artistas guipuzcoanos como Cristina Iglesias, Iñaki Gracenea o Jose Antonio Amondarain. El comisario de 'La idea de un signo', Alejandro Castañeda, indicó que se había hecho un esfuerzo especial para «conjugar las relaciones entre el arte contemporáneo occidental y la producción africana tradicional».

Coincidencias formales

Castañeda habló de la fascinación que sintieron los primeros vanguardistas del siglo XX cuando descubrieron el arte tradicional africano. «Cuando esas vanguardias contemplan las máscaras y las estatuillas africanas que se exponen en las vitrinas de los museos etnográficos se produce el primer intento de poner en relación ambos conceptos artísticos en aspectos como las coincidencias formales y en el uso de materiales, la idea del fetiche, la presencia del rito, el artista como brujo o el pensamiento salvaje frente al científico». La exposición, añadió su comisario, «invita a descubrir la belleza y el interés de una selección de piezas de la colección Sánchez-Ubiría, y también a detenernos en desentrañar el diálogo entre las obras de arte antiguo africano y las de arte contemporáneo occidental».

Fue la propia Margarita Sánchez la que desveló en la presentación el origen de su interés por el arte africano. Contó que en su juventud heredó varias figuras coleccionadas por su hermano y que su fascinación creció a medida que en sus viajes adquiría nuevos conocimientos. «Aunque descubrí que la colección de figuras que había heredado cuando murió mi hermano eran en su mayoría falsas, un amigo pintor alimentó mi interés por el arte tradicional de África».

Piezas más baratas

La coleccionista recordó que hacía sus adquisiciones sobre todo en Bélgica y Francia para garantizar la autenticidad de las obras. «A menudo viajaba a Nueva York, donde las piezas africanas estaban mucho más baratas. Volvía de mis viajes con las maletas a rebosar pero pronto descubrí que casi todo lo que compraba allí era falso». Bélgica, añadió, monopolizó durante años el mercado del arte africano porque durante el largo periodo que tuvo bajo su control el antiguo Congo se incautó de todo lo que era susceptible de ser vendido en Europa, fuesen recursos naturales o figuras artísticas. «Leopoldo se lo llevó todo», resumió gráficamente la coleccionista en referencia al rey belga que controló con mano de hierro la colonia africana.

Margarita Sánchez dijo también que la exposición de la sala Kubo-Kutxa era una suerte de tributo sentimental para su marido, fallecido hace cuatro años. «A un donostiarra como él le hubiese encantado que una parte de su colección se exhibiese en su ciudad natal», señaló. La coleccionista habló además del papel que desempeñó su esposo en la génesis de su colección artística. «A él le gustaba mucho también el arte, pero siempre se inclinaba más por las obras contemporáneas. Lo del arte africano fue cosa mía. Empecé en 1984 y pronto me atrapó la fiebre del coleccionismo. Él era menos coleccionista que yo, pero a veces se contagiaba de mi pasión aunque casi siempre actuaba de forma más racional. Mientras yo era capaz de entramparme para conseguir la pieza que tenía al alcance de la mano, él hacía lo posible para introducir cierto sosiego. Como coleccionista, tenía una mirada más templada que la mía y ese contrapeso resultaba muy positivo».

Las piezas de arte africano realmente valiosas, señaló Margarita Sánchez, son las que han sido utilizadas en rituales religiosos o mágicos. Es por ello que para encontrar obras con garantías de autenticidad, añadió, hay que remontarse a las fechadas antes de la década de los treinta del siglo pasado. «A partir de aquellos años las cosas cambiaron mucho porque descubrieron que en Europa había interés por el arte africano y se empezaron a hacer máscaras y otras figuras con propósitos puramente comerciales».

Seis salas

La exposición está dispuesta de forma que las figuras africanas conviven con las obras contemporáneas. Por ejemplo, una antigua máscara africana de madera se intercala entre unos cuadros que llevan la firma de Antoni Tápies. La idea es que el espectador aprecie las coincidencias que existen entre piezas que han surgido en contextos tan diferentes. «Lo que tienen en común en este caso las obras de Tápies y la máscara son la textura y el color», precisó Margarita Sánchez.

Las 170 piezas que componen 'La idea en un signo' están distribuidas en seis salas. La exposición, que toma el relevo a la que repasó el llamado 'pop art', que congregó unos 42.000 visitantes, permanecerá en la sala Kubo-Kutxa hasta el 20 de enero.

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