El Peine del Viento, esa aventura colectiva

Eduardo Chillida y el ingeniero José María Elosegui, durante las obras de instalación de El Peine del Viento./
Eduardo Chillida y el ingeniero José María Elosegui, durante las obras de instalación de El Peine del Viento.

Una exposición en Rezola relata cómo se instaló una obra que acabó convertida en símbolo

MITXEL EZQUIAGASAN SEBASTIÁN.

El Peine del Viento es hoy un icono de Donostia y del arte de Eduardo Chillida. Pero la historia de la propia escultura y su proceso de colocación «fueron desafíos artísticos, técnicos y ciudadanos que nos enseñan la importancia del trabajo en equipo y cómo afrontar retos colectivos».

Eso sostiene María Elósegui Itxaso, comisaria de la exposición inaugurada ayer en Museum Cemento Rezola, en Añorga, y que hasta el 7 de octubre mostrará cómo fue la construcción de ese icono. Cartas y facturas originales, planos, fotografías y otros elementos conforman una exposición pequeña en dimensiones pero poderosa en la información que contiene y en los mensajes que quiere lanzar al espectador. Incluye también seis bocetos de estudio del Peine del Viento cedidos por la familia Chillida-Balzunce.

Transportar 9 toneladas

María Elosegui sabe bien de lo que habla: su padre, José María Elosegui, fue el ingeniero que dirigió «el complicadísimo proceso» destinado a hacer realidad el sueño de Chillida. María Elósegui, doctora en Filosofía del Derecho, ya contó todo este 'making of' en un libro y un documental que hoy puede verse en Youtube y que da protagonismo a los trabajadores que hace cuarenta años se emplearon a fondo en un empeño sin saber que tiempo después terminaría convertido en un símbolo de la ciudad.

Datos

'Construcción de un icono: el Peine del Viento'.

Fechas: Hasta el 7 de octubre en Museum Cemento Rezola, en Añorga.

Horarios: Martes, jueves y sábados, de 10.00 a 14.00.

Miércoles y viernes, de 10.00 a 14.00 y de 17.30 a 20.00

Lunes, domingos y festivos, cerrado

Precio: Entrada gratuita.

La exposición llega además en un cruce de aniversarios. Por un lado el ingeniero Elósegui cumple mañana sábado 90 años. Y por otro, el 3 de septiembre de 1977 hará cuarenta años de la colocación de la última pieza de este grupo escultórico.

Ayer, en la presentación a los medios de la exposición, María Elósegui lanzó la propuesta de que todos estos materiales puedan quedar incluidos en uan muestra permanente que informe a los donostiarras y a los numerosos visitantes del Peine de cómo se hizo posible la obra. «El ciudadano ve las esculturas y parece que se colocaron sin problemas, o que las rocas que las sustentan se instalaron para ello. Esas rocas llevan ahí desde siempre y anclar las esculturas en unos puntos tan lejanos supuso un desafío de ingeniería para el que mi padre tuvo que poner mucha matemática pero también intuición», remarca la comisaria de la exposición.

Llevar esas piezas de 9 toneladas hasta el final del paseo fue sin duda el mayor desafío. «Eduardo Chillida, fiel a su espíritu libre de artista, ideaba las piezas y planteaba colocarlas en el lugar más lejano y difícil posible», recordaba ayer con una sonrisa María Elósegui. «Luego decía: 'José Mari ya sabrá cómo llevarlas hasta ahí».

Y Elósegui tuvo que estrujar las ideas. Se barajó la posibilidad de llevar las piezas en helicópteros, pero era arriesgado. También se planteó la posibilidad de llevar las obras en unas grandes barcazas, pero tampoco era viable. Así que se instalaron unas vías de tren desde el paseo hasta las rocas y un carretón 'prestado' por Renfe transportó las tres piezas del Peine hasta su ubicación.

Una propuesta ciudadana

Son muchas las historias que se cuentan en la exposición. También el propio origen del proyecto. Como recordaba ayer María Elósegui, «fue un grupo de donostiarras el que en 1968 promovió un homenaje a Chillida, a la vista de su éxito internacional. Se habló de una exposición, pero el propio artista quiso que fuera una obra que quedara para siempre, no algo coyuntural. Así nació la idea del Peine en una ubicación privilegiada aunque en aquel tiempo era un lugar descuidado donde llegaban los desagües de la ciudad». Para la comisaria «es un ejemplo que podemos aprender hoy, cómo la labor de unos vecinos emprendedores puso en marcha un proyecto al que se sumó luego el Ayuntamiento y terminó siendo lo que es».

Chillida pensó primera en una única pieza, pero pronto vio clara que la escultura debía componerse de tres elementos. «Mi padre era ingeniero de la Diputación, donde dirigió numerosas obras, como la Variante y otras carreteras clave de Gipuzkoa, pero hizo ese trabajo de forma privada, y sin cobrar, por su amistad con Eduardo y por su cariño a la ciudad», cuenta María Elosegui. Las fotos de la muestra, donde se ve a Chillida y Elósegui al frente de la titánica tarea, tienen un punto de épica «y constituyen el otro legado que fue esa aventura, la colaboración entre tanta gente para sacar adelante un desafío colectivo», explica María Elósegui.

El arquitecto Luis Peña Ganchegui completaba ese trío de talentos que dirigió el proyecto. Y tal como recordaba ayer José María Echarri, presidente de honor de Cementos Rezola-HeidelbergCement Group, empresa propietaria del museo, «los tres creadores están íntimamente ligados a nuestro centro». Porque la primera exposición del museo, hace 17 años, fue dedicada a «Chillida y el hormigón», el edificio que acoge el espacio museístico fue diseñado por el arquitecto Luis Peña Ganchegui, a quien también se consagró una muestra, y ahora llega el turno de Elosegui.

Tanto Echarri como el director de Museum Cemento Rezola, Antonio Nolasco, incidieron en la presentación en que la exposición quiere ser un homenaje al Peine y a las personas que lo hicieron posible, con especial atención en este caso a José María Elósegui.

La empresa K6 se ha ocupado del diseño de la exposición en un museo que ha recibido la visita de 117.000 personas desde su inauguración en el año 2000 y que presta atención a las vinculaciones de la arquitectura o ingeniería con el arte. «Qué mejor que este espacio para explicar la construcción del Peine, un ejemplo de cómo con mentalidad abierta, y adelantados a su tiempo, un grupo de gentes inquietas aportaron a la ciudad una obra única», certificó María Elósegui. «Mi padre es ingeniero y urbanista, pero con una amplia dimensión humanista, y nunca buscó protagonismos. Yo, como hija, estoy encantado de poner en valor su tarea, enmarcada en ese gran trabajo de equipo del que se cumplen cuarenta años».

La exposición fue inaugurada por la tarde con asistencia del propio Elósegui y otras personas vinculadas a la obra.