Contra la tortura y el abuso de poder

La directora uruguaya Manane Rodríguez y Patxi Bisquert, que tiene un pequeño papel./
La directora uruguaya Manane Rodríguez y Patxi Bisquert, que tiene un pequeño papel.

Manane Rodríguez denuncia la violencia sufrida por mujeres durante la dictadura uruguaya

RICARDO ALDARONDOSAN SEBASTIÁN.

La sesión de inauguración del Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián tendrá lugar esta tarde a las 19.30 horas en el teatro Victoria Eugenia con la película egipcia 'Clash', que reúne en un furgón policial, en medio de las manifestaciones y detenciones, a personas de diversas ideologías y religiones en el fragor de las primaveras árabes.

Antes de la inauguración oficial ya habrá proyecciones, a las 16.30 horas, con el cortometraje 'Sheroes', sobre las mujeres en la India, y el largo 'Noces / A Wedding', que trata el problema de los matrimonios forzados, que se da también en Europa, como muestra este filme belga que indaga en las raíces de una familia paquistaní.

La sesión de noche a las 22.30 horas contará con la presencia de su directora, Manane Rodríguez, que puede dar buen testimonio de la historia que desvela su película, 'Migas de pan', porque aunque los hechos están ficcionados, pretenden contar lo más fielmente posible lo que vivieron hace 40 años, y también posteriormente, algunas de sus amigas.

Unidas en la cárcel

En 'Migas de pan' se cuenta entre el pasado y el presente una historia que sigue viva y sin que los culpables hayan sido prácticamente castigados. «He vivido siempre con esta historia, las protagonistas reales son amigas mías desde que éramos jóvenes y queríamos cambiar el mundo, y lo siguen siendo después de haber pasado por la cárcel».

La dictadura cívico-militar que comenzó con el golpe de Estado en Uruguay en 1973 y se mantuvo hasta 1985, no ha sido muy tratada en el cine, «mucho menos que otras dictaduras latinoamericanas», explicaba ayer el programador de cine del Festival de Cine y Derechos Humanos, Josemi Beltrán, quien citaba como ejemplo las películas 'Estado de sitio' (1973) de Costa-Gavras y 'Paisito' (2008) de Ana Díez.

Pero 'Migas de pan', que estuvo seleccionada en los festivales de Montreal y Gijón, supone «la primera vez que esta cuestión se abordaba de pleno y se presentaba ante una sociedad que tiene que seguir viviendo con ese problema», explica Manane Rodríguez. «A la gente le gusta reconocer su historia en la pantalla, y cuando se estrenó la película fue muy fuerte, la gente se abrazaba en el cine, y la recepción fue muy buena».

La necesidad de contar esta historia surge cuando un grupo de mujeres que coincidieron en la cárcel en los años 70, después de haber sido detenidas por intervenir en grupos de resistencia a la dictadura, denunciaron en 2012 con nombres y apellidos a los militares que las violaron y torturaron sistemáticamente. Sin embargo, «la causa está en un cajón, no ha ido adelante. Y a pesar de que hay, por ejemplo, un militar que ha declarado abiertamente que participó en las violaciones, no le han condenado. Muchas de las personas que sufrieron estos hechos están testificando lo que les pasó en causas que no van a ninguna parte. Y es muy doloroso para ellos tener que volver una y otra vez sobre los hechos, y con unos testimonios que tienen que ser necesariamente fríos para intentar que prosperen», relata la cineasta.

Cecilia Roth interpreta en la actualidad al personaje principal, que en su juventud está interpretado por Justina Bustos con un gran poder de convicción en ambos casos: «Sabía que son dos actrices extraordinarias, pero sobre todo me preocupaba encontrar la misma mirada que tenían mis amigas cuando yo las conocí, buscaba la verdad en ellas. Y Cecilia y Justina me lo dieron inmediatamente».

Heridas sin cerrar

La historia de una fotógrafa que vive en Galicia en la actualidad pero a partir de una visita a Uruguay se enfrenta con su pasado como joven detenida y torturada, y separada de su hijo, es el desencadenante de esas heridas aún no cerradas, y de la fuerte unión de compañerismo y amistad que se creó entre esas mujeres a pesar de las duras circunstancias. «Quería mostrar que no consiguieron quitarles la alegría de vivir».

En un reparto con más de 60 actores interviene en un breve papel Patxi Bisquert, que «se prestó enseguida a participar en la película», recuerda la directora. «Me sentí muy próximo al guion, aquí también hemos vivido una dictadura y yo mismo sufrí torturas dos veces. Las historias en Argentina, Uruguay, Irlanda o el País Vasco se repiten. Y en Uruguay no se penan, sino que se premian este tipo de actuaciones», afirma Patxi Bisquert.